MIÉRCOLES, 20 DE MARZO DE 2019
Empresas del gobierno

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“Incluso si la ausencia de gobierno realmente significara anarquía en un sentido negativo y desordenado, que está lejos de ser el caso, incluso entonces, ningún trastorno anárquico podría ser peor que la posición a la que el gobierno ha dirigido a la humanidad.”
Leon Tolstoy

Arturo Damm







“¿Por qué debe el gobierno producir bienes, monopólicamente, en los sectores estratégicos? Desde el punto de vista económico no tiene sentido.”


¿Por qué debe el gobierno producir bienes, monopólicamente, en los sectores estratégicos? Desde el punto de vista económico no tiene sentido.

Los sectores estratégicos son aquellos que proveen de bienes y servicios a todas las actividades económicas, como es el caso del energético (petróleo y electricidad), por lo que la falta de competitividad de dichos sectores repercute negativamente en la competitividad de las empresas a las que proveen.

Conviene que los sectores estratégicos logren la trilogía de la competitividad (menores precios, mayor calidad y mejor servicio), para lo cual se requiere que estén sujetos a la disciplina de la competencia, que eso, disciplinar, es lo que hace la competencia, sobre todo en los mercados.

El problema con los monopolios, cualesquiera que sean, es que pueden cobrar un precio cercano al máximo precio que los consumidores están dispuestos a pagar por lo que se les ofrece, lo cual reduce su nivel de bienestar, ya sea por la menor compra del mismo bien, ya por la menor compra de otros bienes, ya por un menor ahorro, todo lo cual resulta antieconómico. Si además se trata de bienes estratégicos, como el petróleo o la electricidad, el perjuicio se multiplica.

En el caso de los monopolios del gobierno se suma otro problema: la falta de definición de los derechos de propiedad sobre esos activos, lo cual genera incentivos perversos, como sucede cuando la administración se divorcia de la propiedad, cuando una empresa tiene administradores pero no propietarios, de tal manera que quien administra mal, y quiebra la empresa, no sufre ningún quebranto patrimonial. Para todo efecto práctico, relacionado con el ejercicio del derecho de propiedad, ¿de quién es Pemex? ¿Y la CFE?

Las empresas del gobierno sintetizan los peor de tres mundos. Primero: el mundo del monopolio, al margen de la competencia. Segundo: el mundo del monopolio gubernamental, con una deficiente (por no decir inexistente) definición del derecho de propiedad. Tercero: el mundo del monopolio gubernamental en los sectores estratégicos de la economía que, precisamente por serlo, por proveer de bienes al resto de las actividades económicas, deben estar sujetos a la disciplina de la competencia, única manera de conseguir la trilogía de la competitividad: menores precios, mayor calidad y mejor servicio.

A eso, al monopolio gubernamental en los sectores estratégicos de la economía, es a lo que quiere regresar AMLO. Quiere regresar, por lo menos, al estado de cosas anteriores a la reforma energética de 2013 y, en una de esas, al estado de cosas anteriores a la era neoliberal que, en su cronología, se inició en 1983. Quiere regresar a la gubernamentalización de la economía, momento de recordar lo dicho por Lew Rockwell: “Entre las prioridades políticas más urgentes de nuestra época está la separación de la economía y el estado”. Con AMLO esa prioridad no existe.

• Intervencionismo • Monopolios • “4ta transformación”

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