MIÉRCOLES, 10 DE ABRIL DE 2019
El punto sobre la i
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Arturo Damm





“La banca central solo puede decidir entre uno de tres caminos posibles: a qué tasa contraer, a qué tasa expandir o dejar inalterada la base monetaria.”
Alberto Benegas Lynch (h)

El dinero, definido como medio de intercambio, es una de las herramientas más eficaces a nuestro servicio, ya que nos permite superar las limitaciones del trueque y realizar más intercambios de los que realizaríamos si no contáramos con ella, lo cual eleva nuestro nivel de bienestar, que depende de la cantidad, calidad y variedad de los bienes y servicios a nuestra disposición, lo que a su vez depende de la cantidad de intercambios que podamos realizar, cantidad que es mayor si contamos con un medio de intercambio.

¿Qué pasaría con nuestro nivel de bienestar si despareciera el dinero, si no contáramos con un medio de intercambio, si tuviéramos que limitarnos al truque? ¿Aumentaría? ¿Quedaría igual? ¿Bajaría? Obviamente bajaría, y lo haría de manera considerable, al grado de poder afirmar que la desaparición del dinero daría como resultado una crisis económica de proporciones incalculables.

¿Exagero? Imagínese cómo tendría que reorganizar su vida si el dinero desapareciera. Para empezar, del total de intercambios que realiza normalmente usando dinero, ¿cuántos podría realizar recurriendo al trueque? Lo dicho: el dinero, por permitirnos superar las limitaciones del trueque, es una de las herramientas más eficaces a nuestra disposición.

Necesitamos dinero, y como no nos cae del cielo, alguien debe producirlo. Entonces la pregunta más importante es: ¿cuál debe ser la regla para decidir cuánto dinero producir? Esta es la pregunta más importante de la teoría monetaria, que nos plantea esta otra: ¿hay una manera objetiva de responderla? La hay si todos están de acuerdo con el objetivo, por ejemplo, preservar del poder adquisitivo del dinero. Pero si unos consideran que el objetivo debe ser que el dinero pierda poder adquisitivo (inflación), y otros que lo gane (deflación), entonces no hay manera objetiva de responder dicha pregunta, sin olvidar esto: el que todo el mundo esté de acuerdo no quiere decir que lo acordado sea lo correcto.

Para cualquiera que produzca dinero, sobre todo si se trata de un banco central, las tres opciones que enfrenta son las señaladas por Benegas Lynch (h): mantener constante la cantidad de dinero; aumentarla; disminuirla. La pregunta es si quien produce el dinero cuenta con la información necesaria para decidir correctamente, lo cual nos remite a esta otra pregunta: en lo referente a decidir cuánto dinero producir, ¿qué es lo correcto? Todo dependerá del fin que se busque, que será uno de estos tres: que el dinero preserve su poder adquisitivo, que lo pierda (inflación), que lo aumente (deflación).

Si el problema económico de fondo es la escasez (no todo alcanza para todos, menos en las cantidades que cada uno quisiera, y mucho menos gratis), una de las condiciones que debe cumplirse para minimizarla es que el dinero aumente su poder adquisitivo (deflación), opción a la cual los bancos centrales le huyen como a la peste, y que la inflación persista en prácticamente todo el mundo es la prueba, debiendo reconocer que hay una deflación mala, consecuencia de la reducción en la demanda agregada, que por lo general es resultado de una política monetaria contraccionista, y una buena, resultado del aumento en la oferta agregada, que por lo general es la consecuencia de un aumento en las inversiones directas, que producen bienes y servicios, crean empleos y generan ingresos, para lo cual hace falta una determinada política monetaria, que obviamente no es la que se practica, y la inflación es la prueba.

Por ello, pongamos el punto sobre la i.


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