MIÉRCOLES, 2 DE NOVIEMBRE DE 2005
Dos filosofías de Estado

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“Hay gobiernos que un día expropian, mañana privatizan, hoy desparecen unos impuestos y al día siguiente crean otros. Son gobiernos inestables, no tienen definición, ni dirección, no se manejan bajo principios filosóficos.”


Hablemos de las inclinaciones filosóficas de los gobiernos. Si bien es cierto que no todas las personas que conforman el aparato de Estado comparten la misma visión, se puede observar que prevalecen ciertas inclinaciones las cuales le imprimen un sello a las acciones gubernamentales.

 

Hay gobiernos que tienen predilección por tener un papel muy activo en la economía. Significa que los funcionarios de mayor poder político creen que su responsabilidad es la  de organizar, planear y planificar los recursos de la sociedad. Nada malo ven  que el gobierno administre el petróleo, la salud, la educación, tenga  empresas para hacer zapatos, automóviles,  electricidad y para todo ello, contratan a miles o millones de trabajadores. El caso más extremo de esta visión es Corea del Norte, donde todo lo hace el gobierno, desde un alfiler hasta una bomba nuclear.

 

Hay otros gobiernos que sistemáticamente rechazan que el Estado tenga empresas o negocios. Consideran un error que debe ser evitado que el gobierno se apropie de pozos petroleros, refinerías, escuelas o que tenga empresas para hacer aviones, calcetines, etc. No es que no tengan dinero para construir un tren rápido, sino  que consideran que el gobierno no debe meterse en actividades que las hace mejor el sector privado. El caso más extremos en este sentido es Hong Kong. En efecto, el  gobierno no es dueño de pozos petroleros, tierra, aeropuertos, ni de nada pues hasta las oficinas que ocupan pagan renta.

 

Por supuesto, también hay gobiernos que un día expropian, mañana privatizan, hoy desparecen unos impuestos y al día siguiente crean otros. Son gobiernos inestables,  no tienen definición ni dirección, no se manejan bajo principios filosóficos.

 

De estos hechos, se puede desprender que existen fundamentalmente dos filosofías de Estado. Hay Estados que abrazan la filosofía liberal y que, por tanto,  confía más en los mercados y en los individuos; pero también hay Estados que adoptan alguna filosofía neosocialista y que confían más en la bondad y capacidad de los funcionarios gubernamentales.

 

Una filosofía conduce a que los gobiernos se corten las manos, se saquen un ojo, se tapen la boca y no se constituyan en estorbo para los ciudadanos que quieren hacer negocios. En tanto que los de filosofía socialista quieren controlar todo, multiplican sus manos y ojos, hacen toneladas de  leyes de todo tipo para decirle al ciudadano cómo actuar, y se constituyen en distribuidores de  la riqueza que ellos no generan; pretenden sustituir a los mercados por una junta de hombres doctos, amables, inteligentes y preocupados por organizar a la sociedad.

 

El Estado liberal confía en la acción de los hombres inmersos en el ambiente de mercado; pero desconfía de los individuos que se incrustan en las esferas del poder político, por eso abogan por gobiernos pequeños, de pocos funcionarios. Dicen –los liberales-que, mientras los hombres se preocupen por acumular fortunas en base a producir y vender, sin usar la coacción, no hay nada de qué preocuparse, porque aunque ellos no se lo propongan, estarán beneficiando a la sociedad, sea porque contratan trabajadores, compran insumos, generan productos, etc.

 

Revisando la historia de cada economía podemos ver que la prosperidad de un pueblo está asociada con los Estados que adoptaron filosofías liberales; y la pobreza con los que abrazaron alguna filosofía socialista.

 

Siempre que alguna persona o partido busca el poder, es muy bueno ver qué ideas o filosofía de estado porta. De esta forma podremos saber qué futuro nos espera.


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