LUNES, 3 DE NOVIEMBRE DE 2008
El punto sobre la i
¿A quiénes deben ir dirigidos los apoyos por parte del gobierno en esta crisis provocada por el Covid19?
A las personas
A las empresas
Sólo a las Pymes
A todos
A nadie

Arturo Damm





“"Llama la atención cómo, pese a ser los grandes fracasados, la gente sigue creyendo en la eficacia de los gobernantes, cuando no son capaces, ni siquiera, de gobernar." ”
Othmar K. Amagi

Los gobernantes nos han hecho creer, y por consecuencia los gobernados nos lo hemos creído, que ellos tienen la obligación, y el poder, de preservarnos de todos los males y concedernos todos los bienes. En el primer caso se trata del gobierno ángel de la guarda, en el segundo del gobierno hada madrina, siendo el gobernado, en ambos casos, no eso, un gobernado, sino un explotado y/o un dependiente. Explotado si es a él a quien el gobierno le quita para darle a otros, dependiente si es a él a quien el gobierno le da.

 

Los gobernantes nos han hecho creer, y los gobernados, por convicción o por conveniencia, nos lo hemos creído, que ellos tienen, no solamente la obligación, sino también el poder, de actuar como ángeles de la guarda y preservarnos de todos los males, y de fungir como hadas madrinas y concedernos todos los bienes, razón por la cual los gobernados les exigen que les resuelvan todos sus problemas, y que les satisfagan todas sus necesidades, lo cual ha dado como resultado un grado de gubernamentalización de la vida económica, social, política, etc., claramente incompatible con la libertad individual y la propiedad privada, ¡y que nada tiene que ver con la legítima tarea de gobernar!, afirmación que nos lleva a la siguiente pregunta: ¿cuál es la legítima tarea del gobernante o, dicho de otra manera, en qué consiste realmente gobernar? ¿Cuáles son aquellas tareas a las que ningún gobierno puede renunciar sin dejar de ser gobierno?, o, planteado de otra forma, ¿qué es lo que justifica que el gobierno obligue al gobernado a entregarle parta del producto de su trabajo, que en eso, precisamente, consiste el cobro de impuestos? Con pocas palabras, ¿qué es gobernar?

 

Lo único que justifica que el gobierno obligue al gobernado a entregarle parte del producto de su trabajo es que, con toda honestidad y eficacia (y en este caso la eficacia comienza por la honestidad), le garantice la seguridad contra la delincuencia y, en caso de fallar (fallo que supone que la eficacia no fue toda la que debería haber sido, siendo que de hecho nunca la es), imparta justicia en sus dos vertientes: castigar al delincuente y resarcir a la víctima del delito. Lo anterior quiere decir que las legítimas tareas del gobierno, aquellas a la cuales no puede renunciar sin dejar de serlo, son garantizar la seguridad contra la delincuencia e impartir justicia, segunda tarea que parte del supuesto de que, en mayor o menor medida, el gobierno fallará en la primera: si el gobierno fuera cien por ciento eficaz (lo cual depende, en buena medida, de que sea cien por ciento honesto, suponiendo que la honestidad tenga grados) en garantizar la seguridad contra la delincuencia no tendría, ni que castigar al delincuente, ni que resarcir a la víctima, es decir, no tendría que impartir justicia. El hecho es que, por fallar en la primera tarea, tiene que llevar a cabo la segunda, en la cual también falla, y siempre independientemente de qué tan honestos sean los gobernantes, honestidad de la cual depende, no de manera exclusiva, pero sí importante, su eficacia.

 

El gobierno es incapaz de realizar, con cien por ciento de efectividad, sus legítimas tareas, pese a lo cual quiere llevar a cabo tareas propias de los ángeles de la guarda (preservar a los gobernados de todos los males, ¡comenzando por aquellos que pueden hacerse a sí mismos!) y la hadas madrinas (concederle a los gobernados todos los bienes), tareas que los gobernados, pese a ser reducidos a la categoría de explotados o dependientes, le demandan con singular alegría. Así de abusivos son los gobernantes, así de confundidos están los gobernados, tal y como lo señala Othmar K. Amagi.

 

Por ello, pongamos el punto sobre la i.


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