VIERNES, 15 DE FEBRERO DE 2019
Proyecto de nación

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“La mayoría de la gente cuestiona este o aquel proyecto de nación, pero no la noción misma proyecto de nación.”


La mayoría de la gente cuestiona este o aquel proyecto de nación, pero no la noción misma proyecto de nación. ¿Hablar de la nación no implica hablar de un proyecto de nación, un punto de convergencia obligatorio para todos los ciudadanos? Si la respuesta es afirmativa, y resulta imposible concebir a la nación sin un proyecto de nación, entonces la discusión no es en torno al concepto proyecto de nación, sino en torno a cuál proyecto de nación, éste o aquel, es el correcto.

Es lo que pasa hoy. Muchos no están de acuerdo con el proyecto de nación de AMLO que, dicho sea de paso, cada vez se aleja más de aquel que presentó Alfonso Romo, el 20 de noviembre de 2017, y se aleja porque, en muchos casos, AMLO está haciendo lo contrario de lo que dijo que iba a hacer, y muestras sobran. Pero ya se trate del proyecto que propuso en campaña, ya del que, desde el gobierno, está llevando a la práctica, hay quienes lo critican, y lo hacen desde el punto de vista del proyecto de nación que ellos consideran correcto. No cuestionan la idea misma de proyecto de nación, el concepto en sí, sino un proyecto de nación concreto, el de AMLO, que, dicho sea de paso, tiene mucho de criticable.

Si se ha de respetar la libertad individual y la propiedad privada, que son dos caras de la misma moneda, no se necesita un proyecto de nación (que siempre es el proyecto de nación de quien tiene el poder político, que en esencia es el poder para prohibir, obligar y castigar, proyecto al que habrá que sumarse por las buenas o por las malas), sino una nación en la cual cada quien, respetando los derechos de los demás, y sin ningún privilegio otorgado por el gobierno, pueda intentar sacar adelante sus proyectos. Esta es la única manera de respetar la libertad individual y la propiedad privada, razón por la cual, en mayor o menor medida, de una u otra forma, los proyectos de nación terminan limitándolas y, en algunos casos, eliminándolas.

Hay quienes, de buena fe pero con mala razón, creen que un país necesita, para salir adelante, un proyecto de nación, un punto de convergencia obligatorio para todos los ciudadanos, razón por la cual no cuestionan el concepto mismo, sino este o aquel proyecto de nación, lo cual es un error. Cualquier proyecto de nación limita, en mayor o menor medida, pero siempre de forma indebida, la libertad individual y la propiedad privada, proyecto de nación al cual, por las buenas o por las malas, hay que sumarse.

Este es el principio de la convivencia civilizada: “Respetando los derechos de los demás, haz lo que quieras”, siendo este principio el único punto de convergencia obligatorio, ¡válido!, para todos los ciudadanos, lo único a lo que sí debe obligarse a cada ciudadano.

En el fondo de todo este asunto está la pregunta ¿qué debe hacer el gobierno?, siendo que puede hacer, como de hecho lo hace, mucho más de lo que debe.

• Liberalismo

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