Caminando por América Latina
Jul 10, 2020
Víctor Hugo Becerra

Sumisión no es diplomacia

Tal vez el episodio de este miércoles sea uno de los capítulos más denigrantes o extravagantes (según se vea) de la política exterior mexicana, con su jefe de Estado que confunde sumisión con diplomacia.

Al finalizar su primer encuentro con Donald Trump este miércoles, Andrés Manuel López Obrador señaló: “Fallaron los pronósticos de que nos íbamos a pelear y somos amigos, presidente Trump”. Pero se equivoca el presidente mexicano: No recuerdo haber leído o escuchado a nadie que pronosticara tal cosa.

En realidad, se habló mucho de que la visita sería usada por Trump como parte de su campaña electoral. Yo mismo escribí sobre eso en mi último artículo, aquí. Así que sus críticos no nos equivocamos: No había siquiera terminado su reunión de la mañana, en el Rose Garden, cuando la Casa Blanca y el equipo de campaña de Trump, gastaban carretadas de dólares en difundir los inmerecidos y excesivos elogios que López Obrador propinó al presidente estadounidense, así como para usarlos de ariete contra el discurso de Biden.

Quizá lo único que precisamente poco se esperaba era que la actitud del presidente mexicano fuera de obsecuencia y capitulación frente a Trump. Pero así fue. 

Frente al mandatario estadounidense más anti-mexicano de la historia reciente, López Obrador dijo: “hemos recibido de usted, comprensión y respeto”. A quien ha llamado reiteradamente a los mexicanos como violadores y delincuentes, le reconoció “ser cada vez más respetuoso con nuestros paisanos mexicanos”. A quien ha perseguido implacablemente a millones de inmigrantes indocumentados mexicanos, le agradeció “que no ha pretendido tratarnos como colonia”. A quien ha echado a jóvenes estudiantes mexicanos de EEUU y separado familias, le dijo que “agradezco su comprensión y la ayuda”. A quien ha obligado a México a detener a los migrantes centroamericanos y le ha forzado a aceptar en su territorio a los solicitantes de asilo, le agradeció que “usted nunca ha buscado imponernos nada que viole o vulnere nuestra soberanía”. A quien obligó a México a renegociar el hoy extinto TLCAN bajo amenazas y chantajes, resultando un T-MEC que favorece a EEUU, dijo “usted se ha comportado hacia nosotros con gentileza y respeto”.

Vaya, López Obrador hasta incurrió en la auto-denigración de la zalamería, al comparar a Donald Trump con George Washington y con Abraham Lincoln.

Cosa de los tiempos: Quienes hace apenas dos años demonizaban e insultaban a Donald Trump en México, comparándolo con Hitler y llamándole “neofascista”, hoy lo alaban.  Los que proponían denunciarlo ante la Corte Penal Internacional y la ONU, hoy lo llaman “amigo de México”. Son los mismos que antier convocaban a rechazar el TLCAN y hoy alaban un T-MEC claramente inferior en calidad. Pero los mismos que hoy alaban a Trump y apuestan por su victoria, ayer vitoreaban, extasiados, a Fidel Castro, Nicolás Maduro y Evo Morales. Son la izquierda fanática de siempre, al servicio del caudillo que más poder les deje tomar.

En suma, tal vez el episodio de este miércoles sea uno de los capítulos más denigrantes o extravagantes (según se vea) de la política exterior mexicana, con su jefe de Estado que confunde sumisión con diplomacia.

De cualquier manera, terminamos siendo figurantes, extras de la campaña de reelección de Donald Trump. Así lo entendieron los propios Demócratas, quienes abundantemente hicieron saber su desagrado por la reunión, hasta culminar con el tuit de Joe Biden del mismo miércoles, que recordó la política anti-mexicana de Trump.

Ahora bien, lo importante será preguntarse, a continuación, si funcionará la “ayuda” de López Obrador a la campaña de reelección de Trump. Tal vez. Y ayudará más que a movilizar el voto hispano o desacreditar los ataques Demócratas, a galvanizar y reanimar a la base electoral de Trump, mostrándoles cómo éste cumple sus promesas, al grado de que sus víctimas en lugar de quejarse y enfrentarlo, acuden gustosos a Washington, con el fin de sacralizarlo y congraciarse con él, para que no les siga golpeando.

¿Pero qué sucederá si, como indican las encuestas al día de hoy, Trump de todos modos pierde? ¿Cuál será la actitud del posible gobierno de Joe Biden hacia el de López Obrador? Probablemente no sea irreal, entonces, esperar que el acento que Biden ponga en su relación con México sea sobre los temas políticos de la agenda Demócrata, tales como Derechos Humanos y Democracia, y no sobre comercio o inmigración, a diferencia de Trump.

Así que en vista de los malos resultados para México en los temas preferidos por Trump, y en cambio, las crecientes intolerancia y concentración de poder de López Obrador en México, quizá lo mejor para la oposición mexicana sea un posible triunfo de Biden. Tal vez (sólo tal vez) Biden terminaría siendo un mejor contrapeso al cada día mayor autoritarismo y las ínfulas dictatoriales de López Obrador, que ahora se siente respaldado por el matón del vecindario.



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