VIERNES, 15 DE FEBRERO DE 2019
Revolución educativa en la cuarta transformación

¿A quiénes deben ir dirigidos los apoyos por parte del gobierno en esta crisis provocada por el Covid19?
A las personas
A las empresas
Sólo a las Pymes
A todos
A nadie



El punto sobre la i
“El gobierno es un mal necesario”
Thomas Paine


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“Estancias infantiles: una gran innovación, es un cambio de trascendental importancia y puede generar una gran revolución en el manejo de los presupuestos educativo y en la eficiencia del sistema.”


Apenas hace algunos días pudimos presenciar la punta de lanza de lo que puede ser una gran revolución educativa impulsada por el presidente de México, me refiero al asunto de las Estancias infantiles. No es un hecho accidental, ni una ocurrencia fantasiosa, tiene mucho fundamento, como ahora lo demostraremos.

El hecho consiste en el retiro de los subsidios a las Estancias Infantiles y dirigir ese dinero al padre de familia para que pague la colegiatura en la estancia infantil de su preferencia.

La historia es que los gobiernos anteriores fomentaron estas Estancias o guarderías infantiles para que las madres trabajadoras tuvieran dónde llevar a sus niños mientras ellas laboraban en alguna empresa. El motivo era bastante noble, y realmente todo mundo lo aplaudió.

Para tal menester, el gobierno construyó algunos inmuebles y simplemente adaptaba alguna casa particular que tuviera un espacio suficiente para atender a 10, 20 o cien niños. Mediante la Secretaría de Desarrollo Social (SEDESOL) el gobierno registraba cuantos niños se inscribían en cada Estancia y de acuerdo a eso se le mandaba el subsidio a la directora para que pagara a los educadores, médicos y personal de limpieza. La directora contrataba a su personal y aplicaba el sueldo que consideraba conveniente. Algunas guarderías funcionaban bien, otras menos, pero el sistema se empezó a corromper. Hubo Estancias en donde se decía que tenían 100 niños y realmente había diez, pero el subsidio llegaba para cien. ¡Qué maravilla! Otras estancias simplemente no existían, pero recibían subsidios.

El presidente de la república tomó como base esas anomalías para promover un cambio. No dijo que se clausurarían, lo cual vale la pena mencionar. Textualmente dijo: “No estoy proponiendo que se cierren las Estancias Infantiles, pueden seguir funcionando. El único cambio que quiero hacer es que en lugar de mandar el dinero a las directoras, es decir, en lugar de subsidiar las Estancias Infantiles, voy a subsidiar a los niños o a sus padres para que ellos paguen la colegiatura en la Estancia Infantil de su preferencia”. Esa es una gran innovación, es un cambio de trascendental importancia y puede generar una gran revolución en el manejo de los presupuestos educativo y en la eficiencia del sistema.

El presidente tomó como argumento la corrupción que generó el sistema de subsidio directo a las estancias, es decir, a la oferta. Pero no podía ser de otra manera. Siempre que el gobierno manda subsidios a una escuela o institución, termina por corromperse. Eso se puede observar en cualquier escuela primaria, secundaria, universidad y aún en los institutos de posgrado y en el mismo CONACyT. Las instituciones subsidiadas no solo se corrompen, también se degeneran y pierden los objetivos para los que fueron creados, se vuelven conflictivas, burocráticas y despilfarradoras.  Bastaría ver, por ejemplo, el enorme subsidio que recibe la UNAM de 43 mil millones de pesos para dar como producto a mil nuevos profesionistas. Eso quiere decir que el costo por sacar a un nuevo titulado es de cuatro millones de pesos. Si a ese titulado se le hubiera mandado a una universidad cara de Estados Unidos, habría salido más barato aun pagándole todos sus gastos: hospedaje, libros, vuelos, computadoras y diversión. Peor aún, solo el 30% de los titulados universitarios se dedican a los que estudiaron. Eso quiere decir, que cuesta más de diez millones de pesos formar a un profesionista que se dedica a lo que estudió. Es un despilfarro monumental, nada lo justifica. ¿Por qué ocurre todo esto en la UNAM, UAM, IPN y en todo el sistema de educación pública? La respuesta radica en haber introducido el sistema de subsidio a la oferta. ¿Se puede lograr que el gasto sea más eficiente? No tengo duda que la respuesta es afirmativa y ya lo entendió el señor presidente y solo habrá que impulsar para que lo aplique en todo el sistema educativo.

