LUNES, 18 DE AGOSTO DE 2008
El punto sobre la i
¿Considera usted que, en caso de logar su registro, “México Libre” es una alternativa viable para tener una oposición fuerte?
No
No sé

Arturo Damm





““La razón de estado no se ha de oponer al estado de la razón." ”
Carlos V

¿Qué es la razón de Estado? El término fue acuñado por Maquiavelo y, en ese contexto, el del pensamiento del florentino, se refiere a las acciones, por lo general extraordinarias, que lleva a cabo el gobernante, con el objetivo de preservar, y de ser posible incrementar, la fuerza del Estado (aquí habría que escribir de su Estado, con mayúscula, y tal vez de su estado, con minúscula), partiendo del supuesto de que la sobrevivencia del Estado es una meta superior que el respeto a los derechos “colectivos”, no digamos individuales, lo cual quiere decir que la vida, libertad y propiedad del ser humano quedan supeditadas a la mentada razón, considerada superior, y no pocas veces anterior. Los historiadores señalan a Richelieu, cardenal de la Iglesia Católica y primer ministro de Luis XIII, como el primero que usó, y muy probablemente abusó, de la razón de Estado como justificación de sus acciones.

 

No toda acción del gobernante, justificada a partir de la razón de Estado, es necesariamente arbitraria: hay acciones, que suponen limitar o eliminar la libertad y la propiedad de los gobernados, que se justifican plenamente en función del bien que con ello se persigue, por ejemplo, la expropiación de propiedad privada por motivo de verdadera (ojo: verdadera) utilidad pública. (¿Sucede lo mismo en el caso de la vida? ¿Se justifica matar a alguien por motivo de utilidad pública, por más verdadera que sea esa utilidad?)

 

Queda claro que el argumento razón de Estado en manos de gobernantes poco escrupulosos, puede dar como resultado la violación sistemática de los derechos naturales de la persona, no solamente a la libertad y a la propiedad, sino a la vida, violación que en tal caso no encontraría su justificación en la utilidad pública, sino en el interés de alguien, sobre todo si ese alguien considera que el Estado es él, tal y como, según la tradición, lo consideró Luis XIV, a quien algunos atribuyen la famosa frase L"État, c"est moi, atribución no del todo confirmada por la historiografía.

 

¿Qué se debe oponer a la razón de Estado para que ésta no se use como justificación de los abusos del poder político? Como lo dijo Carlos V, el estado de la razón o, sin más, la razón, misma que nos dice que la tarea del gobierno, que es tanto como decir del poder político, debe ser la protección contra la delincuencia y la impartición de justicia, es decir, la defensa del gobernante ante ataques a su vida, libertad y propiedad, el castigo para quien lleva a cabo esos ataques y, de ser posible, la reparación del daño causado. Ese es el límite que el estado de la razón le impone a la razón de Estado, límite que, de manera por demás irracional, se viola una y otra vez, violación que muestra lo mucho que falta para tener un sociedad verdaderamente liberal. (Carlos V, ¿habrá antepuesto el estado de la razón a la razón de Estado?)

 

La actuación de muchos que detentan poder político, desde el burócrata de tercera hasta el legislador encumbrado, pareciera que surge del estado de la sinrazón, por lo menos desde el punto de vista de la libertad y la propiedad de los gobernados, si bien es cierto que, desde la perspectiva de los prejuicios ideológicos y los intereses creados, de quienes detentan dicho poder, esas acciones encuentran, si no justificación, sí explicación.

 

Hoy la razón de Estado parece haber caído en desuso, pero, bien vistas las cosas, lo único que ha sucedido es un cambio de nombre, de razón de Estado por bien común, justicia social, utilidad pública, y cualquier otra entelequia a la que los gobernantes recurren para justificar sus acciones, sobre todo aquellas violatorias de la libertad y la propiedad de los gobernados.

 

Por ello, pongamos el punto sobre la i.


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