LUNES, 19 DE JULIO DE 2010
El punto sobre la i
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Arturo Damm





“"Uno de los más grandes errores es juzgar las políticas y programas por sus intenciones, en vez que por sus resultados.” ”
Milton Friedman

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Si las intenciones de los políticos en campaña, de los gobernantes en el poder, de los legisladores redactando y promulgando leyes, se hicieran realidad, la pobreza y la desigualdad, la injusticia y la violencia, la enfermedad y la ignorancia, los desastres y las desgracias, hubieran desaparecido hace tiempo. El hecho es que nada de ello, pese a las buenas intenciones de legisladores, gobernantes y políticos, ha desaparecido, y bien puede darse el caso de que pobreza y desigualdad, injusticia y violencia, enfermedad e ignorancia, desastres y desgracias, persisten como consecuencia de la intención de los funcionarios públicos de combatir tales males.

En el caso de muchas políticas públicas, y de muchos programas gubernamentales, el resultado que se obtiene resulta contrario al originalmente buscado, tal y como sucede, por ejemplo, con las acciones que los gobernantes emprenden para combatir la pobreza, sin promover, entre los pobres, la creación de riqueza, con lo cual solamente consiguen aliviar algunos de los efectos de la pobreza (por ejemplo: el hambre), sin eliminar su causa (por ejemplo: la incapacidad para comprar alimentos).

Si todas las intenciones del último gobernante, expresadas durante su campaña electoral, se hubieran hecho realidad, hoy la realidad sería, para bien, muy distinta de la que es, siendo que no es así. Al comparar los resultados obtenidos con las intenciones expresadas, convertidas en promesas de campaña, resulta evidente la deuda que el gobernante tiene con los gobernados, sobre todo con quienes, en su momento, votaron por él, gobernados a quienes no les queda otra opción más que esperar al próximo candidato, escuchar cuáles son sus intenciones, poner atención a sus promeses de campaña, y decidir si votan o no  a favor de él, mientras aquel que fue incapaz de hacer realidad sus intenciones, el gobernante saliente, deja el poder sin que haya manera de llamarlo a cuentas por las promesas incumplidas. ¿Qué tenemos? Irresponsabilidad.

Se trata de una, ¡de las muchas!, imperfecciones de la democracia, que nos permite premiar, con nuestro voto, al candidato, y hacerlo únicamente en función de sus intenciones y promesas, pero que no hace posible castigar al gobernante saliente, y hacerlo en función de sus promesas incumplidas, de sus intenciones fallidas, fallas e incumplimientos que muchas veces lo son porque el que mucho abarca poco aprieta, ¡y vaya que los gobiernos de hoy abarcan mucho!, llevando a cabo tareas que, bien vistas, nada tienen que ver con la acción de gobernar, como son, desde el mecenazgo a favor de las artes hasta la promoción del deporte, desde la extracción de petróleo hasta la educación de la gente, desde la construcción de playas artificiales, en el verano, hasta la construcción de pistas de patinaje sobre hielo, en invierno, y un largo etcétera. El que mucho abarca, ¿cuánto aprieta?

Con relación a cualquier política pública, cualquier programa gubernamental, cualquier ley, no se debe limitar la pregunta a las intenciones de los políticos, gobernantes o legisladores, debiéndose preguntar también por las consecuencias que dichas leyes, programas o políticas tendrán una vez que han sido promulgadas, practicados o realizadas, ya que, tal y como lo muestra la ciencia económica, la intención puede ser buena pero el resultado malo, y pongo el ejemplo típico: el control de precios que, si se practica con el fin de beneficiar a los consumidores, razón por la cual el precio se fija por debajo del de mercado, termina beneficiando, dado que  genera escasez, a solamente algunos consumidores y perjudicando al resto, de la misma manera que, si se practica con el fin de beneficiar a los productores, motivo por el cual el precio se fija por arriba del de mercado, termina favoreciendo, dado que  genera sobreproducción, a solamente algunos productores y afectando al resto, algo que cualquier estudiante de primero de economía sabe.

Por ello, pongamos el punto sobre la i.

 


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