Pesos y contrapesos
Feb 1, 2007
Arturo Damm

Cultura equivocada: Un ejemplo

La condición de la libertad y la propiedad es la competencia, y la mejor manera de “medir” la cultura económica de los empresarios es, precisamente, en función de ella.

El progreso económico es, antes que de cualquier otra causa, efecto de una determinada cultura económica, es decir, de una cierta manera de pensar y actuar. Los recursos naturales, la inversión, el comercio, una moneda sana y fuerte, la competencia, y muchos elementos más, ayudan al progreso, pero si la cultura no es la correcta los resultados dejarán que desear. En términos generales, la cultura económica de los empresarios mexicanos, ¿es la correcta?, ¿es la propicia al progreso económico? No, el menos no en todos los casos.

 

¿Cuál es la cultura económica correcta? La que está a favor de la libertad para emprender y consumir; de la propiedad privada sobre los ingresos, el patrimonio y los medios de producción; y de la competencia, tanto entre oferentes como entre demandantes, sin olvidar que la condición de la libertad y la propiedad es, precisamente, la competencia. Lo explico: si el gobierno le concede a algún empresario el monopolio de una determinada actividad económica, ello limita, uno, la libertad para consumir, ya que los consumidores no tendrán otra opción más que la del monopolista y, dos, la libertad para emprender, ya que nadie más, mas que el empresario privilegiado por la concesión monopólica, podrá participar en ese mercado.

La condición de la libertad y la propiedad es la competencia, y la mejor manera de “medir” la cultura económica de los empresarios es, precisamente, en función de ella.

 

Es un hecho que la mayoría de los empresarios están a favor de la competencia, con dos condiciones: siempre y cuando sean los otros los que compitan y, si no pudieron evitar la competencia, que ésta sea a la medida, es decir, que no represente un peligro. ¿Y qué se requiere para que sean los otros quienes compitan, y para que, si tengo que competir, la competencia sea a la medida? Que el gobierno elimine o limite la competencia en el mercado en el que participo, lo cual da como resultado mercados mono y oligopólicos, que atentan contra la libertad y la propiedad de consumidores y empresarios.

 

Buena muestra de lo anterior, de la mentalidad anti competencia, son las declaraciones que, hace unos días, hizo el presidente de la Asociación Mexicana de Distribuidores de Automotores, la AMDA, al calificar como “competencia desleal” la creciente importación de automóviles usados provenientes de los Estados Unidos, calificación cuyo siguiente paso consiste en pedirle al gobierno que elimine o limite la importación de dichos automóviles, lo cual violaría, uno, la libertad de cualquier mexicano para comprar el coche que le dé la gana, donde le dé la gana y, dos, la libertad de aquellos empresarios que quieran dedicarse al negocio de importar y vender carros usados, siendo que nada de ello es una actividad delictiva por su propia naturaleza, razón por la cual el gobierno no debe prohibirla.

 

El hecho es que, según datos de la AMDA, el año pasado la importación de vehículos usados desde los Estados Unidos superó en 200 mil unidades le venta de automóviles nuevos en el país. ¿Por qué? Porque para muchos mexicanos la mejor opción de compra no es la de un automóvil nuevo en México, sino la de un coche usado en los Estados Unidos.

 

¿Cuál es el criterio que la AMDA usa para calificar de desleal la competencia que genera la libertad para importar autos usados desde los Estados Unidos? ¿El que esa competencia no sea a la medida, y por lo tanto represente un peligro para los distribuidores de autos nuevos en México? Y si la califican de desleal, ¿qué proponen? ¿Qué el gobierno elimine (cerrando la frontera) o limite (imponiendo cuotas) la importación de dichos coches? ¿Cuál es la cultura económica de quienes califican a dicha competencia de desleal?



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El punto sobre la i

El problema, para los dictadores, es que no pueden eliminar la libertad del ser humano. Sólo pueden prohibir su ejercicio, prohibición a la que se opone, precisamente, la libertad.

Othmar K. Amagi
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