LUNES, 14 DE ENERO DE 2008
El punto sobre la i
¿Considera usted que, en caso de logar su registro, “México Libre” es una alternativa viable para tener una oposición fuerte?
No
No sé

Arturo Damm





“La única forma legítima, sana y robusta para combatir la pobreza es cuando se deja que los mercados funcionen libremente, cuando las personas usan su talento propio para iniciar negocios sin que la burocracia gubernamental estorbe. Cuando se intenta acabar con la pobreza, sin usar los mecanismos del mercado, se termina por generar más pobreza.”
Santos Mercado

Para entender la afirmación de Mercado hay que tener en cuenta que a la pobreza se la puede definir como la incapacidad de la gente pobre para, por medio de un trabajo productivo, generar un ingreso suficiente que les permita, por lo menos, satisfacer sus necesidades básicas, que son aquellas que, de quedar insatisfechas, atentan contra la salud y la vida.

 

Aceptado lo anterior, hay que tener presente que un trabajo productivo es aquel que participa en la producción de bienes y servicios por los que los consumidores están dispuestos a pagar un precio que alcance, por lo menos, para recuperar los costos de producción, todo lo cual supone al mercado, entendido como la relación de intercambio entre oferentes y demandantes, mercado que, para que dé los mejores resultados posibles, debe funcionar sin ningún tipo de intervención de parte del poder político, sobre todo, uno, en materia de entrada y salida de productores y consumidores, y, dos, de precios y cantidades.

 

Lo anterior quiere decir que la superación de la pobreza depende, no de la redistribución de la riqueza, sino de su producción, para lo cual se requiere que los pobres se incorporen productivamente a los mercados, es decir, al intercambio de bienes y servicios. Lograrlo no resulta fácil, pero tampoco imposible, tal y como lo muestran los millones de seres humanos que, no solamente han superado la pobreza, sino que han alcanzado elevados niveles de bienestar material gracias, precisamente, al mercado, es decir, al intercambio voluntario (valga la redundancia), entre oferentes y demandantes.

 

Conseguir la superación de la pobreza no resulta fácil, pero si la atención se centra, no en la producción de riqueza y su distribución por medio del mercado, es decir, a través del intercambio voluntario de la misma entre oferentes y demandantes, sino en su redistribución, con el gobierno quitándole a unos (los ricos) para darle a otros (los pobres), se vuelve imposible, por una razón muy sencilla: la redistribución permite que los pobres satisfagan mejor algunas de sus necesidades, pero no realizar un trabajo productivo y generar un ingreso suficiente que les permita, gracias al mismo, y no al trabajo de los demás (aquellos a quienes el gobierno les quitó para darles a ellos), satisfacer sus necesidades.

 

La pobreza no consiste en la incapacidad de los pobres para satisfacer sus necesidades, sino en su incapacidad para, por medio de un trabajo productivo, generar un ingreso que les permita satisfacerlas. La distinción es importante ya que, si aceptamos que la pobreza consiste en lo primero, entonces se supera, por medio de la redistribución, proporcionándoles esos satisfactores. Por el contrario, si aceptamos, como debe ser, que la pobreza consiste en lo segundo, entonces se supera a través de la producción de riqueza, es decir, de bienes y servicios, la cual requiere del mercado, es decir, del intercambio voluntario entre oferentes y demandantes,  para lo cual es indispensable que esa relación de intercambio sea libre, sin la intervención del poder político, ni en cuestión de entrada y salida de productores y consumidores a los mercados, ni en materia de precios y cantidades, algo que muchos depositarios de poder político no entienden, lo cual los lleva a intervenir en los mercados limitando seriamente las posibilidades de superar la pobreza.

 

Por ello, pongamos el punto sobre la i.


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