LUNES, 2 DE AGOSTO DE 2010
El punto sobre la i
¿A quiénes deben ir dirigidos los apoyos por parte del gobierno en esta crisis provocada por el Covid19?
A las personas
A las empresas
Sólo a las Pymes
A todos
A nadie

Arturo Damm





“"Toda la magia de una sociedad bien ordenada es que cada hombre trabaja para los demás, creyendo que está trabajando para sí mismo."”
Mirabeau

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¿Cuál es una sociedad bien ordenada? Aquella en la cual se respetan los derechos naturales de la persona a la vida, la libertad y la propiedad, razón por la cual, partiendo de la división del trabajo, y por lo tanto del hecho de que la mayor parte de los bienes y servicios que cada uno necesita para satisfacer sus necesidades son propiedad de alguien más, es el intercambio, y no la benevolencia del que da limosna, ni la violencia del que toma lo que no es suyo, la manera correcta de acceder a los bienes y servicios que necesitamos.

Partiendo de la división del trabajo, que supone, uno, que A produce manzanas y B peras; dos, que A produce más manzanas de las que necesita, de la misma manera que B produce más peras de las que consume; tres, que A quiere peras y B necesita manzanas, y, cuatro, que A está dispuesto a dar, a cambio de la peras que necesita las manzanas que le sobran, de la misma manera que B está depuesto a recibir, a cambio de las peras que le sobran, las manzanas que quiere; partiendo, repito, de la división del trabajo, si A quiere peras tiene que trabajar, produciendo manzanas, en beneficio de B, quien quiere manzanas, de la misma manera que, si B quiere manzanas, tiene que trabajar, produciendo peras, en beneficio de A, quien quiere peras, aunque tanto A y B busquen, en primera instancia, su beneficio, y no el de B, en el caso de A, ni el de A en el caso de B.

Sin embargo, y en ello consiste la magia de la que habla Mirabeau, si A ha de obtener un beneficio debe beneficiar a B, de la  mima manera que si B ha de obtener una ganancia debe favorecer a A, todo ello en el marco de una sociedad bien ordenada, en la cual se respetan los derechos de las personas, comenzando por la propiedad, lo cual supone, uno, que si A, productor de manzanas, quiere peras, producidas por B, y por lo tanto propiedad de B, debe ofrecerle algo a cambio, algo que B valore más que las peras que A necesita y, dos, que si B, productor de peras, quiere manzanas, producidas por A, y por lo tanto propiedad de A, debe ofrecerle algo a cambio, algo que A valore más que las manzanas que B necesita. Una vez realizado el intercambio, por el cual A recibe peras que valora más que las manzanas que dio a cambio, y B recibe manzanas que valora más que las peras que dio a cambio, el nivel de bienestar de ambas partes resulta mayor, lográndose el bien común: bien, porque A y B valoran más lo que reciben que lo dan, común, porque el bien se logra para las dos partes involucradas en el intercambio.

En una sociedad bien ordenada, en la cual, supuesta la división del trabajo, la obtención de los bienes y servicios se logra por medio del intercambio, no de la benevolencia, y tampoco de la violencia, cada uno, si ha de obtener un beneficio, debe beneficiar a alguien más. El fin es el beneficio propio (A obteniendo de B, en beneficio propio, peras que valora más que las manzanas que da a cambio) y el medio el beneficio del otro (A dándole a B, en beneficio de B, manzanas que valora más que las peras que da a cambio). ¿De qué se trata? De un juego de suma positiva. ¿Cuál es el resultado? El bien común: mayor bienestar (bien) de las dos partes involucradas (común).

Al final de cuentas Mirabeau hace referencia a lo que Adam Smith llamó la mano invisible, que nos lleva, aunque no forme parte de nuestras intenciones, a beneficiar, ofreciéndole algo que valora, a quien posee aquello que nosotros valoramos, y por lo cual estamos dispuestos a dar algo a cambio. Así las cosas, la mano invisible convierte el interés propio en el beneficio de alguien más, siempre y cando el interés propio se logre dentro del marco ético del intercambio o, dicho en términos de Mirabeau, dentro de los límites de la una sociedad bien ordenada que, por lo general, la intervención del gobierno acaba desordenando, sobre todo cuando el gobernante cree saber, mejor que los participantes, cuál es el mejor resultado posible en el mercado, mercado que es la relación de intercambio, de manzanas por peras, entre A y B, no existiendo mejor resultado, ni desde el punto de vista económico, ni desde la perspectiva de la justicia, que aquel al que, libremente, llegaron A y B. Esa es la esencia de una sociedad bien ordenada.

Por ello, pongamos el punto sobre la i.


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