MIÉRCOLES, 14 DE AGOSTO DE 2019
El punto sobre la i
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Arturo Damm





“Mercado significa libertad para producir y libertad para consumir. Atacarlo es atacar la autonomía de la voluntad.”
Antonio Escohotado

Llaman la atención aquellos que, de manera malintencionada o ignorante, consideran al mercado, en el mejor de los casos, como un mal necesario o, en el peor, como uno innecesario. En el primero, por ser necesario, hay que regularlo. En el segundo, por ser innecesario, hay que eliminarlo. En cualquiera de los dos no es prudente dejarlo operar en libertad, momento de preguntar qué quiere decir que el mercado opere en libertad. Para responder hay que definirlo.

El mercado es la relación de intercambio entre un comprador y un vendedor, por el cual ambos ganan, ya que cada uno valora más lo que recibe que lo que da a cambio, tratándose de un juego de suma positiva cuyo resultado es el bien común. Bien porque ambas partes GANANy ganar es bueno. Común porque AMBAS partes ganan y por tratarse de ambas es común.

Al mercado podría considerársele un mal si su resultado fuera, desde el punto de vista ético injusto, desde el punto de vista económico ineficaz. Es injusto, desde la perspectiva ética, lo que viola derechos de las personas. Es ineficaz, desde la perspectiva económica, lo que disminuye el bienestar de las personas.

Si el mercado es la relación de intercambio entre un comprador y un vendedor, ni en su origen, ni en su desarrollo, ni en su resultado, puede ser injusto o ineficaz.

Si el vendedor le vende algo al comprador, ¿viola alguno de sus derechos? No. Y si el comprador le compra algo al vendedor, ¿viola alguno de sus derechos? Tampoco. Entonces, ¿puede haber injustica en los intercambios? No.

Si el resultado del intercambio, del mercado, es mayor bienestar para el comprador y el vendedor, ya que cada uno valora más lo que recibe que lo que da a cambio (si no fuera así no intercambiarían), ¿puede el mercado ser ineficaz? No.

¿Qué de malo, de injusto y/o de ineficaz, tiene el intercambio entre compradores y vendedores, cuyo resultado es el bien común? Nada, al menos no de manera esencial.

Cierto, alguna de las partes involucradas en el intercambio puede actuar de manera injusta (violando el derecho de su contraparte) provocando un resultado ineficaz (reduciendo el bienestar de su contraparte). Esto sucede cuando alguna de ellas no cumple lo acordado: o cuando el vendedor, ya pagada la mercancía, no la entrega, o cuando el comprador, ya entregada la mercancía, no la paga. Pero ni lo uno ni lo otro es una falla del mercado, sino una injusticia de alguna de las partes involucradas, algo distinto. Esa conducta injusta no es parte esencial del mercado. Si lo fuera, en cada intercambio alguna de las partes cometería una injusticia, por lo que el resultado siempre sería ineficaz, razón por la cual nadie realizaría intercambios, ya que siempre se violarían sus derechos, ya que siempre se reduciría su bienestar. En tal caso el mercado sí sería un mal innecesario, que los mismos agentes económicos, al no realizar intercambios, eliminarían por su cuenta.

Regular o eliminar al mercado implica limitar o prohibir la libertad de los agentes económicos, misma que está al inicio de cualquier intercambio, sin la cual no hay mercado, ni el bien común que es su resultado natural.

Atacar al mercado es atacar la autonomía de la voluntad y, si me apuran un poco, la dignidad humana. Y, sin embargo, esos ataques son frecuentes, y muchos están convencidos de que, en el mejor de los casos, el mercado es un mal necesario.

Por ello, pongamos el punto sobre la i.


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