El punto sobre la i
Ago 17, 2009
Arturo Damm

"De cada cual según su capacidad, a cada cual según su necesidad.”

Karl Marx

Hay quienes han dicho que, desde el punto de vista ético, la frase de Marx apunta a lo que debe ser, pero que, analizada desde la perspectiva de la economía, es un despropósito, lo cual quiere decir que ojalá y la sociedad pudiera ordenarse según el citado principio, pero que, desafortunadamente, dado el egoísmo del ser humano, no es posible hacerlo.

 

Yo soy de los que creen que, antes de considerar la perspectiva económica, ya desde el punto de vista ético el ideal de cada uno aporte según su capacidad, para que reciba según sus necesidades, es un disparate, ya que supone, primero, robarle a alguien lo que produjo y, segundo, darle a alguien más lo que no produjo, todo lo cual, más allá de las consecuencias económicas que pueda tener en la producción de riqueza, y en la generación de ingreso, consecuencias que siempre serán negativas, viola la propiedad privada y, por ello, dado que son las dos caras de la misma moneda, la libertad individual.

 

Supongamos, uno, dos personas, A y B, que producen, medida la producción en términos monetarios, 100 y 200. Supongamos, dos, que las necesidades de A, medidas también en términos monetarios, son de 80 y las de B de 220, lo cual quiere decir que A ahorra 20 y B pide prestado 20. Según el principio marxista A tendría que darle a B 20 y B tendría que recibirlos, todo lo cual, si A, ¡voluntariamente!, le cede los 20 a B, y B, ¡obviamamte!, los recibe, no tiene nada de malo, respondiendo esas acciones a los principios de solidaridad y subsidiariedad de la Doctrina Social de la Iglesia Católica.

 

¿Pero qué sucede si A no está dispuesto a cederle voluntariamente sus ahorros a B? Que si se ha de cumplir el propósito de Marx de que cada uno aporte según su capacidad, pero que reciba según sus necesidades, el poder político, que es el poder de imponer límites a la libertad individual y a la propiedad privada, debe quitarle los 20 a A para dárselos a B, acción que probablemente B aplauda, sobre todo si es un cínico, dispuesto a que alguien más robe por él (véase, al respecto, La Ley, de Federico Bastiat), al tiempo que A la reprueba.

 

En ambos casos B recibe algo que no produjo, pero en el primero A cede parte de su producción voluntariamente, razón por la cual lo que B recibe no es efecto de un robo, sino de la caridad, mientras que en el segundo caso el poder político obliga a A entregarle parte del producto de su trabajo, para a su vez dárselo a B, razón por la cual los 20 que éste recibe son el efecto de un robo, cumpliéndose así lo ya dicho: el ideal de Marx supone, primero, robarle a uno lo que produjo y, segundo, darle a otro lo que no produjo, todo lo cual es reprobable, tanto desde el punto de vista ético, como económico.

 

Más allá de las consideraciones anteriores, el ideal marxista enfrenta, primero, un grave problema: ¿quién, y con qué vara, va a medir las necesidades de dada quien?, y, segundo, un interesante dilema: ¿qué sucede si lo producido entre todos no alcanza para satisfacer las necesidades de cada cual?

 

¿Cuál es la contrapartida liberal a la frase de Marx? Propongo la siguiente: “Todo ser humano tiene derecho al producto íntegro de su trabajo, independientemente de cuánto haya producido”, ideal que a muchos, los socialistas, comenzando obviamente por Marx, les parece desde inmoral hasta ineficaz.

 

Por ello, pongamos el punto sobre la i.


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