VIERNES, 18 DE AGOSTO DE 2006
Polarización criminal

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“Uno más de los enormes daños que han causado a nuestro país el demagogo delirante y su grotesca insurrección es la polarización que ha promovido en la sociedad mexicana que había logrado un nivel de homogeneidad e identidad común excepcionales en Iberoamérica.”


Uno más de los enormes daños que han causado a nuestro país el demagogo delirante y su grotesca insurrección es la polarización que ha promovido en la sociedad mexicana que, con todos sus defectos y limitaciones, había logrado un nivel de homogeneidad e identidad común excepcionales en Iberoamérica.

 

La meritocracia y una amplia movilidad social, apoyadas en un sistema educativo que sentaba bases comunes para todos los mexicanos, permitieron que en la mayor parte del país se gestara una verdadera identidad nacional que cortaba más allá de los orígenes étnicos y culturales de los ciudadanos.

 

Por supuesto que había desigualdades terribles e inaceptables pero eran la excepción. Recuerdo el disgusto que me llevé la primera vez que fui a San Cristóbal de la Casas en Chiapas hace muchos años, cuando percibí la discriminación y el maltrato aberrante, sobre todo de parte de los ‘ladinos’ hacia los indígenas, a pesar que ambos tenían orígenes étnicos muy afines.

 

El ideal de la raza cósmica de Vasconcelos se iba dando poco a poco y se manifestaba en la presencia de personas de diversos orígenes étnicos y culturales en los más altos niveles económicos y políticos de la sociedad, a pesar que prevalecían ofensivas distancias económicas.

 

Una hipótesis para explicar este avance la escuché de mi maestro de Historia Económica, Arturo Arnáiz y Freg, quien decía que la Revolución Mexicana y la reforma agraria consecuente habían forzado a las familias de los terratenientes latifundistas a buscar trabajo en el ámbito profesional lo que contribuyó a la movilidad social y a una creciente homogeneidad de la población.

 

Como todo país mayoritariamente mestizo hacer distingos por el color de la piel, como los hace López Obrador, es una necedad porque las leyes de la herencia son completamente impredecibles y aleatorias.

 

Lo mismo que AMLO abueleó del lado “prieto” de su familia, sus biógrafos indican que su fallecido hermano José Ramón, muerto en misterioso accidente con Andrés Manuel como único testigo, había abueleado del lado “gachupín” de la familia y era “güero”. Los abuelos maternos eran de Santander, España.

 

¿Qué sentido tiene ahora alentar las diferencias entre blancos y prietos? Es una bandera política que discurrió el demagogo delirante, quien dice personificar a los pobres, que ha resultado efectiva en países como Perú, y Bolivia en los que ostentarse como representante de los indígenas oprimidos ha redituado políticamente.

 

Las diferencias que AMLO empezó a subrayar entre el norte y el sur del país tienen también aviesos fines políticos, según la aguda explicación de Jorge Fernández Menéndez en su columna Razones de anteayer pues al fracasar en su intento por apoderarse de México, el proyecto del demagogo sería consolidar su poder en el sureste y eventualmente buscar su secesión.

 

Respecto a las diferencias entre clases sociales y sus ataques verbales contra los “pirruris,” que me imagino es gente de educación y modales refinados, es claro que López Obrador tiene un profundo resentimiento hacia quienes tuvieron la cuna o la preparación de las que él carece, lo que explica que se rodee de personajes de la catadura de los bejaranos, los padiernas y los batres.

 

Haría bien López Obrador en leer a Juárez pues a pesar de presumir ser su reencarnación –otra impostura con fines puramente de imagen-, don Benito luchó denodadamente por la unidad nacional y por la igualdad de todos los habitantes del país sin distingos de raza, clase u origen geográfico.

 

Ojalá que cuando doblemos la hoja, y AMLO y sus secuaces ocupen el lugar que les corresponde en el basurero de la historia, tengamos la habilidad y el talento para suturar estas heridas y emprender la necesaria campaña para acabar con la pobreza, esa sí una desigualdad inaceptable.


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