El punto sobre la i
Nov 20, 2007
Arturo Damm

Amar una cosa es conocerla y respetar su naturaleza; por lo tanto, amar al dinero es conocer y respetar el hecho de que representa lo mejor de cada uno, que es la llave maestra para intercambiar su esfuerzo por el mejor esfuerzo de los demás.

Ayn Rand
"Amar una cosa es conocerla y respetar su naturaleza; por lo tanto, amar al dinero es conocer y respetar el hecho de que representa lo mejor de cada uno, que es la llave maestra para intercambiar su esfuerzo por el mejor esfuerzo de los demás"

 

¿Cuántos seres humanos están dispuestos a afirmar, con Rand, que el dinero representa lo mejor de cada uno? No conozco la respuesta, pero me parece que no muchos, siendo que la mayoría posiblemente considera que, en el mejor de los casos, el dinero es un mal necesario, cuando se trata de todo lo contrario, un bien utilísimo, que, como lo señala Rand, representa lo mejor de nosotros.

 

¿Qué supone la división del trabajo? Que buena parte de los bienes y servicios que necesitamos para satisfacer nuestras necesidades son, de entrada, propiedad de alguien más, - quienes los produjeron -, lo cual nos plantea la siguiente cuestión: ¿cómo obtenerlos? Existen tres maneras. Primera: recurriendo a la benevolencia del propietario, es decir, pidiendo limosna. Segunda: recurriendo a la violencia, es decir, robando. Tercera: recurriendo al intercambio, ofreciendo algo a cambio de aquello que necesitamos. ¿Cuál es, tanto desde el punto de vista ético, como económico, la manera correcta de conseguir aquello que necesitamos y que, por obra y gracia de la división del trabajo, es propiedad de alguien más?

 

La benevolencia atenta contra la dignidad del que pide, y la violencia en contra de la propiedad de quien es despojado de lo suyo, razón por la cual éticamente son cuestionables, sin olvidar que en ambos casos se trata de juegos de suma cero: lo que uno (el mendigo o el ladrón) gana es exactamente lo que otro (el limosnero[1] o la víctima) pierde, razón por la cual son económicamente ineficientes. Por el contrario el intercambio es siempre un juego de suma positiva, razón por la cual ambas partes ganan, siendo económicamente eficiente, sin olvidar que las dos partes concurren voluntariamente, razón por la cual es éticamente correcto. Es más, es éticamente correcto porque es económicamente eficiente: ambas partes participan voluntariamente (corrección ética) porque las dos salen ganando (eficiencia económica), y lo hacen porque valoran más lo que reciben que lo que dan.

 

El intercambio ayuda a elevar el bienestar de quienes intercambian. ¿Qué ayuda a aumentar la eficiencia del intercambio? El dinero. ¿Qué es más eficiente, el intercambio directo – manzanas por peras -, o el indirecto – manzanas por dinero, dinero por peras -? ¿Qué es más eficiente: el trueque o el intercambio dinerario? A usted, por su trabajo, ¿cómo le gustaría que le pagaran: con dinero o en especie?

 

El dinero es el medio para potenciar la economía, a partir de la división del trabajo, hasta llegar al intercambio. La división del trabajo (tal y como lo demuestra David Ricardo, en el capítulo séptimo de sus Principios de Economía Política y Tributación, con la teoría de las ventajas comparativas) aumenta la producción. Pero no solamente eso, también incrementa (tal y como lo señala Adam Smith en el capítulo uno, del libro primero, de la Riqueza de las Naciones) la productividad del trabajo, lo cual ocasiona mayores aumentos en la producción. ¿Y de qué depende la división del trabajo? Del intercambio, sin el cual la división del trabajo resulta contraproducente. ¿Y de qué depende un mayor y más eficiente intercambio de mercancías? Del uso del dinero, es decir, del hecho de que el intercambio sea indirecto - manzanas por dinero, dinero por peras – y no directo – manzanas por peras -. Ya se ve porqué el dinero es el medio para, a partir de la división del trabajo, potenciar la economía. Porque, como señala Rand, es la llave maestra para intercambiar el esfuerzo de uno por el mejor esfuerzo de otro.

 

Vale la pena terminar esta reflexión con otra frase de Rand relacionada, también, con el dinero: “El dinero es la herramienta de los hombres que han alcanzado un elevado grado de productividad y un control de largo plazo sobre sus vidas. El dinero no es solamente una herramienta para el intercambio: mucho más importante, es una herramienta para el ahorro, que permite posponer el consumo y comprar tiempo para la producción futura. Para cumplir este requerimiento el dinero tiene que ser alguna mercancía material imperecedera, escasa, homogénea, fácil de guardar, no sujeta a fluctuaciones amplias en su valor, y siempre demandada por aquellos con quienes se comercia”.

 

Por ello, pongamos el punto sobre la i.



[1] Limosnero es quien da limosna.


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