LUNES, 21 DE ENERO DE 2008
El punto sobre la i
¿Considera usted que, en caso de logar su registro, “México Libre” es una alternativa viable para tener una oposición fuerte?
No
No sé

Arturo Damm





“La libertad no hace felices a los hombres, los hace sencillamente hombres.”
Manuel Azaña

¿Qué es lo que hace al ser humano eso, humano, acreedor, entre otras cosas, de respeto? Puede ser que la respuesta no se agote en ella, pero sin ella la respuesta, simple y sencillamente, no tiene sentido. Me refiero a la libertad, entendida, antes que de cualquier otra manera, como la faculta que tiene el ser humano para decidir y elegir y, mucho más importante, para decidirse y elegirse, facultad que, aparentemente, tal y como lo señala Azaña, no necesariamente lo hará feliz, pudiendo darse el caso contrario, que lo haga infeliz, de entrada por las dos erres que, inevitablemente, acompañan a la libertad: riesgo y responsabilidad, sin las cuales la libertad degenera en libertinaje, por las cuales el hombre puede padecer desde la inseguridad, pasando por el miedo, hasta llegar a la angustia, todo lo cual, aparentemente, como lo apunta Azaña, es contrario a la felicidad, pero no a la humanidad.

 

Y escribo aparentemente, porque todo depende de qué se entiende por felicidad, misma que yo entiendo a la manera de Aristóteles, quien afirmó que la misma consiste en la más plena actualización posible de la naturaleza humana, lo cual resulta imposible al margen de la libertad, es decir, sin tomar en cuenta el poder del ser humano para decidir y elegir y, ¡sobre todo!, para decidirse y elegirse, decisiones y elecciones que podrán no dar como resultado la buenaventura, pero que son la esencia de eso que Aristóteles identifica como la felicidad: la más plena actualización posible de la naturaleza humana por medio, agrego yo (esperando no traicionar al pensamiento aristotélico) de la decisión y la elección.

 

Entendida la felicidad de manera aristotélica, resulta que la libertad no solamente hace al ser humano eso, humano, sino que además lo hace un ser humano feliz (no necesariamente alegre, satisfecho, despreocupado y demás condiciones por lo general asociadas con la felicidad), es decir, inmerso en el proceso de actualizar su naturaleza, de llegar a ser el ser humano que, desde la perspectiva ética, debe llegar a ser, a partir de sus decisiones y de sus elecciones, autodeterminándose, construyendo su futuro y reaccionando ante su destino, en esa dialéctica que es parte de la esencia de la existencia humana.

 

Para entender mejor mi argumento recordemos quién es, para Ortega y Gasset, el hombre masa: no el multitudinario, el perdido entre muchos, sino el inerte, aquel a quien otros mueven, aquel por quien otros deciden, aquel por quien los demás eligen, independientemente de que esté perdido entre muchos o identificado en su individualidad. El hombre masa, así definido, ¿puede ser feliz, es decir, puede actualizar lo más planamente posible sus potencias? ¿Quién es, para Ortega y Gasset, la contraparte del hombre masa? El hombre excelente, que el filósofo identifica con aquel ser humano capaz de fijarse límites y, lo más importante de todo, respetarlos o, modificando la idea orteguiana, aquel ser humano capaz de fijarse metas y, lo que verdaderamente importa, hacer todo lo que esté a su alcance para conseguirlas. El hombre excelente, así definido, ¿puede ser feliz, es decir, puede actualizar lo más planamente posible sus potencias? Que cada lector responda, según crea que debe hacerlo, cada una de estas dos preguntas.

 

La libertad hace al ser humano, no solamente humano, sino humano feliz, es decir, decidiendo y eligiendo de qué manera actualizará sus potencias, qué camino seguirá para actualizar, lo más plenamente que le sea posible, su naturaleza, algo que (y nada más veamos a nuestro alrededor), parece ser la excepción y no la regla.

 

Por ello, pongamos el punto sobre la i.


 Comentarios al artículo...
Comments powered by Disqus