Nostalgia del porvenir
Mar 21, 2007
Fernando Amerlinck

Del bronce al lodo (2): La cicatriz histórica

Leer la historia de México, y especialmente ahora la de Catón (Armando Fuentes Aguirre) sobre Juárez y Maximiliano, es reencontrarse con las constantes que mataron y siguen matando nuestras posibilidades nacionales; ánimos destructivos que, porque viven y perviven, nos matan y contramatan.

Leer la historia de México, y especialmente ahora la de Catón (Armando Fuentes Aguirre) sobre Juárez y  Maximiliano, es reencontrarse con las constantes que mataron y siguen matando nuestras posibilidades nacionales; ánimos destructivos que, porque viven y perviven, nos matan y contramatan.

 

Evoco con esa historia del siglo XIX algo que dijo el gran observador Octavio Paz:

 

En el siglo XVII Nueva España era una sociedad más fuerte, más próspera, más estable y más culta que Nueva Inglaterra pero estaba cerrada al cambio, cerrada al futuro. En el siglo XVIII la democracia religiosa de Nueva Inglaterra se convierte lenta pero poderosamente en la democracia política de los Estados Unidos. En Nueva España la sociedad, incapaz de resolver sus conflictos de una manera armoniosa, estalla en las guerras civiles del siglo XIX… El dilema al que se enfrentaron el movimiento de independencia y los sucesores de los insurgentes era, en cierto modo, insoluble: o negarse al cambio, o la ruptura violenta. Se escogió, como era natural, la ruptura. Pero esa ruptura fue un desgarramiento. Un desgarramiento que es todavía una herida, una herida aún no cicatrizada. Quizá el siglo XXI será el siglo en que esta herida viva en la historia de México, al fin, se cierre.

 

“Quizá”. Buenas intenciones, gran maestro. Pero antes de continuar, así cita Catón la opinión de su abuelo, Ireneo Paz, sobre las rencillas de tal siglo:

 

…la etapa más terrible de nuestra historia… Uno de los más borrascosos períodos que ha tenido la tierra mexicana, tan regada siempre por la sangre de sus hijos, en contiendas tan estériles como desastrosas.

 

Desgraciadamente, lo mismo presenciamos hoy en las cámaras legislativas, los partidos políticos y los editoriales periodísticos (al menos hoy lo único que sangra, pero de dolor, es el lenguaje español). Seguimos oyendo a los políticos de hace siglo y medio; estamos (como entonces) al borde del abismo pero siempre dando un paso hacia delante. Estaba la escuadra gringa frente a Veracruz, pero los egregios diputados ejercían la oratoria para culpabilizarse mutuamente y conspiraban por arrebatarse el poder entre sí.

 

Hoy nos acechan (como entonces) los Estados Unidos, pero también China, India, los tigres asiáticos, los osos centroeuropeos y hasta “hermanos” como Brasil y Chile, decididos a trabajar en serio para ampliar su oferta al mundo. Y los reaccionarios políticos siguen preocupadísimos por mantener sus privilegios y conquistas sindicales, la “soberanía” sobre la miseria y las acusaciones contra los enemigos neoliberales, cualquier cosa que eso de “neoliberal” quiera decir; y algunos practicando el sabotaje legislativo contra toda iniciativa del “espurio”. Nada hay de nuevo bajo el aztecoide sol.

 

La cicatriz histórica de nuestras rencillas viejas sí puede sanar en este siglo XXI, pero dado el editorial de hoy y los pronunciamientos diputadiles del martes antepasado, nada indica que el compartido anhelo de los Paz vaya a cumplirse; a menos que el mexicano aprenda a reconocer la historia de su país no como grandiosa (la demagogia oficial así la califica) sino como un verdadero estercolero, muestrario de las peores y más mediocres pasiones y más subhumanas ambiciones, que sólo a traidores y vendepatrias beneficiaron; a menos que la corrección política ceda su sitio a la verdad verdadera, no a la verdad sospechosa; a la realidad real, no al realismo mágico; al reconocimiento de seres muy humanos como interlocutores y actores de la historia que se está construyendo, no como simples destinatarios al bronce y arrojadores de lodo.

 

La lectura del libro de Catón es uno de los mejores esfuerzos que conozco, para ayudar a cicatrizar esa desgarradura.



Comments powered by Disqus
El punto sobre la i

Una tendencia lamentable en el desarrollo de la ciencia económica en las últimas décadas ha sido el considerar al Estado y no al emprendedor como el actor principal del proceso económico.

Rafael Ramírez de Alba
Entrar
Encuesta de la semana
¿Es el sorteo de la Lotería Nacional en torno a la rifa del avión presidencial la peor de las ocurrencias del presidente López Obrador?
Artículos recientes...
Isaac Katz
• Estado obeso (I)
Arturo Damm
• Oferta y demanda agregadas
Manuel Suárez Mier
• Friedman, 50 años después
Arturo Damm
• Tipo de cambio: $20.99
Ricardo Valenzuela
• Más vientos de guerra
Arturo Damm
• Progreso social