MIÉRCOLES, 16 DE NOVIEMBRE DE 2005
Los límites de la libertad

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“La libertad es una sola. Cualquier ataque a la libertad de los individuos es una violación a todas las libertades. Un ataque que pone en peligro a la libertad misma.”


México ya comienza a vivir el año electoral. La carrera para ganar el control del próximo gobierno ya comenzó oficialmente. 2006 será otro año de definiciones políticas y consecuentemente económicas. De lo que suceda en estos meses, va a depender la vida del país y de más de cien millones de personas durante los siguientes 2,192 días.

 

Afortunadamente ya no hay ni tlatoanis ni cihuacoatls en México. Y probablemente nunca volverán. Aquello acabó junto con el culto sangriento a Huitzilopoztli con el triunfo de los conquistadores españoles en 1521. Durante los 300 años de la colonia se arraigaron nuevas instituciones que reconocían el valor de la persona. Seguimos siendo súbditos pero, al menos, sujetos a leyes explicitas. Las leyes de Indias, la Nueva Recopilación y la Novísima Recopilación. Aun cuando el Virrey Marques de Croix afirmó que los mexicanos habíamos nacido para obedecer y no para discutir las decisiones del real gobierno, esa era una opinión explicita frente a la cual los mexicanos podíamos doblar la cerviz o rebelarnos. Los siguientes 200 años de nuestra historia han sido una lucha constante por la libertad. Liberales contra conservadores.

 

Los liberales insistieron siempre en que había que proteger la libertad individual. Para eso erigieron todo un aparato jurídico y doctrinal cuya finalidad era precisamente garantizar esa libertad. Esas circunstancias en las cuales los individuos pueden ser capaces de disfrutar su existencia personal al máximo.

 

Esta libertad se logra únicamente a través de reglas generales y abstractas, de carácter universal y necesariamente explicitas, las cuales no solo limitan el poder coactivo de cualquier grupo, sino que además, aseguran cualquier acción del individuo que no afecte los derechos de otros. En una sociedad libre la persona puede hacer todo lo que no está explícitamente prohibido. Y cualquier prohibición tendrá siempre que justificarse por las externalidades negativas que se produzcan hacia terceros. Nunca, pero nunca jamás, deberán inmiscuirse con la vida privada, con las preferencias personales, sus deseos y formas de ver o disfrutar la vida.

 

En una sociedad libre, todo individuo debe poder usar sin interferencia de terceros los adornos corporales que le convengan, usar las sustancias que le parezcan adecuadas, tener relaciones sexuales consensúales con cualquier otra persona que así lo acepte, profesar cualquier creencia que le satisfaga, todo esto siempre y que no atropelle los derechos de otros individuos. Aquí encontramos los verdaderos y únicos límites de la libertad.

 

Hoy estamos observando cada vez con mayor frecuencia una ideología monstruosa y perversa que se mueve con rapidez y recorre los ámbitos sociales, políticos y paradójicamente hasta los de las universidades liberales. Es el conservadurismo liberal. Los seguidores de esta corriente, toman del liberalismo la defensa de la propiedad privada, la ética del lucro y de la generación de riqueza, pero, al mismo tiempo, rechazan con odio visceral, lo más preciado de la libertad personal. Estos pseudo liberales no pueden aceptar las diferencias y los estilos de vida que les parecen poco convencionales. Su incongruencia parece hacerles casi añorar la época en que la Inquisición mantenía en el poder a las buenas costumbres.

 

Las valoraciones subjetivas y arbitrarias de individuos o grupos no pueden nunca ser el fundamento de la coacción en una sociedad realmente libre. En lo que no afecta a los demás, nadie tiene nada que decir. Es responsabilidad de cada individuo construir su propia existencia, esta tarea personalísima no le incumbe a la sociedad. Imponer nuestras concepciones éticas en el marco de la acción social constituye una ofensa grave a la esencia misma de la libertad.

 

México y toda nuestra América nuevamente se encuentran en una disyuntiva que marcará nuestro futuro inmediato. Los ataques a la libertad provienen no solo de aquellos que añoran a los gobiernos populistas, paternalistas e intervencionistas. De aquellos que quisieran regresar a ese pasado en el que los gobiernos y sus burocracias determinaban la vida y la muerte, el éxito y el fracaso de los individuos. De esos políticos que queriendo engañar a los electores, prometen bienestar a costa de las libertades. Mas grave es el ataque encubierto de esos pseudo liberales que para proteger sus buenas consciencias están dispuestos a destruir a los individuos que no se conforman con sus estrechas ideas de lo que es una buena vida.

 

La libertad es una sola. Cualquier ataque a la libertad de los individuos, no solo a su libertad de pensamiento y expresión pública, a su libertad de profesar cualquier religión, sino también otras como la de ejercer sus preferencias sexuales, de vestir como deseen, de usar cualquier adorno corporal como son tatuajes y piercings, de usar cualquier sustancia en su propio cuerpo, es una violación a todas las libertades. Un ataque que pone en peligro a la libertad misma.

 

Así, los verdaderos liberales debemos estar atentos a los ataques encubiertos del conservadurismo liberal. Valdría la pena recordar al poeta isabelino John Donne cuando nos dice “ningún hombre es una isla, (…) no preguntes por quien doblan las campanas, están doblando por tu libertad”.


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