LUNES, 10 DE NOVIEMBRE DE 2008
El punto sobre la i
¿La cancelación de la construcción de la planta de Constellation Brands en Mexicali representa un punto de quiebre entre el gobierno y los empresarios?
No, habrá más proyectos
Definitivamente

Arturo Damm





““La facultad que verdaderamente caracteriza al banco central es la de crear dinero y, en última instancia, el poder para crear es también poder para destruir.” ”
Paul Volker

Buena parte de las calamidades que han afectado a la humanidad, en el ámbito de la economía, a lo largo de la historia, sobre todo de la moderna y contemporánea, se deben al abuso que los bancos centrales han hecho de su facultad para crear dinero, sobre todo cuando dicha creación ha dado como resultado un excesivo incremento en la cantidad de dinero, entendiendo por excesivo aquel aumento en la cantidad de dinero que se intercambia, y por lo tanto que se convierte en demanda de bienes y servicios, que es mayor al aumento en la oferta de mercancías, lo cual da como resultado el alza general de precios, la pérdida en el poder adquisitivo de los consumidores y, todavía más grave, de los ahorradores, pérdida que no es otra cosa más que su destrucción.

 

Más allá de cierta cantidad, punto a partir del cual su emisión resulta excesiva, la calidad del dinero, es decir, su poder de compra, comienza a deteriorarse, deterioro que tiene un efecto negativo sobre las actividades económicas en su conjunto, desde el ahorro hasta el consumo, desde la inversión hasta la producción, desde la distribución de mercancías hasta el intercambio de bienes y servicios. ¿Y quién es el culpable de todo ello? El banco central y el tipo de sistema monetario que, al final de cuentas, le es consubstancial: el del dinero fiduciario, sin valor intrínseco, sin respaldo de ningún tipo, ofrecido monopólicamente por una entidad estatal, el banco central, y, ¡para colmo de males!, impuesto por ley como único medio de intercambio. ¿Qué tenemos? Lo peor de tres mundos.

 

La historia de los bancos centrales, salvo honrosas excepciones, ha sido la historia, no de la preservación del poder adquisitivo del dinero, ¡como debería haber sido!, sino la de su destrucción por medio de su creación, en concreto a través de su emisión excesiva de parte de las autoridades monetarias, que una y otra vez, salvo las mentadas excepciones, han hecho lo que cualquier ser humano, con el poder para hacerlo, hace: emitir legalmente dinero, algo muy distinto a crear riqueza, que no es dinero, sino bienes y servicios con los cuales los seres humanos satisfacemos nuestras necesidades. Como lo ha señalado Roberto Salinas: lo que necesitamos no es más dinero, sino dinero que compre más, ¡algo muy distinto!

 

El dinero no es más que el medio de intercambio, con toda la importancia que tiene, ¡que no es poca!, pero no es riqueza, razón por la cual su multiplicación excesiva, independientemente del múltiplo, no tiene repercusiones positivas, y mucho menos a largo plazo y generales, sobre el crecimiento de la producción, la creación de empleos o la generación de ingresos. Sin embargo, dada la ilusión crisohedónica (la creencia de que la riqueza consiste en el dinero), y la visión keynesiana de la economía (la creencia de que el origen de todos los males es la falta de demanda), la tentación de los bancos centrales para emitir dinero en exceso (con el fin de crear riqueza y generar demanda) sigue estando presente, excesiva emisión primaria de dinero que destruye el poder adquisitivo del dinero, lo cual supone, entre otras cosas, la destrucción de parte del producto del trabajo de las personas, algo muy serio.

 

Por ello, pongamos el punto sobre la i.


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