LUNES, 28 DE ENERO DE 2008
El punto sobre la i
¿Considera usted que, en caso de logar su registro, “México Libre” es una alternativa viable para tener una oposición fuerte?
No
No sé

Arturo Damm





“Hay comunistas que sostienen que ser anticomunista es ser fascista. Esto es tan incomprensible como decir que no ser católico es ser mormón.”
Jorge Luis Borges

Los iguales, ¿se repelen? Muy probablemente, sobre todo cuando ambos pretenden el mismo objetivo, que bien puede ser, ¡aunque nunca debería serlo!, terminar con la naturaleza humana, algo que, al final de cuentas, y pese a los muchos intentos que se han hecho, no se ha logrado, ni se logrará, consiguiéndose, únicamente, una enorme cantidad de sufrimiento, tal y como lo mostraron, en el siglo XX, el comunismo y el fascismo, que fueron “experimentos” cuyo objetivo fue cambiar la naturaleza humana, con el fin de transformar al ser humano de individuo a colectivo, algo que resulta, y siempre resultará, imposible: lo colectivo en el ser humano - por ejemplo: las relaciones de intercambio -, siempre parte de lo individual en el ser humano – que, en el caso de las relaciones de intercambio supone, de manera esencial, el egoísmo: al intercambiar bienes y servicios lo hacemos pensando en nuestro bien, no en el de la contraparte -.

 

El comunismo y el fascismo fueron, en esencia, lo mismo: proyectos que demandaron la sumisión del individuo a lo colectivo, sumisión que, si el individuo no está dispuesto a conceder, se le impone por la fuerza. El problema fue que, por lo general, el individuo no está dispuesto a someterse, más allá de cierto límite (mismo que el fascismo y el comunismo rebasaron por mucho), a lo colectivo. Comunismo y fascismo fueron, en su esencia, la misma barbaridad, pese a que unos (los comunistas o los fascistas) siempre señalaron a los otros (los fascistas o los comunistas) como su antítesis.

 

Vuelvo a la pregunta: los iguales, comunismo y fascismo, ¿se repelen? En este caso sí, repulsión que, cuando se presenta como la única alternativa, obliga al ser humano a escoger entre dos opciones que atentan en su contra, por negar, de entrada, su individualidad al pretender que se entregue, sin condiciones, a favor de la colectividad o, lo que es peor, de algún fin que no pasa de ser una entelequia, como lo puede ser la sociedad sin clases, en el caso del comunismo, o el imperio de la raza superior, en el caso del fascismo nacional socialista.

 

Afirmar, como dice Borges que hacen algunos, que quien es anticomunista es, necesariamente, fascista, es negar, de entrada, la posibilidad de cualquier otro sistema político que no sea colectivista. Es, en pocas palabras, negar la posibilidad del liberalismo; de la libertad y su contraparte: la propiedad; del individuo y su derecho de, con el único límite de no violar los derechos a la vida, libertad y propiedad de los demás, hacer lo que le dé la gana, que es la única razón que existe para hacer las cosas: en pleno  ejercicio de la libertad.

 

Decir, como lo dicen una y otra vez los izquierdistas, que ser anticomunista, o antisocialista, es muestra de que uno simpatiza con el fascismo, o de que uno milita en sus filas, supone concebir solamente sistemas colectivistas, ya sean de “izquierda” (comunismo) ya de “derecha” (fascismo), lo cual es resultado de no concebir, o no aceptar al sistema que está a favor de la libertad: el liberalismo.

 

Pero voy más allá de lo señalado por Borges. Hay muchos que confunden al liberalismo con la derecha, lo cual los puede llevar a identificar al liberalismo con el fascismo, identificación que es falsa, siendo que el fascismo está más, ¡mucho más!, cerca del comunismo que del liberalismo. Comunismo y fascismo son, en esencia, lo mismo, al buscar la sujeción del individuo a lo colectivo, siendo que la esencia del liberalismo, al buscar el respeto de lo colectivo para con el individuo, es la contraria, algo que muchos, muchos de los cuales legislan y gobiernan, no acaban de entender, siendo por ello una amenaza para el individuo, para su libertad.

 

Por ello, pongamos el punto sobre la i.

 

(Para entender la igualdad esencial entre comunismo y fascismo léase la magnífica novela de Vasili Grossman, Vida y destino. En ella un nazi le dice a un bolchevique: “Cuando nos miramos el uno al otro, no sólo vemos un rostro que odiamos, contemplamos un espejo. Ésa es la tragedia de nuestra época. ¿Acaso no se reconocen a ustedes mismos, su voluntad, en nosotros?”)


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