LUNES, 6 DE NOVIEMBRE DE 2006
Federalismo a la mexicana: Chiapas y Oaxaca

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“El camino al desarrollo económico pleno pasa por la protección de la vida, la libertad y la propiedad privada de los ciudadanos, no por recibir más transferencias de dinero que sólo aumenta la dependencia fiscal y la brecha entre pobres y ricos.”


Después del tibio intento por poner orden en Oaxaca, ya hay voces de distintos políticos que están hablando de iniciar un “programa social sin precedentes” en la entidad, que cure los años de miseria que ha sufrido este estado del país. ¿A qué le suena esto, amigo lector, además de rollo? Exacto, parece repetirse la misma historia de Chiapas. Después del combate entre zapatistas y el ejército en el sexenio de Salinas de Gortari, se iniciaron conversaciones, diálogos tocantes a establecer la paz en Chiapas. La verdad era que a los guerrilleros de caricatura que encabezaron este movimiento lo que menos les interesaba era la paz vía el diálogo político. Al final sólo el tiempo agotó a los alzados y el movimiento de insurgencia se desplomó por su propio peso.

 

En todo el proceso que llevó a terminarse el levantamiento zapatista, el gobierno federal ejerció un gasto social sin precedente en este estado de la República con el mismo rollo “gasto social que cure los agravios de la pobreza que por siglos han azotado a la entidad”. Resultado: los niveles de pobreza siguen igual en Chiapas, pero tanto el gobierno estatal como los distintos gobiernos municipales son hoy más ricos (gente pobre a costa de burócratas y contratistas compadres más ricos es igual a subdesarrollo). La causa: el repartir peces gratis no genera riqueza (la generación de riqueza sólo se generaría en base enseñar a pescar), en cambio, sí genera a vivales que quieren recibir dichos peces aún a costa de que los más pobres (quienes son los que más los necesitan) no los reciban.

 

Más dinero disfrazado de gasto social a las entidades más pobres de México sólo genera dependencia fiscal y mediocridad burocrática, pues al final los únicos beneficiados de las mayores transferencias fiscales son los burócratas incrustados en los gobiernos locales, y por supuesto, sus compadres, los contratistas de obra pública. O sea, más dinero del contribuyente a los estados pobres sólo genera burocracia innecesaria, nuevos ricos (los compadres y/o caciques) y más pobreza entre la gente. Cuándo entenderán los políticos que federalismo implica corresponsabilidad en el ejercicio de los recursos fiscales y no dependencia. Cuándo entenderán que no es con la redistribución de los recursos fiscales como lograrán el desarrollo económico pleno.

 

De acuerdo a datos de la Secretaría de Hacienda, durante el primer semestre del año que corre los recursos a los estados que se canalizan vía el Programa para el Fortalecimiento de las Entidades de la Federación (PAFEF) ascendieron a cerca de 20 mil millones de pesos (tal vez esta cantidad se duplique al terminar el año), lo que representa un aumento del 78% en relación al año pasado (los precios del crudo en los mercados internacionales han coadyuvado en buena medida a esto). Dentro de estas transferencias los estados más beneficiados: Chiapas y Oaxaca. Sobra decir, más recursos y la pobreza sigue igual. Pareciera que los excedentes petroleros son más una maldición que una bendición. Es obvio, la riqueza petrolera no se canaliza a los proyectos más rentables económicamente (como lo haría cualquier empresa) sino a los proyectos más rentables políticamente. Ese, ese es nuestro mediocre sistema federal, federalismo a la mexicana.

 

Entre la administración de José Murat y Ulises Ruiz, Oaxaca ha recibido de la federación alrededor de 130 mil millones de pesos (¡13 mil millones de dólares!). ¿En qué se han usado esos recursos? ¿Quién los ha auditado? No, no hay claridad, pues desde el gobierno de Murat se le puso trabas a la revisión de la Auditoría Superior de la Federación. Nuevamente, más recursos fiscales a los estados más pobres y la pobreza ni se reduce, y en cambio, surgen nuevos ricos, entre contratistas y gobiernos coludidos para realizar obra pública destinada a “servir a los más pobres”. Nuestro federalismo a la mexicana definitivamente crea incentivos a la corrupción.

 

Felipe Calderón necesita ponerse las pilas en materia de federalismo fiscal, pues hoy día es una grosería cómo los estados de la República se reparten los excedentes petroleros sin rendir cuenta alguna sobre los destinos de dichos recursos. Es increíble, después de ver todo este derroche, ya hay voces que piden más dinero para “curar” a Oaxaca.

 

El camino al desarrollo económico pleno pasa por la protección de la vida, la libertad y la propiedad privada de los ciudadanos, no por recibir más transferencias de dinero que sólo aumenta la dependencia fiscal y la brecha entre pobres y ricos.

 

¿Por qué los Estados sureños de la República Mexicana son los más pobres teniendo tantos recursos naturales? Simple, por la ausencia de libertad económica. Sólo los monopolios del gobierno (PEMEX, CFE) pueden explotar los recursos naturales de esas entidades. Los más ricos en esas entidades, ó trabajan en el gobierno ó trabajan en esas paraestales ó son contratistas y/o caciques en compadrazgo con los gobiernos locales. Toda una tragedia para el resto de la gente (la mayoría) que no pertenece a esta casta de privilegiados. Más se haría en favor de los pobres de estas regiones (y diríamos, del país en general) si de una vez por todas se libraran a esta entidades de estos monopolios. Asimismo, una reforma jurídica integral que libre a los ciudadanos de los matones, caciques, guerrilleros, líderes sindicales corruptos y cualquier vividor que quiera sacar provecho de las relaciones políticas para llevar agua a su molino.

 

A ver si no se repite el mismo error de Chiapas con Oaxaca. Tiene la palabra Felipe Calderón.


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