VIERNES, 16 DE AGOSTO DE 2019
Populismo expulsa expertos

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“La guerra contra los expertos tiene altos costos que resultan evidentes en el mal desempeño de los gobiernos que prohíjan tal rechazo.”


De la mano con la elevación del populismo de derecha, de izquierda o sin brújula, va un intenso anti-intelectualismo que se manifiesta en declaraciones de repudio de los expertos en todos los temas, como hemos visto en voz de Trump, López Obrador y otros líderes que creen estar en contacto directo con el pueblo.

Esta vena populista que rechaza a los expertos y cuestiona la pertinencia de que participen en el diseño y aplicación de políticas públicas tiene una vieja tradición en el escepticismo acerca del papel y motivaciones de los intelectuales en la política, al acusárseles de desconocer o haber perdido contacto con la realidad.

Los historiadores Richard Hofstadter y Enrique Krauze han descrito este fenómeno para EU y México, respectivamente, rastreando un modo recurrente de pensamiento en religión, negocios, educación y política “que eleva el odio a una nueva forma de dogma… contra ciertos grupos como los judíos, los masones, los prietos, los católicos, los migrantes, los empresarios y los intelectuales.”[1]

En la misma entraña de muchos países que pregonan su excepcionalísimo, como México y EU, es muy numerosa la gente fundamentalista en su religión, nativista en sus perjuicios, aislacionista en política exterior, y que denuncia sin cansarse su rechazo a los cambios que empuja a la modernidad la senda del liberalismo.

La guerra contra los expertos tiene altos costos que resultan evidentes en el mal desempeño de los gobiernos que prohíjan tal rechazo: la ineptitud de su gestión es obvia, lo mismo en tratándose de la preocupante caída en los indicadores del cauce de la economía mexicana, que en el alto precio que pagan en EU sus agricultores por los aranceles de Trump que les clausuran mercados externos.

Lo peor es que los expertos, en muchos casos con décadas de educación y experiencia, son suplidos por gente leal al caudillo, pero sin el menor oficio para los puestos a los que se les nombra. Basta una somera mirada a los gabinetes de ambos países para colegir que casi ninguno de sus miembros pasa el examen.

Pero allí no termina la historia porque los improvisados suelen reunirse de tipos de su calaña y comparable nivel intelectual, ignorantes, pero con iniciativa, y ya están a la vista los resultados: se disparan la violencia e inseguridad; hay desabasto de energéticos y medicinas; cae la inversión e inicia la fuga de capital.

Decía el legendario político tejano Sam Rayburn, que representó a su estado por medio siglo en el Congreso de EU, que “cualquier asno puede derruir el granero, pero se requiere de un buen carpintero para reconstruirlo.” Hoy hay muchos líderes de países importantes que insisten en dar de coces a sus respectivos graneros, pero la labor de reconstrucción que sigue será ímproba y muy costosa.

¿Regresará la Argentina a este carrusel de demolición de riqueza con el retorno de los peronistas al poder?

[1] Richard Hofstadter, Anti-Intellectualism in American Life, Random House, 1963; y Enrique Krauze, El pueblo soy yo, Penguin, 2018.

• Populismo • Estados Unidos • “4ta transformación”

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