LUNES, 31 DE OCTUBRE DE 2011
El punto sobre la i
¿Considera usted que, en caso de logar su registro, “México Libre” es una alternativa viable para tener una oposición fuerte?
No
No sé

Arturo Damm





“Síntoma de vitalidad de una economía es la constante desaparición de negocios, reemplazados por otros mejores.”
Manuel Suárez

Una buena manera, la de Suárez, de enunciar lo que Schumpeter llamó el proceso de destrucción creativa, por el cual lo bueno sustituye a lo malo, lo mejor desplaza a lo bueno, y lo excelente saca del mercado a lo mejor, proceso de destrucción creativa que tiene que ver con la dimensión cualitativa del progreso económico, definido como la capacidad para producir más (dimensión cuantitativa), y mejores (dimensión cualitativa) bienes y servicios, para un mayor número de gente (dimensión humana), al grado de poder afirmar que el progreso económico, así definido, es sinónimo de destrucción creativa, consistiendo lo creativo en la invención de mejores maneras de satisfacer las necesidades de los consumidores, y lo destructivo en la desaparición, del mercado, de los bines y servicios que han sido sustituidos por otros mejores, todo lo cual es muestra de economía (hacer un mejor uso de los factores de la producción), de productividad (hacer más con menos), pero sobre todo de competitividad (hacerlo mejor que los demás), en beneficio de los consumidores (consiguen, no solamente más bienes y servicios, sino mejores bienes y servicios, ofrecidos a menor precio, con mayor calidad y mejor servicio) y de los empresarios (en la medida en la que mejor sirvan al consumidor mayores serán sus ganancias).

¿Quién es el motor del progreso económico? ¿Quién es la causa eficiente del proceso de destrucción creativa? ¿A quién se le debe esa vitalidad, esa constante desaparición de negocios reemplazados por otros mejores? Al empresario capaz de inventar mejores maneras de satisfacer las necesidades de los consumidores; capaz de reemplazar negocios buenos por otros mejores; capaz de poner en marcha el proceso de destrucción creativa; capaz de iniciar y mantener, a lo largo de un camino que parece no tener fin, y por un tiempo que parece ser infinito, el progreso económico.

¿De quién es la capacidad con la que se inicia la definición de progreso económico? Del empresario. ¿En qué consiste esa capacidad? En el poder para inventar mejores maneras de satisfacer las necesidades de los consumidores. ¿Qué supone esa capacidad? El poder para beneficiar a los consumidores, el poder para elevar su nivel de bienestar, el poder para ayudarlos a vivir mejor.

Dicho todo lo anterior, ¿de quién depende, en primera instancia, esa vitalidad de la que habla Suárez? Del empresario, capaz de iniciar y mantener, a lo largo de un camino que parece infinito, y por un tiempo que parce no tener fin, el progreso económico; capaz de reemplazar negocios buenos por otros mejores; capaz de poner en marcha el proceso de destrucción creativa; capaz de inventar mejores maneras de satisfacer las necesidades de los consumidores. Del empresario capaz de beneficiar, en la búsqueda de su ganancia, a los consumidores, sin olvidar que consumidores somos todos.

Ante el proceso de destrucción creativa, ¿qué debe hacer el gobierno? En primer lugar no impedirlo (por ejemplo: no imponiendo medidas mercantilistas de protección a la industria nacional) y, en segundo término, facilitarlo (por ejemplo: redactando y promulgando una ley de quiebras eficaz). ¿Nada más? ¡Nada más!, para lo cual se debe tener claro que, si lo “feo” de dicho proceso es la parte de la destrucción (contra la cual muchos empresarios piden ayuda al gobierno), lo “bonito” es la parte de la creatividad (a favor de la cual están los consumidores), sin olvidar que la condición para lo segundo (que haya mejores mercancías en los mercados) es lo primero (que desparezcan los bienes y servicios no tan buenos).

Por ello, pongamos el punto sobre la i.


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