LUNES, 26 DE JUNIO DE 2006
Pregunta al lector

¿Usted cree que la economía mexicana entrará en recesión en los próximos meses?
No
No sé



“Incluso si la ausencia de gobierno realmente significara anarquía en un sentido negativo y desordenado, que está lejos de ser el caso, incluso entonces, ningún trastorno anárquico podría ser peor que la posición a la que el gobierno ha dirigido a la humanidad.”
Leon Tolstoy

Arturo Damm







“Usted, congruente lector, no puede votar por la izquierda si usted concuerda con 7 principios universales de "buen gobierno".”


Respóndame usted, lector, si está de acuerdo con los siete principios universales del buen gobierno, apuntados, en el siglo XIX, por Abraham Lincoln:

 

1)      “No se puede alcanzar la prosperidad combatiendo el ahorro”.

2)      “No se puede ayudar al asalariado derribando al patrón”.

3)      “No se puede promover la fraternidad humana fomentando el odio entre las clases”.

4)      “No se puede ayudar a los pobres destruyendo a los ricos”.

5)      “No se puede uno librar de sus dificultades gastando más de lo se gana”.

6)      “No se puede construir el carácter y el valor arrebatándole a un hombre su iniciativa”.

7)      “No se puede ayudar a los hombres haciendo por ellos lo que ellos deben hacer por si mismos”.

 

Si su respuesta, lector, es afirmativa, y por lo tanto considera que Lincoln tiene razón, y que el camino correcto es el del ahorro; el del respeto a los patrones; el de la no agresión contra los ricos; el de gastar solamente el ingreso que se genera; el de respetar la iniciativa individual, y el de permitir que los seres humanos hagan por sí mismos lo que deben hacer por sí mismos, entonces usted, lector, si es congruente, no puede votar por la izquierda: seis de los siete principios de Lincoln son un NO a la izquierda. Me explico.

 

Comienzo aclarando que no hay tal cosa como la izquierda, y que lo que existe son las izquierdas, desde la social democracia hasta el marxismo revolucionario. Sin embargo, bien podemos aceptar como rasgos característicos de cualquier izquierda, aunque en distinto grado, dependiendo del tipo de izquierda de que se trate, la lucha de clases, la redistribución y el estatismo.

 

La lucha de clases supone, entre otras cosas, pretender ayudar al asalariado derribando al patrón y fomentando el odio entre las clases sociales. La redistribución, es decir, el que el gobierno le quite a unos para darle a otros, supone que los receptores de la ayuda gubernamental pretenden librarse de sus dificultades gastando más de lo que ganan. El estatismo implica arrebatarle al ser humano su iniciativa y que el Estado (que para todo efecto práctico es el gobierno en turno) haga por ellos lo que ellos deberían de hacer por sí mismos y por sus dependientes económicos, por ejemplo, por sus hijos. 

 

Comparemos dos propuestas de los dos punteros: López Obrador promete que, de llegar a la presidencia, le regalará, ya sea en efectivo o en especie, un 20 por ciento más de ingreso a quienes perciban menos de 9 mil pesos mensuales; Calderón se compromete a que, si es el elegido, le prestará dinero a la gente para que, con el fin de completar su gasto, inicie su propio negocio. La propuesta de López Obrador se resume de la siguiente manera: “Extiende la mano, que yo te doy, para que, gracias a mi dádiva, puedas consumir más, aunque no hayas generado más ingreso”. La de Calderón: “Te presto dinero para que, generando más ingreso, y gracias a tu trabajo, puedas consumir más”. ¿Cuál de las dos propuestas es, desde el punto de vista económico, y de de la dignidad de la persona, la correcta?

 

Para terminar aclaro que, ¡obviamente!, no estoy en contra de que los pobres aumenten su consumo, pero sí de las propuestas que, en el mejor de los casos, alivian uno de los efectos de la pobreza (un consumo insuficiente), pero sin eliminar su causa (la incapacidad de los pobres para generar más ingreso, para lo cual se requiere del círculo virtuoso: inversión, producción, empleo, ingreso y consumo).


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