JUEVES, 22 DE JUNIO DE 2006
AMLO, desastre para EE.UU.

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“Si del derecho a la vida se desprende el derecho a defenderla, del derecho a defenderla, ¿no se desprende el derecho a la portación de armas?”
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“¿Por que hay una enorme complacencia en Estados Unidos respecto a quién resulte electo Presidente de México? Sospecho que suponen que la democracia es como el ungüento de Tigre, que sirve para todo. Se llevaran una sorpresa desagradable si gana cierto personaje.”


Mi amigo John Bailey, mexicanólogo y profesor distinguido en la Universidad de Georgetown, publicó anteayer en El Universal un texto titulado El Proceso Importa más que el Resultado alusivo a que en su país no preocupa a quién elijamos Presidente los mexicanos sino cómo lo hagamos.

 

Si bien Bailey tiene razón al describir una verdad innegable, me temo que los estadounidenses y su gobierno cometen un error garrafal por las razones que su mismo análisis revela. A Estados Unidos lo que le preocupa frente a sus vecinos es que tengan gobiernos razonablemente competentes para no tener que distraer cuantiosos recursos en defender sus fronteras.

 

Como explica Bailey, esa es la razón por la que Estados Unidos hizo una prolongada excepción con México, hasta el año 2000, en la condicionalidad que impuso al resto de los países del mundo en cuanto a tener sistemas políticos democráticos para gozar de buenas relaciones con Washington.

 

Esta preocupación por la democracia, que fue uno de los pretextos para las invasiones de Afganistán e Irak, no siempre fue prioritaria en la política exterior norteamericana que durante los años de la Guerra Fría apoyó a incontables regímenes dictatoriales siempre y cuando fueran anticomunistas.

 

Por contraste, la “dictablanda” del PRI en México parecía no sólo aceptable sino hasta envidiable y hubo quien planteó con seriedad la posibilidad de exportar el modelo corporativista mexicano como alternativa a los regímenes militares y para llevarle estabilidad política y económica al resto de América Latina.

 

Como afirma el profesor Bailey, a Washington hoy le preocupa, ante todo, la democracia por lo que no le incomoda la posibilidad que AMLO llegue al poder en México al suponer que basta con que haya sido elegido en forma impecable para ser un gobernante aceptable para Estados Unidos.

 

Se equivocan el gobierno y los académicos del vecino del norte por las siguientes razones:

 

  • López Obrador no es un demócrata sino de dientes para fuera. En caso que alcance la presidencia se las ingeniará para no soltarla. La democracia deja de ser útil cuándo el líder iluminado llega al poder.

 

  • Las instituciones que en teoría impedirán a AMLO cometer abusos y desandar la ruta de la modernización del país van a ser eliminadas una a una para allanar el camino a la labor redentora del líder, como describí en mi Aquelarre Económico de ayer.

 

  • La necia insistencia de López Obrador de renegociar el capítulo agrícola del TLCAN y la previsible reiteración del gobierno norteamericano a no hacerlo, conducirán sin remedio a su cancelación, lo que es deseable para AMLO pues tener leyes que él juzga “injustas,” como que todas las empresas en México sean tratadas como iguales sin reparar cuál es su nacionalidad, no le gustan en lo más mínimo.

 

  • Las políticas populistas y las cuentas alegres de López Obrador irremediablemente van a desembocar en crisis financiera, estancamiento económico y desempleo, lo que, a su vez, generará hordas migratorias sin precedente hacia Estados Unidos, cuando este tema es objeto de intenso debate en Washington.

 

Me queda muy claro el estrecho margen de maniobra que tiene Estados Unidos para influir en la política mexicana y lo indeseable que sería una intervención abierta a favor o en contra de alguno de los candidatos presidenciales, lo que representaría sin duda el beso de la muerte para el aspirante favorecido.

 

Pero no utilizar canales diplomáticos discretos para enviar mensajes a los candidatos mexicanos sobre la posición de Estados Unidos en temas clave, como el TLCAN, como me aseguran fuentes bien informadas en Washington que ha sido el caso, representa una omisión grave que mucho lamentarán cuando sea demasiado tarde.


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