El VOUCHER. En efecto, el nuevo sistema de financiamiento consiste en retirar el subsidio a todas las escuelas públicas y meter el sistema de subsidio a la demanda, es decir, al alumno. Por ejemplo, si la UNAM está subsidiada con 43 mil millones de pesos y tiene 350 mil alumnos, quiere decir que el gobierno le daría a cada alumno un cheque de diez mil pesos mensuales para que pague en la facultad de su preferencia. Pero se lo debe dar en un cheque intransferible o voucher a fin de que el estudiante no se vaya a la cantina. Con el recibo de pagado, el alumno rescata un nuevo voucher y así, cada mes. La escuela, recibe esos vouchers y los cambia por efectivo en una oficina del gobierno o de un banco. Se reúnen los profesores para decidir la distribución de ese dinero en sueldos para los profesores, administrativos, funcionarios y empleados de limpieza, así como para laboratorios y mantenimiento del plantel. El gobierno no deberá intervenir, solo para pedir que suban toda la información y esté a la vista del público en la internet. Cualquiera se dará cuenta si hay corrupción, desvíos, sobrefacturación o despilfarro. Sería un ataque frontal contra la corrupción, tal como pide el presidente de México.

DE LIMOSNERO A CLIENTE. Cuando los subsidios se mandan a la institución el alumno adquiere la personalidad de un limosnero, no puede exigir ni castigar a la institución por el mal servicio educativo. Pero cuando el alumno recibe el subsidio para pagar en la escuela de su preferencia, se transforma en un cliente que tiene poder para exigir o al menos para dejar de pagar si no recibe un buen servicio. Eso obliga a la institución a darle el mejor servicio: los profesores se preocuparán porque el alumno aprenda, los trabajadores tendrán los pasillos limpios, los administrativos se volverán amables.

LA COMPETENCIA. Con el sistema de voucher en todas las escuelas y universidades generarán un fenómeno nunca antes visto en las instituciones educativas, empezarán a competir. Es porque todas quieren vouchers. Los profesores malos se vuelven buenos, ofrecerán que el graduado maneje inglés al cien por ciento y difícilmente rechazarán al alumno que llega con un voucher en la mano.

El sistema de subsidio a la demanda es lo que ya se está aplicando en muchos países: Finlandia, Noruega, Singapur, Corea del Sur, Suecia, etc. En los EEUU empezó en Milwaukee en 1990. Y los resultados son sorprendentes.

EDUCACIÓN GRATUITA. Obsérvese que el sistema del voucher o de subsidio a la demanda, es un sistema de educación gratuita. Cierto que el alumno paga, pero no con dinero de su bolsillo, ni de su familia, sino con el dinero que le da el gobierno.

AUTONOMÍA UNIVERSITARIA. Cuando la institución ya no vive del subsidio directo del gobierno, tendrá la base fundamental para disfrutar de verdadera autonomía académica y administrativa, porque el gobierno ya no debe meter las manos en las universidades.  

MEJORES SUELDOS. El sistema del voucher evita la corrupción y por tanto, los profesores, investigadores y trabajadores podrán tener mejores sueldos. No estarán sujetos ni atenidos a un aumento raquítico que les ofrezca el gobierno como ha sido costumbre. Si logran que su escuela sea buena pueden captar muchos vouchers y si lo ven necesario le construyen diez pisos para enfrentar la demanda de los jóvenes que ven atractivo estudiar en esa universidad. Ya no serán necesarias las huelgas para rogar por más salarios.

ESCUELA PÚBLICA. Con el voucher, las escuelas siguen siendo públicas en el sentido de que el gobierno es el propietario. En otras palabras, no se están privatizando, no se están vendiendo a nadie, aunque sería deseable que los profesores fueran los propietarios.

Con autonomía universitaria las instituciones podrán crecer de acuerdo a la visión de su personal, hacerse internacionales y captar más recursos de estudiantes extranjeros.

En fin, tal parece que el presidente de México acaba de dar una gran señal para indicar por dónde va la cuarta transformación en materia educativa. Merece que apoyemos esta iniciativa. Esperemos que lo de las Estancias Infantiles sea la señal para todo el sistema educativo a fin de acabar con la corrupción y crear excelentes escuelas y universidades, tal como México necesita para su desarrollo y prosperidad de las familias.

• Educación / Capital humano

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