LUNES, 12 DE JUNIO DE 2006
México, entre la estabilidad y el riesgo político

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“Ya veremos si el pueblo mexicano vota por la continuación de la estabilidad ó por el riesgo político que, una vez que contagia la economía, sólo significa crisis financiera.”


Basta con haber oído las propuestas populistas del candidato López Obrador en el debate pasado para entender por qué desde hace algunos meses ha venido cayendo la inversión extranjera directa destinada a México.

 

La caída de la IED en el primer trimestre del 2006 da cuenta de ello. En este período la IED se ubicó en 3 mil millones de dólares, cifra 39% inferior a la registrada durante el mismo lapso del año 2005, cuando fue de 4 930 millones de dólares. Esta baja trimestral es la caída más pronunciada desde 1998. ¿Podría ser la antesala de una crisis financiera? No, hasta el momento no. Se trata de una situación de espera de los inversionistas internacionales ante la expectativa de si llega o no López al poder. Hasta hoy, lo que más ha impactado en la depreciación del peso es el factor EU; sin embargo, de perfilarse como ganadora (ya no digamos si gana) la propuesta populista, el riesgo político comenzará a ganarle a los factores externos y paulatinamente contaminará al mercado financiero mexicano.

 

Es cierto, la volatilidad reciente de los mercados financieros (que se ha expresado en caídas en las bolsas de valores de prácticamente todo el mundo) ha obedecido principalmente a factores externos como las presiones inflacionarias que están afectando a EU (motivado por alzas en materias primas fundamentales para la economía norteamericana como petróleo, estaño, aluminio, cobre, plata, acero, etc.) y que han conllevado a que aún no termine la restricción de la política monetaria de la Reserva Federal que se refleja en expectativas de mayores alzas en las tasas de interés; esto afecta de manera negativa a los mercados emergentes, como México, pues ante estas alzas en las tasas en EU, la inversión extranjera de corto plazo se mueve hacia refugios más seguros como EU. Lo anterior se agudiza también por la reciente alza de un cuarto de punto que llevó a cabo el Banco Central Europeo (BCE).

 

Hay que reconocer que pese a lo anterior, la estabilidad consolidada en el gobierno de Fox (que comenzó desde Zedillo) está rindiendo frutos. La disciplina fiscal (se ha evitado el derroche en el gasto público y se ha diseñado una estrategia inteligente en la estructura de vencimientos de la deuda externa e interna) y la política monetaria instrumentada por un Banco de México independiente, han llevado a la inflación más baja (3.5%) en tres décadas y a un riesgo país también históricamente bajo (menor a 100 puntos) en combinación con las reservas internacionales más grandes de la historia (75 mil millones de dólares). Esto se ha reflejado en que, a pesar de la volatilidad cambiaria, las tasas de interés en el mercado de dinero mexicano prácticamente no se han movido, pese a las alzas en las tasas de interés de la FED y del BCE

 

Esta situación en los años ochenta ya habría detonado una crisis financiera en México, en donde hubiera reventado el tipo de cambio fijo (devaluación y luego inflación que afecta a los más pobres), en medio de una sangría en las reservas internacionales, causada por los altos niveles de endeudamiento que caracterizaron a los gobiernos populistas de aquel entonces.

 

La estabilidad pues, le ha atraído beneficios a los mexicanos, contrario a lo que ha afirmado el candidato López. A continuación enumeraremos algunas medidas irresponsables de política económica que, de llegar al poder, instrumentaría López:

 

Fijar el tipo de cambio. Parece que no aprenden. Las últimas declaraciones de Ramírez de la O (asesor económico principal de López) dan a entender que les incomoda el tipo de cambio flexible (aquel que no fija el gobierno, sino el mercado). Claro, ante las políticas de gasto irresponsables propuestas por el PRD, en un entorno de economía abierta, con movilidad de capitales y tipo de cambio flotante, una política fiscal expansiva no sirve para incrementar la producción (por su efecto en las tasas de interés internas). En este sentido, tratarán de “congelar” al tipo de cambio peso-dólar. Hoy, parte de la estabilidad lograda se debe al actual régimen de flotación. Es cierto, no es una flotación pura, pero Banxico ya no tiene que garantizar ninguna paridad determinada; por tanto, ya no se comprometen reservas internacionales para sostener (subsidiar) al tipo de cambio. Muchas veces se piensa que lo que coadyuva a crear las crisis financieras es la libre movilidad de capitales. No es así. La causa de las crisis son las políticas económicas irresponsables de los gobiernos (políticas de gasto y monetarias irresponsables) que si están acompañadas de una paridad predeterminada (fijada por el banco central) son dinamita pura para los que especuladores acaben tronando a cualquier moneda. En cambio, con un tipo de cambio libre, aún en medio de políticas económicas no muy buenas, se permite un movimiento más ordenado del peso y no de golpe (devaluación traumática). Claro, si las políticas económicas son irresponsables (como las que propone López) habrá depreciación. Pero, ojo, si hay orden económico, como el que hoy impera en la actual administración, aún en medio de volatilidad internacional, el tipo de cambio flexible da margen de maniobra ante los choques externos. Así, el impacto sobre el empleo y el producto es menor comparado con un tipo de cambio fijo. Claro, a López no le conviene un tipo de cambio fuera de su control, pues ante sus políticas irresponsables, el peso sufriría depreciaciones continuas.

