LUNES, 13 DE NOVIEMBRE DE 2006
Lecciones electorales de EU

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“Las pasadas elecciones en Estados Unidos dejan varias lecciones de la mayor importancia no sólo para ese país sino también para otros en los que el juego democrático es el medio por el cuál eligen a sus dirigentes.”


Las pasadas elecciones en Estados Unidos dejan varias lecciones de la mayor importancia no sólo para ese país sino también para otros en los que el juego democrático es el medio por el cuál eligen a sus dirigentes. A continuación, comento las que a mi juicio son las más destacadas:

 

1.      Quien logra apoderarse del centro político gana. Después de las derrotas demócratas de 2000 y 2004 quedó claro que era necesario alejarse del extremo ideológico que adoptó ese partido bajo el liderazgo de Al Gore y John Kerry, sus candidatos presidenciales en las últimas dos elecciones.

 

      Es importante subrayar que los espacios ideológicos en el espectro político norteamericano hace tiempo que están bastante acotados, y que los dos partidos principales serían definidos en cualquier otra parte del mundo como bastante moderados y alejados de los extremos. En EU, sin embargo, prevaleció la percepción en las dos elecciones citadas que los candidatos demócratas se habían desviado del centro que representó la clave del éxito para el presidente Bill Clinton.

 

      En estas elecciones parlamentarias y de la mayoría de los gobernadores, los demócratas dejaron de insistir en que todos sus candidatos pasaran la prueba de homogeneidad ideológica y seleccionaron a prospectos que fueran atractivos para los votantes.

 

2.      Por el contrario, a los republicanos se les percibió como extremistas por lo menos en dos temas: La guerra en Irak y el violento rechazo a los inmigrantes caracterizado por la iniciativa aprobada en la Cámara de Diputados para cerrar la frontera y deportar a los ilegales. Esta última posición les restó el apoyo de los ciudadanos de origen hispano, a excepción de los cubanos cuyo voto sólo lo determina la posición del gobierno frente a Fidel Castro.

 

3.  A pesar de tener una aparato electoral que comparado con el de México es bastante atrasado, pues se carece de credenciales de elector y la tecnología para ejercer el voto es muy heterogénea variando según estados que van desde avanzadas máquinas electrónicas hasta boletas de papel, nadie pone en duda los resultados aún en los casos más cerrados. El senador George Allen de Virginia perdió su escaño por 7,231 votos de un total de 2,364,217 boletas contadas y no impugnó el resultado.

 

Además, las elecciones no son manejadas por ciudadanos aleatoriamente escogidos como en nuestro país sino que se contrata a funcionarios electorales normalmente entre la población jubilada y muchos carecen del necesario entrenamiento y desconocen los procedimientos electorales.

 

3.      A los ojos de numerosos republicanos tradicionales el presidente Bush traicionó los principios de su partido que proverbialmente se había caracterizado por buscar el equilibrio fiscal. Su gobierno ha gastado a manos llenas no sólo en las guerras de Afganistán e Irak sino también en costosos programas de bienestar en materia de salud y educación, además de haber tolerado un dispendio extravagante por parte de los legisladores. Bush nunca usó su derecho de veto para detener costosos e inútiles despilfarros.

 

4.      Los republicanos se vieron envueltos en numerosos escándalos de diversa índole, incluyendo varios casos de corrupción y tráfico de influencias. Lo más grave es que sus líderes parlamentarios no reaccionaron con celeridad para sancionar a los culpables lo que dejó la impresión entre los electores de que o eran cómplices o eran incompetentes.

 

El final de las elecciones de medio término suele marcar el principio de la siguiente campaña electoral. Ahora los demócratas tendrán que consolidar la disciplina y la posición centrista que los llevó a  la victoria si desean mantener su mayoría en el Congreso y recuperar la presidencia en el 2008.

 

No será fácil porque, como decía el humorista Will Rogers, “yo no pertenezco a ningún partido organizado, ¡yo soy demócrata!”


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