MARTES, 6 DE MARZO DE 2007
Parálisis reformista

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“Incluso si la ausencia de gobierno realmente significara anarquía en un sentido negativo y desordenado, que está lejos de ser el caso, incluso entonces, ningún trastorno anárquico podría ser peor que la posición a la que el gobierno ha dirigido a la humanidad.”
Leon Tolstoy

Manuel Suárez Mier







“La situación de parálisis reformista continuó en casi todos los frentes durante la administración de Vicente Fox, aunque las razones fueron distintas. Quizá la mejor forma de ilustrar qué fue lo que pasó sea relatar la siguiente anécdota.”


Inicié ayer el relato contenido en mi ponencia ante la reunión de la Alianza de Álamos XIV sobre las perspectivas que tiene Felipe Calderón para retomar el camino reformista interrumpido hace doce años, con una reseña de las causas que lo bloquearon en el sexenio de Ernesto Zedillo.

 

Esa situación de parálisis reformista continuó en casi todos los frentes durante la administración de Vicente Fox, aunque las razones fueron distintas. Quizá la mejor forma de ilustrar qué fue lo que pasó sea relatar la siguiente anécdota.

 

Después de las elecciones de julio de 2000 que ganó Vicente Fox, y a petición de varios empresarios, invitó a platicar a un experto en políticas públicas con la intención para que le dijera cómo se podría proceder para reiniciar las reformas atoradas.

 

El economista en cuestión, quién además era un persuasivo vendedor de ideas, hizo lo que consideró era una brillante presentación de la agenda reformista que el presidente Fox podría echar a andar a partir de su toma de posesión el 1º de diciembre.

 

Delineó cómo él empezaría en la primera semana de ese mes con una reforma laboral que dotara de mayor flexibilidad al mercado de trabajo y atendiera la necesidad de crear más empleos. La segunda semana se dedicaría a la reforma tributaria que eliminaría distorsiones y exenciones, al tiempo que simplificaba el sistema y extendía la base de causantes.

 

En la tercera semana se llevaría a cabo una reforma energética que incorporara a la Constitución la posibilidad de complementar la inversión pública en electricidad y petróleo con la privada en áreas en las que resultaba deseable su participación para ampliar la oferta de energéticos y abatir su costo.

 

El mes culminaría con una reforma a fondo en la legislación antimonopolios para hacerla operativa para combatir la creciente esclerosis que le inyecta al sistema económico la existencia de monopolios y oligopolios públicos y privados que le imponen elevados costos a la sociedad.

 

En cada caso, el economista aludido señaló cómo se podrían construir las coaliciones apropiadas para conseguir la aprobación de cada una de las reformas, cómo se podría neutralizar la previsible oposición sindical y de otros grupos, y cómo persuadir a la población de sus bondades.

 

Antes de continuar con la visión que el economista tenía sobre el resto de las reformas que había que emprender, Fox lo interrumpió para decirle que lo decepcionaba mucho la presentación que le había hecho pues México era ya un país democrático y el régimen autoritario había quedado atrás.

 

El economista replicó, sorprendido, que entendía que el presidente electo había ganado una elección impecablemente democrática y que no tenía el control del Congreso, por lo que, como en todas las demás democracias, tendría que trabajar para allegarse el suficiente apoyo de la oposición.

 

Fox respondió a esto que su prioridad sería solucionar el conflicto de Chiapas… ¡Era obvio que no habría reforma alguna!

• Reformas estructurales

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