JUEVES, 22 DE JUNIO DE 2006
Paradojas financieras

¿Usted considera un triunfo para México el acuerdo al que llegó con Estados Unidos para evitar la imposición de aranceles?
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“Incluso si la ausencia de gobierno realmente significara anarquía en un sentido negativo y desordenado, que está lejos de ser el caso, incluso entonces, ningún trastorno anárquico podría ser peor que la posición a la que el gobierno ha dirigido a la humanidad.”
Leon Tolstoy

Roberto Salinas







“Estamos, más bien, en la antesala de un laboratorio, complicado por el escenario electoral, donde cunde la paranoia, el miedo, la psicología de una apocalipsis.”


Entre la fiebre mundialista y la intensidad electoral, parecería que hemos pasado por alto la verdadera desgracia bursátil que se ha dado en los últimos días: bastaron cinco semanas para eliminar, en un instante, una cuarta parte del valor de capitalización bursátil en el país—algo que se había acumulado, y aun a una gran velocidad, sobre los avances de los últimos tres años.

 

El significado concreto de esta ola de turbulencia es que este es el primer episodio de inestabilidad financiera que se ha dado en nuestro país, bajo un clima macroeconómico estable. Las crisis anteriores, desde el crac del ’87 hasta la devaluación del ’94, incluso los contagios derivados de las crisis alrededor del mundo en el periodo 1997-1998, se dieron en un contexto de alta inflación, fragilidad en las instituciones financieras y monetarias, un tipo de cambio descontrolado y un sistema bancario sumamente débil, en algunos casos inexistente.

 

Hace unos años, después de las crisis en 1997-1998, y ante la pregunta obligada de qué hacer para evitar estos episodios “violentos y virulentos” de turbulencia financiera, el reconocido economista Martin Feldstein desarrolló un recetario de recomendaciones, las cuales, a la larga, podrían ayudar en forma importante para amortiguar los efectos de una ola de inestabilidad. Vaya, este recetario parte de la premisa que los avances tecnológicos en el mundo financiero han revolucionado los movimientos de capital, los cuales disfrutan una altísima y rapidísima movilidad. Viajan de un lado del orbe a otro en milisegundos, ya sea en cantidades modestas, o estampidas masivas. Si hay variaciones inesperadas, pueden darse severos ajustes, de un momento a otro, tal como hemos vivido en la actualidad con los mercados bursátiles.

 

Feldstien recomendaba, primero, asegurar la estabilidad de precios. En ausencia de un clima de baja inflación, un ajuste en el sistema de intermediación se puede pronunciar en forma dramática, ante las variaciones en las tasas de interés. Sin estabilidad de precios no puede haber estabilidad financiera. Segundo, Feldstein recomienda que el mercado fije los precios de los activos de la economía, como la paridad o instrumentos en el mercado financiero. Tercero, los mercados emergentes no deben incurrir en altos déficit de cuenta corriente. Un episodio sostenible de flujos de capital es algo muy raro. Cuarto, no se debe garantizar al sistema bancario de toda pérdida. Si no hay un elemento de riesgo, se da el fenómeno de riesgo moral, con lo cual no hay incentivo para la prudencia. Quinto, se debe permitir el funcionamiento de la competencia financiera, mientras que las regulaciones, y la supervisión financiera, deben evitar el riesgo sistémico en el esquema de pagos.

 

Parecería que nuestro entorno macroeconómico y financiero cumple, mal que bien, con cada una de las normas en este recetario. Entonces, ¿quiere decir que no estamos en la antesala de una crisis financiera? Esa es la paradoja, ya que de ser así, el desconcierto en el entorno bursátil no es indicador confiable de la salud económica de un país, ni siquiera un barómetro de los prospectos que guarda para el futuro. En nuestro caso, puede ser una simple corrección—dura y directa, con fuertes descapitalizaciones, pero superior en todo su caso a la renegociación de deuda corporativa o deuda soberana.

 

La verdad es que no sabemos. Estamos, más bien, en la antesala de un laboratorio, complicado por el escenario electoral, donde cunde la paranoia, el miedo, la psicología de una apocalipsis. El experimento es, dadas las recetas de Feldstein, ¿qué tan bien saldremos librados de estos nuevos episodios de turbulencia financiera? Ya veremos…


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