LUNES, 23 DE AGOSTO DE 2010
El punto sobre la i
¿Considera usted que, en caso de logar su registro, “México Libre” es una alternativa viable para tener una oposición fuerte?
No
No sé

Arturo Damm





“Sólo hay una justicia, la que consiste en dar a cada cual lo suyo, y cualquier calificativo a la justicia tiende a causar conflictos y a destruir la justicia misma.”
Manuel Ayau

Untitled Document

Entre los sustantivos que no aceptan adjetivos se encuentra, de manera importante, el sustantivo justicia, lo cual quiere decir, como lo señala Ayau, que justicia sólo hay una, la que el jurista latino Ulpiano definió como la constante y perpetua voluntad de dar a cada uno su derecho – Iustitia est constans el perpetua voluntas ius suum cuique tribuendi – o, dicho de manera más apropiada, como la voluntad de respetar, más que de dar, el derecho de los demás, derecho que puede ser natural, aquel con el que el ser humano nace (por ejemplo: el derecho a la vida), o contractual, consecuencia del acuerdo voluntario (por ejemplo: el derecho que el comprador tiene de recibir, de parte del vendedor, y a cambio del precio pagado, una cierta mercancía).

Todo derecho implica una obligación, negativa, en el caso de los derechos naturales, positiva, en el de los contractuales. El derecho natural de A a la vida supone la obligación de B de no matarlo, obligación negativa. El derecho contractual del comprador de recibir, a cambio del precio pagado, la mercancía, supone la obligación del vendedor de sí proporcionársela, obligación positiva. Relacionada con el derecho, la obligación negativa supone la prohibición de hacer el mal (matar), y la positiva el deber de hacer el bien (entregar al comprador, de parte del vendedor, la mercancía comprada). Cumplir con tales obligaciones es tanto como cumplir con la justicia, ya que dicho cumplimiento implica el respetar derechos.

La justicia supone la obligación moral (es decir: libremente aceptada), de no dañar a los demás, respetando sus derechos naturales a la vida, libertad y propiedad, obligación negativa cuyo cumplimiento debe ser exigido por la fuerza. También supone la obligación moral de beneficiar a los demás, respetando sus derechos contractuales, obligación positiva cuyo cumplimiento, también, debe ser impuesto por la fuerza. Lo primero quiere decir que, de darse el caso, debe usarse la fuerza para evitar que unos violen los derechos de otros, y lo segundo implica que, de llegarse a tal extremo, se debe usar la fuerza para conseguir el cumplimiento de los contratos. En ambos casos se trata de justicia sin más, definida como la voluntad de respetar los derechos, mismos que son, o naturales, o contractuales. Con los primeros se nace, los segundos se deciden; los primeros suponen obligaciones negativas: no harás el mal, los segundos positivas: sí harás el bien.

¿Qué sucede cuando el poder político obliga a unos a hacerles el bien a otros, es decir, cuando les impone a los primeros, con relación a los segundos, una obligación positiva - “¡Hazles el bien!” – ya sea de manera directa, destinando trabajo a su favor, ya indirecta, destinando parte del fruto de su trabajo en su beneficio, que es lo que sucede cuando el gobierno redistribuye, es decir, cuando obliga a unos a entregarle parte del producto de su trabajo para dárselo a otros? ¿Qué sucede cuando el poder político obliga a unos a hacerles el bien a otros? Lo que sucede es que, disfrazándola de justicia social, ¡el sustantivo ha sido adjetivado!, el poder político comete una injusticia, cumpliéndose lo que señala Ayau: la destrucción de la justicia, misma que se destruye cuando se la concibe y practica como justicia social, que se define como la constante y perpetua voluntad de darle a unos, habiéndoselo quitado previamente a otros, lo que no les corresponde, definición de justicia social que es la antítesis de la definición de justicia.

El poder político debe, en aras de la justicia, obligar a A a entregarle a B el bien C, siempre y cuando A se haya comprometido, voluntariamente, por medio de un contrato, a hacerlo. Pero el poder político no debe, en aras de la justicia social, ¡aunque puede, y porque puede lo hace!, obligar a A a entregarle a B el bien C, si A no se comprometió, libremente, de manera contractual, a hacerlo. Lo primero es hacer valer la justicia, lo segundo violarla.

La justicia, o es justicia sin más, o no es justicia, y si no es justicia entonces es, por definición, injusticia, misma que hoy es, de parte de quienes detentan el poder político, la regla.

Por ello, pongamos el puto sobre la i.


 Comentarios al artículo...
Comments powered by Disqus