JUEVES, 21 DE MARZO DE 2019
¡Resucitó!

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No sé



El punto sobre la i
“Trato de tomar los mejores elementos de la justicia social y de la libertad económica. Lo que exploro es la posibilidad de una tercera constelación, más alta que las otras dos, moralmente mejor. Libertad económica, sí; justicia social, sí.”
John Tomasi


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“El neoliberalismo, en una de sus facetas más conspicuas, la del libre comercio, resucitó.”


El pasado domingo AMLO declaró, en Palacio Nacional, “el fin de la política neoliberal”, y asumió la “responsabilidad de construir una propuesta posneoliberal (…) y convertirla en un modelo viable de desarrollo económico”, fin de la política neoliberal que supondría, entre otras cosas, el fin del libre comercio, punta de la lanza del neoliberalismo.

¿Qué es el libre comercio? El marco institucional, comenzando por las normas jurídicas, que hace posible que los consumidores, comprando o dejando de comprar, decidan la composición (el qué) y el monto (el cuánto) de las importaciones, sin ningún tipo de intervención del gobierno, misma que puede ir, desde prohibir importaciones, pasando por cuotas de importación, hasta la imposición de aranceles, lo cual se traduce en menos oferta y mayores precios, disminuyendo el bienestar de los consumidores nacionales. Lo anterior sería el resultado de la sustitución del neoliberalismo, una de cuyas puntas de lanza es el libre comercio, por el posneoliberalismo, que podría contemplar la adopción de medidas proteccionistas, desde prohibir importaciones hasta gravarlas con aranceles. ¿En algo así está pensando AMLO? Perece ser que, ¡afortunadamente!, no.

Leemos, en una nota de Expansión, que “el gobierno brasileño informó de la entrada en vigor de un acuerdo bilateral que prevé el libre comercio de automóviles entre Brasil y México, sin aranceles ni cuotas de importación”, de tal manera que, en ambos casos, serán los consumidores mexicanos y brasileños quienes decidan, ¡como debe ser!, la composición y el monto de las importaciones de automóviles, sin cuotas ni aranceles, es decir, sin que el gobierno intervenga.

¿De qué se trata? De una típica medida neoliberal que generará los dos beneficios que traen consigo las importaciones: mayor y mejor oferta para los consumidores nacionales, más competencia para quienes producen en el país, que los motivará a volverse más productivos (capaces de hacer más con menos), para poder ser más competitivos (capaces de ofrecer a menor precio, con mayor calidad y con mejor servicio).

El libre comercio es el marco institucional, empezando por las normas jurídicas, que reconoce plenamente, define puntualmente y garantiza jurídicamente el derecho a la libertad de los consumidores para comprar lo que les dé la gana (producto nacional o extranjero), a quien les dé la gana (oferente nacional o extranjero), en donde les dé la gana (en el país o en el extranjero), condición necesaria para lograr la mayor competencia posible entre oferentes, que se traduce en menores precios, mayor calidad y mejor servicio, y por lo tanto en la posibilidad de un mayor bienestar para los consumidores.

Por lo pronto, al menos con relación a este tema, el neoliberalismo, en una de sus facetas más conspicuas, la del libre comercio, resucitó.

¡En hora buena!

• Libertad económica • “4ta transformación”

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