LUNES, 26 DE NOVIEMBRE DE 2007
El punto sobre la i
¿Considera usted que, en caso de logar su registro, “México Libre” es una alternativa viable para tener una oposición fuerte?
No
No sé

Arturo Damm





“La humildad ante el conocimiento de la verdad es un ingrediente capital para fomentar la libertad y la civilidad entre los seres de una sociedad.”
Roberto Salinas

“Haz lo que yo te diga y serás feliz”, es la divisa de todo aquel que se cree capaz de ordenar la vida de los demás, y de hacerlo en el doble sentido del término: poner orden y dar órdenes, siendo que, en el caso de quienes se creen capaces de realizar tal proeza, y de obtener mejores resultados de los que se logran dejando que cada quien haga lo que le dé la gana, con el único límite de no dañar a los demás, lo primero supone lo segundo: poner orden se logra por medio de las órdenes, todas ellas sintetizadas en la mentada divisa, “Haz lo que yo te diga y serás feliz”, misma que comparten los dictadores, de cualquier origen y de todo tipo, diferencias accidentales que no ocultan, ¡y mucho menos eliminan!, la esencia que comparten: imponer su voluntad a los demás haciéndoles creer que, si hacen lo que ellos dicen terminarán siendo felices.

 

¿Qué supone afirmar ante el otro “Haz lo que yo te diga y serás feliz”? No conocer, o conocerla y negarla, la verdad acerca de la naturaleza del ser humano, una de cuyas características esenciales es la faculta para decidir y elegir y, todavía más importante, para decidirse y elegirse o, dicho en una sola palabra, para autodeterminarse, lo cual solamente es posible a partir del autogobierno, lo cual a su vez únicamente es posible a partir de autoposesión. El ser humano es capaz de determinarse a sí mismo en la medida en la que es capaz de gobernarse a sí mismo, y es capaz de gobernarse a sí mismo en la medida en la que es capaz de poseerse a sí mismo. Esta – autoposesión, autogobierno y autodeterminación – es la estructura óntica de la libertad, es decir, de la capacidad del ser humano para decidir y elegir, para decidirse y elegirse, ante la cual debemos preguntar con qué derecho alguien se atreve a decirle a alguien más “haz lo que yo te diga y serás feliz”, dicho que está a flor de labios de cualquier aspirante a dictador, dicho que, de pasar al hecho, y de hacerlo, no por aceptación de quienes serán felices, sino por la imposición de quien pretende hacerlos felices, da como resultado la esclavitud y, por ello, la barbarie, antítesis de la libertad y la civilidad de las que habla Salinas.

 

Humildad ante la verdad de lo que el ser humano es: una persona capaz de decidir y elegir, de decidirse y elegirse, de autodeterminarse, todo lo cual quiere decir que solamente puede ser feliz, no haciendo lo que otro quiere, sino haciendo lo que escoge hacer, sobre todo si aceptamos que la felicidad consiste en la más plena actualización posible de la naturaleza humana, naturaleza humana que tiene, como elemento esencial, la capacidad antes señalada: de decisión y elección; de autodeterminación. La felicidad, entendida de tal manera, comienza por la autodeterminación, que surge de la capacidad de cada uno para decidir y elegir, para decidirse y elegirse, todo lo cual es contrario a la divisa preferida de los dictadores: “Haz lo que yo te diga y serás feliz”.

 

La tentación totalitaria, es decir, la intención de que el poder político, que es el poder de eliminar o limitar la libertad y la propiedad de los gobernados, lo abarque todo, siempre supone, al menos como justificación ante quienes verán eliminada o limitada su libertad y propiedad, que si los sometidos hacen lo que el sometedor quiere serán felices, y lo serán, no porque sean capaces de autodeterminarse en función de fines individuales, sino porque son predeterminados en función de un proyecto de nación, o de Estado, o de patria, o de cualquier otra entelequia colectivista, ante la cual cualquier sacrificio personal no puede dar como resultado más que la felicidad de saber que la parte, ¡como debe ser!, se ha sacrificado a favor del todo: nación, Estado, patria, etc., todo lo cual es resultado de la soberbia del dictador ante la verdad de la naturaleza humana, ser humano que es capaz de decidir y elegir, de decidirse y elegirse, de autodeterminarse, libertad ante la cual nadie tiene el derecho de decir “haz lo que yo te diga y serás feliz”, dicho que se disfraza cada vez que los gobernantes hablan de proyectos de nación, de planes de Estado, de sacrificios por la patria y demás atentados contra la libertad y la propiedad.

 

Por ello, pongamos el punto sobre la i.


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