El punto sobre la i
Abr 1, 2012
Arturo Damm

A y B se reúnen para decidir lo que C debe hacer por el bien de D.

William Graham Sumner

¿Qué es, en esencia, a lo único a lo que, con justicia, se puede, ¡y debe!, obligar al ser humano?, pregunta ésta, dicho sea de paso, central para la filosofía política y la filosofía del Derecho, y de cuya respuesta correcta depende la convivencia verdaderamente civilizada, aquella en la que, sin concesiones, se respetan, ¡y se hagan respetar!, los derechos de las personas a la vida, la libertad individual y la propiedad privada.

En esencia a lo único a lo que, con justicia (que es la voluntad de respetar los derechos de los demás), se puede, ¡y debe!, obligar a los seres humanos es, uno, a no dañar a otros seres humanos; dos, a resarcir a aquellas personas a quienes se haya dañado; tres, a cumplir el castigo por haber perjudicado a otros seres humanos. ¿A nada más? A nada más, cometiéndose una injusticia si se le obliga a cualquier otra cosa, tal como sucede habitualmente con los gobiernos, quienes obligan a los gobernados a mucho más de lo que deberían obligarlos, no porque tengan el derecho para hacerlo, ¡que no lo tienen!, sino porque tienen el poder para llevarlo a cabo, algo muy distinto, injusticia a la que hace referencia la frase de Sumner, consecuencia de confundir derecho con poder, derecho que sirve, precisamente, para limitar el poder, límite que se desvanece cuando se confunde poder con derecho, confusión que aqueja a todos los gobiernos.

A y B, gobernantes, se reúnen para decidir lo que C, contribuyente, debe hacer por el bien de D, cineasta, y deciden que lo C, contribuyente, debe hacer por el bien de D, cineasta, es entregarle a A y B, gobernantes, consecuencia del cobro y pago de impuestos, parte del producto de su trabajo para que, con una parte de esa parte, A y B, gobernantes, a través del Fondo Gubernamental para el Subsidio (¡perdón: la Promoción!) de la Industria Fílmica Nacional, el FGPIFN (nótese que ya sustituí subsidio por promoción) promover (¡de hecho subsidiar!) la filmación de la próxima película de D, el cineasta.

¿Qué es lo que, al final de cuentas, o por principio de ellas, están haciendo los gobernantes A y B? Obligando al contribuyente C a ayudar al cineasta D, obligación indirecta, por intermediación del gobierno, pero obligación al final de cuentas. ¿Cómo le llamaríamos al hecho de que D, el cineasta, directamente, a punta de pistola, obligara a D, el contribuyente, a entregarle parte del producto de su trabajo para pagar por la filmación de su próxima película? ¿Robo? Claro que sí, ¡robo! ¿Por qué, si en vez de hacerlo el cineasta D, lo hacen los gobernantes A y B, ya no se le llama robo sino promoción (de hecho subsidio)? ¿Hay alguna diferencia esencial entre lo que directamente hace el cineasta D y lo que indirectamente hacen los gobernantes A y B, en ambos casos a favor de D, el cineasta? No, no la hay.

Este caso, ¡qué es real y se repite en muchos países!, no es la excepción, sino la regla, al grado de poder afirmar que el operar del gobierno se puede sintetizar, en su esencia, en la frase de Sumner - A y B se reúnen para decidir lo que C debe hacer por el bien de D -, lo cual, si aceptamos que a lo único a lo que se le debe obligar al ser humano es a no dañar a otros seres humanos, a resarcir a aquellos a quienes se haya dañado, y a cumplir el castigo por haberlos dañado, resulta injusto, por más que sea legal, tal y como lo es en la mayoría de los casos, sin que en la mayoría de dichos casos las víctimas - el contribuyente C -, estén conscientes de lo que realmente pasa. Parece ser que, por ser el gobierno quien impone la obligación de hacer el bien, esta obligación es justa, como si la calidad de una acción dependiera, no de la naturaleza de la conducta misma, sino de la identidad del agente, lo cual nunca es cierto y nunca debe aceptarse como tal.

Por ello, pongamos el punto sobre la i.


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