LUNES, 9 DE ABRIL DE 2012
El punto sobre la i
¿Considera usted que, en caso de logar su registro, “México Libre” es una alternativa viable para tener una oposición fuerte?
No
No sé

Arturo Damm





“En cualquier espacio poseído privadamente el propietario debe ser capaz de dictar las reglas del juego.”
Aeon Skoble

Desde el momento en el que los gobiernos pretenden ser más que gobiernos, y limitarse a garantizar la seguridad contra la delincuencia, y de fallar en el intento impartir justicia, las violaciones a los derechos de los gobernados han estado a la orden del día, consecuencia de los gobiernos ángel de la guarda, que pretenden preservar a los gobernados de todos los males, ¡inclusive de aquellos que sean capaces de hacerse a sí mismos!, y de los gobiernos hada madrina, cuya intención es concederle a los gobernados todos los bienes, gobierno hada madrina que viola el derecho a la propiedad privada (lo que dicho gobierno le da a uno previamente se lo quitó a otro), gobierno ángel de la guarda que viola la libertad individual (al pretender preservar a los gobernados de todos los males les prohíbe mucho más que dañar al prójimo), violaciones que en muchos casos pasan desapercibidas y en muchos otros se confunden con la justa defensa de legítimos derechos, tal y como sucede, un ejemplo entre muchos, con la prohibición para fumar en lugares mal llamados públicos, tal y como es el caso de los restaurantes, que son lugares privados, ¡poseídos privadamente!, abiertos al público, propietarios privados que deben tener la libertad para dictar las reglas del juego, público que debe tener la libertad para, conociendo cuáles son las reglas del juego, entrar o no entrar en a esos lugares. Pedir más supone comenzar a transitar por el camino de las arbitrariedades gubernamentales, camino del cual siempre resulta difícil retornar.

Una de las características esenciales de la propiedad privada es el poder disponer de ella para cualquier fin que no suponga la violación de los derechos de alguien más. Si esto es así, ¡y así debe ser!, entonces los dueños de restaurantes deben tener la libertad para dictar las reglas del juego, por ejemplo, si permiten o prohíben fumar en su negocio. Si lo prohíben, entonces los fumadores, conocedores de las reglas del juego, tienen la libertad para decidir si entran o no entran a ese establecimiento. Si lo permiten, entonces los no fumadores, sabedores de cuáles son las reglas del juego en ese restaurante, deciden libremente si entran o no.

Esta - en cualquier espacio poseído privadamente el propietario debe ser capaz de dictar las reglas del juego – es una de las reglas esenciales de la convivencia civilizada, que supone el reconocimiento pleno, la definición puntual y la garantía jurídica de la libertad individual y la propiedad privada, libertad que lo es, ante todo, para usar de la propiedad como mejor se quiera o más convenga, con un solo límite, el respeto a los derechos de los demás, afirmación que puede plantear la siguiente pregunta: el que el propietario de un restaurante permita fumar en su establecimiento, ¿no viola el derecho de los no fumadores a gozar de un “espacio libre de humo”? No, dicho derecho supone, no que no haya espacios contaminados con humo, sino que a los no fumadores no se les obligue, contra su voluntad, a estar en un espacio contaminado con humo.

Tratándose de restaurantes, y demás lugares mal llamados públicos, la libertad que hay que reconocer plenamente, definir puntualmente y garantizar jurídicamente, no es la de los potenciales comensales y asistentes, sino la del propietario, libertad que es el derecho para, en su propiedad, establecer él, y nadie más que él, las reglas del juego, sin la intromisión abusiva del gobierno, comenzando por los legisladores y su afán de reglamentarlo todo, hacedores de leyes a quienes hay que recordarles que el fin de las leyes no es ordenar la vida de los ciudadanos de la A a la Z, ordenamiento injusto (viola derechos) e ineficaz (nunca se logra el fin), sino, simple y llanamente, ¡con toda la importancia que ello tiene!, la de reconocer plenamente, definir puntualmente y garantizar jurídicamente los derechos de la persona, derechos que realmente lo sean, aclaración pertinente dada la habitual confusión entre derechos, por un lado, y necesidades y/o intereses por el otro.

Por ello, pongamos el punto sobre la i.


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