LUNES, 14 DE FEBRERO DE 2011
El punto sobre la i
¿A quiénes deben ir dirigidos los apoyos por parte del gobierno en esta crisis provocada por el Covid19?
A las personas
A las empresas
Sólo a las Pymes
A todos
A nadie

Arturo Damm





“El bien y el mal no existen si no hay libertad para desobedecer.”
Erich Fromm

La libertad, desde el punto de vista óntico, consiste en la facultad del ser humano para decidir y elegir, siendo la decisión una elección simple, entre dos opciones, por ejemplo: sí o no (vas al cine, ¿sí o no?), al tiempo que la elección es una decisión compleja, entre tres o más opciones, por ejemplo: esto, aquello o lo otro (sí vas al cine, ¿ a ver cuál película: Temple de acero, El peleador, El cisne negro o El gran concierto?)

La libertad es el poder del ser humano para escoger, entre dos bienes, de entre los cuales escogerá el mayor; entre dos males, de entre los cuales escogerá el menor, que con relación al mayor resulta un bien; entre un mal y un bien, de entre los cuales escogerá el bien, de tal manera que, por lo menos desde la perspectiva del sujeto que escoge, éste siempre lo hace en función del bien, aunque objetivamente ese bien no sea tal. Ya lo decía San Pablo: hago el mal que no quiero y quiero el bien que no hago.

El bien y el mal moral, que son la consecuencia de la acción humana, son morales porque son producto de la escogencia del ser humano, quien tiene la capacidad, no solamente para hacer el bien, y también el mal, sino para escoger el uno o el otro, ¡algo muy distinto! Por ejemplo: la naturaleza tiene la capacidad para, por medio de la lluvia, hacer el bien, lo que sucede siempre que llueve cuando y cuanto debe; pero siempre que llueve cuando no debe, y en cantidades mayores a las que debe, el resultado es el mal. La naturaleza tiene la capacidad para hacer el bien o el mal, pero no tiene la facultad para decidir si hace lo uno o lo otro, facultad que es propia del ser humano.

Queda claro que el bien y el mal moral no existirían si el ser humano no tuviera la facultad de decisión y elección. Aclarado este punto no deja de llamar la atención lo que dice Fromm en el sentido de que el mal y el bien no existirían si no hubiera libertad para desobedecer, lo cual no quiere decir que el bien resulte de la obediencia, y el mal de la desobediencia, ya que bien puede ser al revés: que el mal sea consecuencia de la obediencia, y que el bien sea el resultado de la desobediencia. Todo depende de que sea aquello respecto a lo cual se exige obediencia, obediencia que puede dar como resultado, por ejemplo, una injusticia, siendo que en tal caso la justicia demanda desobedecer, desobediencia que entonces daría como resultado un bien: la no comisión de una injusticia.

Sin embargo, bien analizada, la frase de Fromm resulta contradictoria, ya que un poder arbitrario puede prohibir la desobediencia, exigiendo total y absoluto sometimiento, prohibición que es un mal, y que lo seguirá siendo mientras se obedezca tan arbitraria prohibición. Dicho de manera más sencilla: la no libertad, que no puede ser más que proscripción virtual de la misma, nunca eliminación real; que no puede ser más que prohibición arbitraria y/o sujeción despótica; que nunca será la anulación efectiva de la facultad del ser humano para decidir y elegir,  es un mal, producto, no de la libertad, sino de su prohibición.

Por ello, pongamos el punto sobre la i.

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