 

Control de cambios. Está íntimamente relacionado con lo anterior. Como ya mencionamos, las políticas irresponsables de expansión del gasto público de López sólo son posibles con tipo de cambio fijo. Sólo que hoy, a diferencia del pasado, ha cobrado relevancia entre los inversionistas internacionales el factor riesgo país. No le bastará el tipo de cambio fijo a López, pues ante su irresponsabilidad, las reservas internacionales terminarían vaciadas y el tipo de cambio reventando. Así las cosas, tendrían que implementar el llamado control de cambios en donde el gobierno decide a quién le vende y compra divisas, al precio, claro está, fijado por él. O sea, usted, amigo lector, o yo, ya no podríamos ir al mercado libremente a comprar la cantidad de dólares que queramos, sino sólo los que el gobierno nos quiera vender, siempre en función de sus intereses (el precio impuesto). Si nos urgieran dólares (ó euros), tendríamos que comprarlos a precios carísimos en el mercado negro. Este esquema ya se aplicó en México y fue un fracaso total. Sólo prolongó la muerte financiera. Al final hubo mercado negros y no se detuvo la salida de capitales. Además, los controles de cambio, violan una libertad económica esencial: la libertad de comprar y vender divisas en el mercado. Las consecuencias de un régimen de este tipo tiene serias secuelas sobre el crecimiento económico (merma el crecimiento de las economías) y no detiene la salida de capitales. Los controles de cambios son propios de las dictaduras. Sólo prolongan la vida de los gobiernos dictatoriales (como sucedió con los viejos países socialistas) y actúan en contra del crecimiento económico. Al final sólo quedan gobiernos ricos con ciudadanos pobres.

 

Eliminación de la autonomía del Banco de México. Los keynesianos ramplones que asesoran a López sólo podrán emprender su “política económica exitosa” si combinan su política fiscal expansiva con una política monetaria expansiva, pero para ello es preciso quitarle el control de la política monetaria a Banxico. Para ello se podrían aliar con el PRI para cambiar la ley que ampara la autonomía de Banxico. Los asesores de López se basan en libritos de texto de economía del siglo pasado que dicen que, a un mayor gasto público, suben las tasas de interés (el gobierno pide prestado más dinero), lo que a la larga podría mermar el crecimiento económico (con tasas de interés altas hay una menor inversión y un menor consumo). Ante ello, lo ideal es manejar una política monetaria acomodaticia con la política fiscal. Esto significa echar a andar a la maquinita de hacer billetes para con ello lanzar más dinero a la circulación y así evitar que las tasas de interés suban. Esto, en teoría, acarrearía que el mayor gasto público conlleve a mayor producción. La evidencia empírica desmiente a esta posición original keynesiana. No toma en cuenta que existen expectativas entre los agentes económicos. Lo único que generan este tipo de políticas es que al final no haya mayor producto, y sí en cambio, mayor desempleo e inflación. Al final las tasas de interés reales terminan nuevamente subiendo, lo que termina castigando el crecimiento económico.

 

Hoy la teoría económica sobre los choques externos ha demostrado que el problema de las economías no es de demanda sino de oferta. Asimismo, las expectativas racionales de los agentes económicos hace que no se dejen engañar (a lo mejor la primera vez, pero luego ya no) por las políticas irresponsables del gobierno. Así pues, cualquier política irresponsable de gasto público termina teniendo su costo y éste se refleja en mayor inflación y desempleo. Eliminar la autonomía del banco central sólo empeorará el riesgo país y no servirá de nada. Lo malo es que esos costos los paga el pueblo, nunca los gobiernos derrochadores. Ahí está el populista Alan García en el Perú. Debería estar en la cárcel, pero no, el pueblo ya lo llevó nuevamente al poder.

 

No amigo lector, no se deje llevar por la guerra sucia del candidato López. El debate no le alcanzó a López. Ante ello, las mentiras son la estrategia ahora de su campaña. Son patrañas para que el populismo regrese a México. Las anteriores medidas erróneas de política económica serían sólo el inicio del mesianismo. Un mesianismo que podría costarnos además de progreso económico, libertades esenciales que hoy hemos alcanzado. Los argumentos no le alcanzan a López; menos los argumentos económicos. Lo único que sacará a México del subdesarrollo es, además de conservar la estabilidad financiera, el llevar a cabo las reformas estructurales que hacen falta (laboral, energética, fiscal, educativa). La estabilidad foxista no es un adorno, es sólo el primer paso. Si acabamos con ella, nunca tendremos un desarrollo económico pleno. Por lo menos no este nuevo siglo. Ya veremos si el pueblo mexicano vota por la continuación de la estabilidad ó por el riesgo político que una vez que contagia la economía sólo significa crisis financiera.


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