JUEVES, 18 DE ENERO DE 2007
Tasa única en el ISR

¿Usted considera un triunfo para México el acuerdo al que llegó con Estados Unidos para evitar la imposición de aranceles?
No
No sé



“Incluso si la ausencia de gobierno realmente significara anarquía en un sentido negativo y desordenado, que está lejos de ser el caso, incluso entonces, ningún trastorno anárquico podría ser peor que la posición a la que el gobierno ha dirigido a la humanidad.”
Leon Tolstoy

Manuel Suárez Mier







“Los desencuentros que se dieron entre el Congreso y los dos últimos gobiernos han sido de naturaleza tan perjudicial para nuestro sistema de gobierno que hoy hay los incentivos para forjar acuerdos en propuestas realmente innovadoras.”


Entre las propuestas que hizo Felipe Calderón como candidato presidencial destaca la de remplazar el Impuesto sobre la Renta que existe actualmente con uno que tenga una tasa única pero que exente a los ingresos de hasta cinco salarios mínimos.

 

La intención de esta idea es simplificar de raíz la forma en que se cobran impuestos en México tratando de emular a los países centroeuropeos liderados por Estonia, que han adoptado esta modalidad impositiva con enorme éxito al generar procesos de acelerado ahorro, inversión y crecimiento económico.

 

Es bien conocida la anécdota de Mart Laar, el joven de 32 años que se convirtió en el primer ministro de la Estonia post-Soviética, y cuya sola lectura en temas económicos había sido el libro de Milton y Rose Friedman Free to Choose  en el que proponen adoptar el impuesto sobre la renta de tasa única.

 

A Laar le pareció una idea brillante, pero de lo que se enteró después es que hasta ese momento nadie la había adoptado pues típicamente los economistas más “leídos” invariablemente decían que “no era práctico,” igual que lo hacen tres “expertos” que opinaron en Lupa Ciudadana sobre esta propuesta de Calderón, a la que le dieron, en promedio, una calificación de 1.6/10.

 

El cuarto opinador en Lupa Ciudadana, el excelente economista Ricardo Samaniego, hizo un análisis mucho más a fondo de la propuesta y le dio una calificación de 7 no porque la considere inviable o indeseable desde un punto de vista técnico, sino porque, en sus propias palabras, “…la factibilidad política de la propuesta es muy reducida. Los países que han podido introducir este esquema -ciertamente revolucionario- lo han hecho sólo durante procesos integrales de transformación de sus instituciones económicas. En el resto de los países, los sistemas tributarios se han tornado crecientemente complejos y las propuestas de simplificación han enfrentado barreras políticas generalmente infranqueables.”

 

En este punto me permito diferir de mi amigo Ricardo, pues considero que los desencuentros que se dieron entre el Congreso y los dos últimos gobiernos han sido de naturaleza tan perjudicial para nuestro sistema de gobierno que hoy hay los incentivos para forjar acuerdos en propuestas realmente innovadoras.

 

El previsible y profundo deterioro de las finanzas públicas hacia delante, con volúmenes de exportación de petróleo en una pronunciada caída y con la acumulación de enormes pasivos contingentes del gobierno, sobre todo de las pensiones de los servidores públicos, plantea la situación crítica que se requiere para forzar los acuerdos necesarios entre legisladores y Ejecutivo.

 

La forma en la que funciona el esquema impositivo en Estonia desde hace 16 años es mediante una tasa única al ingreso de las personas, que al inicio fue de 26%, exceptuando a los segmentos de menores ingresos de la población, que en la propuesta de Calderón también estarían exentos, lo que puede inclusive complementarse con un impuesto negativo al ingreso que opera como subsidio.

 

En Estonia la tasa del impuesto, que es retenido y enterado al fisco por el empleador, se está reduciendo gradualmente hasta alcanzar el 20% en el 2009. No existe el impuesto a empresas y herencias y el resto del sistema impositivo se limita a un IVA del 18% y a una contribución para seguridad social del 33%.

 

La tasa de crecimiento económico conseguida por Estonia en la última década ha sido de 6% en términos reales, aunque en los últimos años se ha acelerado apreciablemente, y el ingreso anual por habitante, que venía de los niveles lamentables de la antigua Unión Soviética y era muy inferior al nuestro, es hoy de 8,650 dólares, 34% arriba del que tenemos en México.

 

Creo que vale la pena explorar con seriedad esta opción tributaria.

• Reforma fiscal

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