MIÉRCOLES, 11 DE DICIEMBRE DE 2019
El crimen de Bavispe, Sonora

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El punto sobre la i
“Al hombre se le puede arrebatar todo salvo una cosa: la última de las libertades humanas, la elección de la actitud personal que debe adoptar frente al destino, para decidir su propio camino.”
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“Los asesinatos de inocentes en Bavispe fueron más allá del mínimo sentido de humanidad, decencia y moral. Culpemos a López, pero también a la historia, a la estructura política podrida, a la ausencia de valores, la corrupción, la impunidad.”


Los miembros de la familia LeBarón tuvieron su entrevista con el presidente López Obrador y, como siempre, la información se concretó al “sin novedad en el frente”. Sin embargo, aunque parezca increíble voy a defender al Peje. No es justo que nos vayamos solo contra el presidente pues esta violencia es algo que ha tomado muchos años para alcanzar la profundidad de sus raíces, y fueron muchos los participantes de alto nivel responsables para llegar a este punto. Pero, para entender la gravedad del problema hay que llegar a las entrañas de la bestia para conocer bien al enemigo. Si por algún milagro se pudiera desaparecer la droga de la faz de la tierra, la economía mundial se colapsaba liderada por los bancos y el comercio internacional. Hablamos de una industria de más de un trillón de dólares al año. “Vivimos en un narco-mundo”.

El narcotráfico es una actividad milenaria por la cual, a través de la historia violentamente se han enfrentado naciones. Durante el siglo 19 se llevó a cabo la “guerra del opio” entre China e Inglaterra por el control de esa actividad y, con su victoria, Inglaterra se convertía en la primera narcomafia global. La guerra de Viet Nam en mucho fue el estado profundo tratando de controlar la siembra de amapola en el famoso triángulo del oriente. Sería la misma razón por la invasión de Afganistán, el productor de opio más grande del mundo. Desde la invasión de EU la siembra de amapola se ha incrementado de 1,000 hectáreas a 70,000 en estos momentos.

La mafia Italiana al no participar en el narcotráfico en EU durante el siglo pasado, se perdía la más lucrativa ola del crimen de los últimos años. Fue la oportunidad para otros en un mercado de $300 billones al año que representan las drogas. Y los mejor ubicados fueron esos grupos ya activos en el sur conocidos como la “Mafia Dixie”. Menos conocidos que la Cosa Nostra, la Mafia Dixie es mucho más peligrosa y violenta. En la década de los 80s los italianos habían cometido 30 asesinatos, sus contrapartes calladamente despachaban 156 víctimas. Esta nueva organización se extendía por todo el sur, pero con el comando en el Arkansas de Clinton.

Los miembros de la Mafia Dixie eran hijos y nietos de los destiladores ilegales durante la prohibición, antecedente que comparten con Bill Clinton. El abuelo de Clinton vendía licor ilegal en la tienda de su propiedad en Hope. El negocio se transformó, ha crecido y hoy es una operación de alta tecnología incluyendo flotas de aviones, cuentas bancarias en el extranjero, y una profunda penetración en el gobierno federal. En un trabajo de inteligencia criminal iniciado por la DEA en los 80s, entre los nombres más famosos de oligarcas del estado aparecía en cada reporte Don Tyson, el narco billonario presidente de Tyson Foods y principal soporte de Bill y Hillary Clinton.

El estado de Arkansas sería luego el centro de recepción de cocaína proveniente de Colombia y el envío de armas para las guerrillas contra de Nicaragua, en una operación ejecutada por la CIA, el Departamento de Defensa y supervisado por el gobernador Bill Clinton en mancuerna con Oliver North.

