DOMINGO, 24 DE ABRIL DE 2011
El punto sobre la i
¿Considera usted que, en caso de logar su registro, “México Libre” es una alternativa viable para tener una oposición fuerte?
No
No sé

Arturo Damm





“Perjudicar a quien va bien con el fin de impulsar al que no es una pésima política..., muy socorrida en la política.”
Francisco Calderón

¿Qué sucede cuando el gobierno, con el fin de ayudar a alguien, perjudica a alguien más? Viola uno de los principios básicos del buen gobierno: la neutralidad. La acción gubernamental debe ser lo más neutral posible, lo cual quiere decir que, de entrada, debe tratar a todos los gobernados por igual, para lo cual debe limitarse, tal y como corresponde al gobierno que actúa dentro de los límites del Estado de Derecho, a reconocer, definir y garantizar derechos, no a promover intereses (gobierno mercantilista), ni tampoco a satisfacer necesidades (gobierno socialista). Cada vez que el gobierno promueve los intereses de algún grupo de gobernados (por ejemplo: empresarios), o satisface las necesidades de algún otro (por ejemplo: los pobres), el resultado es la violación de derechos de otros gobernados y, por ello, la pérdida de neutralidad, principio del buen gobierno (hasta donde el gobierno puede ser bueno).

¿De qué manera puede el gobierno ayudar a unos perjudicando a otros? Prohibiendo el crecimiento y al expansión de quienes, en el mundo empresarial, han logrado ser más productivos (hacer más con menos) y más competitivos (hacerlo mejor que los demás) que el resto, mayor productividad que se traduce en mayor competitividad, que da como resultado menores precios, mayor calidad y mejor servicio, todo en beneficio de los consumidores.

El “problema” es que las empresas que logran (entre otras causas por las economías de escala: la reducción en los costos consecuencia del crecimiento) más productividad y mayor competitividad son empresas grandes, mal vistas, no sólo por quienes tienen que competir con ellas, sino por los demagogos, a quienes encontramos en campos que van desde el periodismo hasta el gobierno, desde la academia hasta las organizaciones sociales no gubernamentales, que en muchas ocasiones se oponen a que esas empresas se expandan por la competencia que la expansión traería consigo, y la amenaza que dicha competencia representaría para los menos productivos y menos competitivos, a quienes los demagogos pretenden proteger. ¿De qué? De la competencia y, por ello, de la condición indispensable para lograr, por la vía de una mayor productividad, una mayor competitividad – menores precios, mayor calidad y mejor servicio -, todo ello en beneficio de los consumidores.

Impedirle a quien le va bien que le vaya mejor, sobre todo en el ámbito empresarial, además de ser una arbitrariedad, no da como resultado que a los que les va mal les vaya mejor: podrán no empeorar, pero no mejorarán, y no lo harán porque, al limitar o prohibir la competencia, se reduce o elimina la única causa eficaz de la productividad y la competitividad que es, ¡obviamente!, la competencia.

Demagogo (periodista, gobernante, intelectual, luchador social, etc.) que, por ejemplo, se opone a la apertura, en determinada zona, de la sucursal de una cadena de grandes tiendas de autoservicio, con el fin de proteger de la competencia a las tiendas pequeñas que han operado en dicha localidad “toda la vida” (estanquillos, misceláneas, comercios ambulantes, etc.), a lo que se opone es a la competitividad y a la productividad, a menores precios, mayor calidad y mejor servicio, a la posibilidad de que los consumidores incrementen su nivel de bienestar, lo cual es un despropósito que atenta en contra de la economía, entendida como economizar, como hacer más con menos, como productividad, que es efecto del ingenio y el esfuerzo humano, y causa de que, con paso firme, vayamos viviendo, por lo menos desde el punto de vista de la oferta de más y mejores bienes y servicios, mejor.

Por ello, pongamos el punto sobre la i.


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