LUNES, 7 DE ABRIL DE 2008
El punto sobre la i
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Arturo Damm





“La ley no ha sido establecida por el ingenio de los hombres, ni por el mandamiento de los pueblos, sino que es algo eterno que rige el Universo con la sabiduría del imperar y del prohibir.”
Marco Tulio Cicerón

Cicerón hace referencia, al hablar de ese algo eterno que rige el universo a la ley natural, que rige tanto a los fenómenos de la naturaleza, como a la acción humana, leyes de la acción humana que han estudiado, sobre todo, los economistas de la Escuela Austriaca, habiendo dado lugar a la praxeología, la ciencia de la acción humana.

 

Las principales leyes de la acción humana son las siguientes. Primera: siempre que el ser humano actúa lo hace con el fin de mejorar su situación, buscando pasar de una condición menos satisfactoria a otra que le reporte mayor satisfacción. Segunda: solamente el ser humano, individualmente considerado, puede valorar su situación actual, decidir cambiarla, elegir la manera de hacerlo, valorar el resultado final, y asumir el riesgo y la responsabilidad que todo ello ocasiona. Tercera: toda acción humana, al suponer una decisión y/o una elección, genera un costo de oportunidad, es decir, una acción, y el resultado de esa acción, desechados. Cuarta: al actuar el ser humano siempre prefiere más a menos.  Quinta: al actuar el ser humano prefiere un determinado valor en el presente al mismo valor en el futuro, por lo que, para renunciar a un valor presente, se requiere que el valor futuro sea mayor. Sexta: conforme el ser humano obtiene más de un determinado bien, su valor disminuye, hasta llegar a cero. Estas leyes rigen la acción humana con la sabiduría del imperar y el prohibir, en el sentido literal del término.

 

Estas, las principales leyes de la acción humana, son leyes naturales, es decir, no redactadas ni promulgadas por el ser humano, razón por la cual son anteriores y superiores a la ley positiva humana, debiendo esta última ser redactada de tal manera que respete a aquellas, lo cual supone, ¡obviamente!, que el ser humano es capaz de conocerlas, tal y como sucede, lo cual no supone, lo vemos una y otra vez, que el ser humano, en su calidad de legislador, las respete. La legislación, sobre todo la relacionada con la actividad económica, está repleta de ejemplos de violaciones a las leyes naturales de la acción humana, que son violaciones, al final de cuentas, a la libertad y a la propiedad, no habiendo mayor contradicción que una ley, promulgada por el ser humano, violadora de los derechos de la persona, entre los cuales se encuentran los derechos a la libertad y a la propiedad, contradicción que, no por ser tal, deja de ser la regla, sobre todo en el campo de la actividad económica.

 

Las leyes establecidas por el ingenio de los hombres, o por el mandato de los pueblos, deben respetar, sobre todo en el ámbito de la acción humana, las leyes naturales, aquellas que han sido “redactadas y promulgadas” por el Creador de la naturaleza, naturaleza entre la cual se encuentra al ser humano, a quien aquel Creador le concedió la capacidad intelectual para conocer y entender las leyes naturales, comenzando por aquellas que rigen la acción humana, conocimiento y entendimiento que, en muchos casos, sobre todo en no pocos relacionados con la economía, todavía dejan mucho que desear.

 

Por ello, pongamos el punto sobre la i.


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