LUNES, 9 DE AGOSTO DE 2010
El punto sobre la i
¿A quiénes deben ir dirigidos los apoyos por parte del gobierno en esta crisis provocada por el Covid19?
A las personas
A las empresas
Sólo a las Pymes
A todos
A nadie

Arturo Damm





“Una clase de políticos profesionales estará animada, no por el espíritu de la sociedad, sino por el espíritu de la clase política.”
Alexander Broadie

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Lo que al final de cuentas anima a los políticos profesionales, sobre todo si han logrado consolidar, dentro de los márgenes de la sociedad en la que operan, lo que se entiende por clase social, son los intereses de la misma, el principal de los cuales es, sin duda alguna, permanecer en el poder, y por lo tanto con el poder, que es el poder para limitar (en el mejor de los casos) o eliminar (en el peor) la libertad individual y la propiedad privada.

Permanecer en el poder es, para la clase política, permanecer con el poder, que es el poder para eliminar o limitar la libertad individual y la propiedad privada de los gobernados, con el fin de mantener y expandir la libertad y la propiedad de los miembros de la clase política, desde burócratas de oficina hasta legisladores de curul, lo cual poco tiene que ver con lo que Broadie llama espíritu de la sociedad  y mucho con lo que califica como espíritu de la clase política, mismo que muchas veces no pasa de ser interés pecuniario de la clase política.

Partiendo del hecho de que libertad y propiedad son las dos caras de una misma moneda, ya que la condición de posibilidad de la libertad (por ejemplo: para consumir) es la propiedad (por ejemplo: del ingreso), el cobro de impuestos supone limitar, en exactamente la misma cantidad de los tributos cobrados, la propiedad del contribuyente, y por ello su libertad, al mismo tiempo que supone expandir, en exactamente la misma cantidad de los impuestos recaudados, la propiedad del político, gobernante, burócrata, legislador, funcionario público, etc., parte de la cual puede redistribuirse a favor de las distintas clientelas presupuestarias con las que cuentan, cuyos intereses están ligados a los intereses de los políticos encargados de manejar los recursos destinados a la mentada redistribución.

Alguien dijo, con el mismo espíritu que anima la frase de Broadie, que la política es algo tan importante que, por ningún motivo, debe dejarse en las manos exclusivas de los políticos, entendiendo por tales a los políticos profesionales, quienes cobran por lo que hacen. La política, más que profesión de unos cuantos, debe ser vocación de todo ciudadano. Es más: en el concepto de ciudadano está implícito el de político, sobre todo si por tal entendemos al interesado por los asuntos de la polis, es decir, de la ciudad, y ese es, por definición, el ciudadano, quien no es el que vive en la ciudad, sino el que se interesa por resolver los problemas de la ciudad, que son problemas de todos. La participación en la solución de dichos problemas, ¡ya lo dijo Platón!, debería ser gratuita, con la única recompensa de haber solucionado el problema, gratuidad en la participación de la solución de los problemas comunes que evita el surgimiento del político profesional, distinto del ciudadano,  y de la clase política, distinta de la clase ciudadana.

Lo contradictorio de la clase política, es decir, del conjunto de políticos profesionales, es que, en muchas ocasiones, actúa en función de sus intereses, y no de los intereses de los ciudadanos, cuando la política debe ser el esfuerzo por solucionar los problemas que, como tales, tienen los ciudadanos, problemas que son los de la ciudad, dificultades que son las de la polis, apuros y aprietos que deben solucionar los ciudadanos afectados, no los políticos interesados.

Por ello, pongamos el punto sobre la i.


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