Cuando Bill Clinton arribara a la Casa Blanca, llegaba acompañado de toda la Mafia Dixie de Arkansas. El grupo de criminales que lo ayudaban en su sociedad con la CIA para la importación de toneladas de cocaína que cada semana recibían en el aeropuerto de Mena, Arkansas. Un evento que consolidaba el control del narcotráfico de parte del gobierno de EU iniciado en los años 50 utilizando las plataformas petroleras de George Bush I, y hoy día ya la principal fuente del estado profundo. El nuevo presidente narco, sería quien ubicara en la misma esfera al estado profundo y el “gobierno constitucional”.

En México, en la segunda guerra mundial se iniciaba la siembra de amapola para producir morfina y tratar los soldados heridos. La operación se llevaba a cabo en Sinaloa dando vida a todos los carteles puesto que, al terminar el conflicto, se arreciaban los cultivos y pasaban a producir la heroína combinando el negocio con la mariguana. Para finales de los 70s dicha actividad se había convertido en una industria de millones de dólares y, como siempre, llamaba la atención del gobierno. Las bandas se manejaban sin violencia y bajo perfil. El secreto era el liderazgo del Padrino, Miguel Félix Gallardo, quien operaba la organización con el profesionalismo de las empresas de Wall Street. Un hombre inteligente, adicto a la lectura, de buen nivel educativo y una habilidad natural para los negocios.

Con la muerte de Pablo Escobar, tomaban control de la producción de algo cuyas ganancias se elevaban al infinito; cocaína. Para estas fechas, Félix Gallardo hábilmente había involucrado al gobierno mexicano en una generosa sociedad en la cual los millones de dólares fluían hacia la policía federal, alcaldes, gobernadores, secretarios y hasta la presidencia. Félix Gallardo, a quien se podía confundir con un alto ejecutivo, impecablemente vestido de traje y corbata transitaba solo las calles de Guadalajara y otras veces con su chofer, el chapo Guzmán, cuando ya sus asociaciones llegaban hasta los confines del estado profundo de EU. Todo marchaba en paz y con profesionalismo.

Sin embargo, dos eventos destruirían esa paz. Félix Gallardo cometía un grave error al incluir en su organización a un hombre irracional y violento como Rafael Caro Quintero, quien de inmediato iniciara acciones que costarían la destrucción del grupo. Sin consultar al padrino, establecía una siembra de mariguana en Caborca, Sonora—y en sus estancias provocaba disturbios que hacían temblar a la ciudad. Después, Caro Quintero asumía una actitud que en el mundo de agencias de inteligencia llaman Rouge (rebelde traicionero), y se movía hacia Chihuahua para establecer la siembra de mariguana más grande de la historia en un rancho llamado El Búfalo, sin permiso del Padrino. El agente de la DEA, Enrique Camarena, lo delata lo que le costaría la vida en manos de Caro Quintero y provocaría la furia del embajador John Gavin, de raíces sonorenses a quien yo había conocido al inicio de los 80s, y se iniciaba la debacle.

El otro evento fue cuando, en 1989, el nuevo presidente Salinas rescindía la concesión autorizada a El Padrino para estructurar un esquema más rentable y favorecer sus narco-consentidos. Se arrestaba a Félix Gallardo y de inmediato explotaba una situación similar a la de Irak al arresto de Saddam Hussein. La estructura original se destruía y, sin liderazgo efectivo, se iniciaba una guerra con una violencia que México no vivía desde la revolución que ahora ubica al país a nivel de la Colombia de Pablo Escobar. El zenit de esta barbarie serían los asesinatos de inocentes en Bavispe, que fueron más allá del mínimo sentido de humanidad, decencia y moral. Culpemos a López, pero también la historia, a la estructura política podrida, la ausencia de valores, la corrupción, la impunidad.

En México casi un millón de gente trabaja para el narco, casi 5 millones de miembros de familias dependen del narco. Mi consejo para López Obrador es simple. Para que la cuña apriete, debe ser del mismo palo. “Libera a Félix Gallardo y te garantizo que en menos de seis meses se termina la violencia”.

• Drogas • Inseguridad / Crimen • Impunidad

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