El punto sobre la i
Mar 25, 2012
Arturo Damm

No puede haber semejante cosa en las leyes o en la moral: acciones prohibidas a un individuo y permitidas a una muchedumbre.

Ayn Rand

Una acción no debe ser calificada, ni por la identidad del agente, ni por el número de gente, que la lleve a cabo, sino por su propia naturaleza, algo que, cuando de la conducta de los gobernantes se trata, simple y sencillamente se pasa por alto, dado el velo (por llamarlo de alguna manera), que los gobernantes han desplegado frente a sus acciones, lo cual impide que los gobernados vean, con claridad, lo que está pasando. Buen ejemplo de todo esto son las acciones redistribuidoras del gobierno. Lo que el gobierno prohíbe a los gobernados acaba haciéndolo. ¿A qué me refiero? Al robo.

Una de las tareas esenciales del gobierno es prohibir (ojalá y pudiera evitarlo, pero no puede) y prevenir (prevención que, por más honesto que sea el gobierno, nunca será cien por ciento eficaz), que unos le roben a otros, es decir, que unos, bajo amenaza, obliguen a otros a entregarle parte del producto de su trabajo, conducta que el gobierno le prohíbe a sus gobernados, comportamiento que el gobierno previene entre sus gobernados, prohibición y prevención que se aceptan como condiciones necesarias de la convivencia civilizada, uno de cuyos preceptos es No robarás, sin olvidar que la propiedad privada es la condición de posibilidad de la liberad individual, de tal manera que el No robarás implica, por añadidura, el No esclavizarás.

Apuntado lo anterior preguntémonos ¿qué es lo que hace el gobierno cuando redistribuye? Les quita a unos para darles a otros. ¿Cómo? Cobrando impuestos, es decir, obligando a los contribuyentes a entregarle parte del producto de su trabajo para dárselo a alguien más, cobro de impuesto que, así definido, ¿y de qué otra manera definirlo?, es lo mismo que robo: obligar a alguien, bajo amenaza, a entregar parte del producto de su trabajo. Llegados a este punto seguro que más de un lector, incluidos liberales, pondrá el grito en el cielo preguntándose cómo es posible que iguale el cobro de impuestos al robo, puesta del grito en el cielo que será consecuencia de la eficacia del velo mentado unos párrafos antes, velo por obra y gracia del cual los gobernados no ven, con claridad, lo que realmente hace el gobierno. Lo que pasa cuando el gobierno redistribuye es lo que Bastiat llamó robo legal, adjetivo legal que no le quita lo injusto al sustantivo robo.

Si la ley le prohíbe a X robarle a Y para darle de desayunar a su hijo, ¿por qué la ley sí le permite al gobierno cobrarle impuestos a Y para pagar el desayuno escolar del hijo de X? En el primer caso X obliga a Y a entregarle, bajo amenaza, parte del producto de su trabajo, para que X pague el desayuno de su hijo. En el segundo el gobierno obliga a Y a entregarle, bajo amenaza, parte del producto de su trabajo, para que el gobierno pague el desayuno escolar del hijo de X. Más allá de la diferencia obvia, ¿hay alguna esencial? No, en ambos casos se trata de robo, ilegal en el primero, legal en el segundo, momento de insistir en lo ya escrito: 1) el adjetivo legal no le quita lo injusto al sustantivo robo; 2) una acción no debe ser calificada por la identidad del agente sino por su propia naturaleza, y robar es robar, al margan de quién, y de cómo, lo haga.

Lo que una persona no debe hacer directamente – obligar a otro a entregarle parte del producto de su trabajo -, ¿lo debe hacer por medio del gobierno? No, y sin embargo a eso es a lo que, de manera principal, se dedican los gobiernos.

Por ello, pongamos el punto sobre la i.


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