JUEVES, 18 DE ENERO DE 2007
Reforma fiscal

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“El simple hecho de darle más dinero al gobierno no resuelve los problemas sociales de un país.”


Los dirigentes de los principales partidos de nuestro país acordaron, en diciembre del año pasado, trabajar en una reforma fiscal. La necesidad se vuelve cada vez más evidente. Si alguna vez ha quedado claro que México precisa de un cambio en la manera en que recaudamos dinero para el Estado es ahora.

 

Durante ya 30 años el gobierno mexicano ha vivido en buena medida de los ingresos petroleros. Hemos caído en el peor error que puede cometer un país con una riqueza natural no renovable: la hemos tomado para utilizarla en el subsidio del gasto corriente del gobierno. Pero aun con los elevados precios que el petróleo ha alcanzado en los últimos años, hace ya mucho tiempo que este esquema se ha agotado.

 

El ingreso petrolero del gobierno mexicano se está acabando con rapidez. Esto es consecuencia del agotamiento de las reservas. En particular, el enorme yacimiento de Cantarell, en la sonda de Campeche, del cual hemos vivido en los últimos 30 años, se está quedando seco. A esto hay que añadir el descenso en los precios del petróleo, que ha sido especialmente abrupto en los primeros días del 2007.

 

Si se mantienen las actuales tendencias, a fines de este sexenio nos habremos convertido en un importador neto de petróleo. Esto significa que no podremos contar ya con los ingresos provenientes de los hidrocarburos para subsidiar la operación del Estado mexicano.

 

México tiene dos prioridades en este momento. Una es dejarle más recursos a Pemex para que éste pueda hacer las exploraciones necesarias para encontrar y desarrollar nuevos yacimientos petroleros. La otra, generar nuevos ingresos fiscales para el gobierno de la república que permitan enfrentar los graves rezagos sociales del país y hacer las inversiones, que no estén al alcance de las empresas privadas, que promuevan la prosperidad futura del país.

 

Ninguna de estas dos prioridades se puede cumplir sin una reforma fiscal que le dé más recursos al Estado mexicano. Pero cuidado, porque el simple hecho de darle más dinero al gobierno no resuelve los problemas sociales de un país. Ahí está el caso de Brasil, que tiene ingresos fiscales cercanos al 30 por ciento del producto interno bruto, casi tres veces más que México, pero que no ha podido usar estos recursos para promover la prosperidad de los brasileños.

 

Por eso la reforma fiscal debe también permitir el surgimiento de una economía más eficiente. Es importante que veamos los casos de reformas fiscales exitosas, como la de Hong Kong y la de Irlanda, ya que no sólo sirvieron para dar recursos al gobierno sino para elevar el nivel de vida de la población. Y en estos casos, la clave ha sido la simplificación de los sistemas de recaudación.

 

Los partidos políticos representados en el Congreso tendrán que empezar en estas próximas semanas a diseñar un nuevo sistema fiscal para nuestro país. De su éxito, dependerá el futuro de México.

• Reforma fiscal

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