LUNES, 12 DE MARZO DE 2007
Plegaria de un ciudadano asustado

¿Usted considera un triunfo para México el acuerdo al que llegó con Estados Unidos para evitar la imposición de aranceles?
No
No sé



“Incluso si la ausencia de gobierno realmente significara anarquía en un sentido negativo y desordenado, que está lejos de ser el caso, incluso entonces, ningún trastorno anárquico podría ser peor que la posición a la que el gobierno ha dirigido a la humanidad.”
Leon Tolstoy

Juan Pablo Roiz







“Dios mío: Mándanos, si es preciso, años de privaciones y de trabajo arduo, pero líbranos de los malos políticos (es decir, de casi todos). Sería una dicha padecer esfuerzos sabiendo que los trabajos darán fruto. Sé que pido mucho, Señor, pero tal vez podrías regalarnos al menos dos o tres de estas peticiones.”


Dios mío, que se nos acabe el petróleo en el plazo más perentorio, mañana mismo si tienes a bien, para que nos pongamos a trabajar en serio. El petróleo, Tú lo sabes, nos ha hecho más daño que el que podría hacerle a un jovencito malcriado (analfabeto en las cosas de la vida) ganarse la lotería: ¡No vuelve a dar golpe… hasta que se le acaba el dinero!

 

Dios mío, quítales lo populista a los políticos “no-populistas”. Con eso me conformo, que de los populistas de tomo y lomo –como el señor López o el señor Chávez– nosotros podemos cuidarnos, pero ¿qué podemos hacer con los que presumieron en sus campañas electorales de NO ser populistas y hoy nos recetan, un día sí y otro también, viejas recetas populistas como si se tratase de hallazgos deslumbrantes de la más moderna ciencia económica?, quítales, por favor, de la cabeza esa ilusión perversa de “rebasar por la izquierda”, muéstrales –en sueños y en vigilia- que a la izquierda sólo está el abismo… Amárrales las manos para que dejen de recurrir al viejísimo y nocivo expediente de aventarle dinero público y más dinero público a los problemas… y a los viejos lobos –cazadores de presupuestos gubernamentales- que han vivido por décadas de explotar y exacerbar los problemas…

 

Ábreles los ojos allá en Los Pinos. Enséñales que los subsidios no son ejemplo de “economía humanista” sino de desperdicio criminal de los recursos escasos, recuérdales las historias de horror y corrupción que ya vivimos en el pasado, gracias a esa manía de premiar la incompetencia aventándole dinero bueno –de los contribuyentes, ganado con esfuerzo honrado- al barril sin fondo del dinero malo –el que se gana mediante engaños y embustes, el que se obtiene rascándose las llagas hasta sangrar para exhibirlas exigiendo a gritos su limosna, el que los sinvergüenzas obtienen usando a pobres y miserables como carne de mitin, como munición de marcha de protesta, como polvorín del disturbio…

 

Líbranos Señor de los prudentes y contemporizadores que creen, ¡ingenuos!, que cediendo una y otra vez a los chantajes de los extorsionadores éstos habrán de volverse razonables y honestos. Hazles ver que no hay tal.

 

Aleja de nosotros a los devoradores de presupuestos. Quítales, de una vez, el hábito incontrolable de atosigarse de dinero público. Son como perros que se malacostumbraron a tomar leche, ¡aunque les quemen la boca, no se les quita el vicio! Podrán quitarnos las veredas –presumen orondos- pero las querencias ¿cuándo?... Quítales, pues, la querencia por los dineros públicos, haznos el milagro, quítales la maña de ponerles impuestos a las cosas que se mueven, quítales la compulsión de ponerles regulaciones absurdas a las cosas que, con todo e impuestos, se siguen moviendo, pero –sobre todo- quítales la pésima costumbre de subsidiar lo que ha dejado de moverse…

 

Mira, Señor, que ya estamos cansados de repetirnos una y otra vez los problemas que nos aquejan. ¿Por qué, para variar, no empezamos a poner las soluciones que ya todos conocemos?

 

Haznos la misericordia, Señor, de que a los políticos les aqueje una repentina pereza y dejen de discurrir soluciones idiotas a problemas inexistentes… Permítenos progresar mientras los políticos duermen o descansan…

 

Tú sabes que la bala “López” nos pasó muy cerca, no permitas que ahora –librado el gran peligro- nos invada la tibieza del que no tiene convicciones firmes. Te lo pongo, Señor, y disculpa el atrevimiento, en palabras burdas: Quítale a Felipe Calderón y su escuadrón de nuevos poderosos la tentación de parecerse a los que vencieron, persuádelos de que no será imitando al perdedor como se granjearán las simpatías de los perdidosos.

 

Danos una buena reforma fiscal, con pocos impuestos e iguales para todos, construida con la certeza de que el Estado está al servicio de los ciudadanos y no al revés. Pero si eso no es posible, Señor, mejor no nos des nada. Déjanos como hasta ahora, que corremos el gran peligro de que nuestros próceres políticos –embriagados con el aguardiente del “consenso ante todo”- nos regalen un engendro tributario… Que cuando discutan tal reforma, Dios mío, se les apague el apetito recaudador e ilumínalos con la visión de un país competitivo, en el que se premie el trabajo y la productividad.

 

Concédenos la dicha de una reforma energética inteligente. Ya no permitas, Señor, que nos sigan diciendo como loritos que PEMEX nunca se privatizará, que la Comisión Federal de Electricidad es intocable o que Luz y Fuerza del Centro es una losa que tendremos que cargar hasta la consumación de los siglos… a causa de no se sabe qué terribles pecados. Quítales de la boca la cantaleta de la soberanía nacional como pretexto para la parálisis y para que siga el expolio de los más por una pequeñísima minoría de abusadores…

 

Regálanos, lo pido de nuevo, una sana sequía petrolera. Que ya no brote chapopote de los pozos, que los mantos de hidrocarburos probables se vuelvan imposibles… Entonces, Señor, tendremos que arreglárnoslas por nuestros propios medios, entonces tendremos que ser productivos o desaparecer…

 

Que se les pegue la lengua al paladar a quienes calumnian a los honrados y dignos. Que se les fundan los fusibles a quienes usan micrófonos y cámaras de televisión para engañar, difamar, atacar. Que se les paralicen los dedos de las manos a quienes, serviles, complacen a sus patrones enlodando honras y reputaciones ajenas, que ni en sueños podrían alcanzar. Que les prohibían el azúcar y la miel, como si fuesen diabéticos graves, a los aduladores. Que ensordezcan como tapias aquellos que sienten bonito cuando los adulan. Quítale lo bruto a tantos que hablan y escriben de lo que no saben; dales sabiduría infusa a quienes, fracasados en la escuela, no encontraron nada mejor que ser columnistas o comentaristas radiofónicos…

 

Mándanos, si es preciso, años de privaciones y de trabajo arduo, pero líbranos de los malos políticos (es decir, de casi todos). Sería una dicha padecer esfuerzos sabiendo que los trabajos darán fruto.

 

Sé que pido mucho, Señor, pero tal vez podrías regalarnos al menos dos o tres de estas peticiones. Amén.

• Populismo

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