MIÉRCOLES, 18 DE ABRIL DE 2007
De la eutanasia

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El punto sobre la i
“Si del derecho a la vida se desprende el derecho a defenderla, del derecho a defenderla, ¿no se desprende el derecho a la portación de armas?”
Félix de Jesús


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“Lo que el Estado y sus leyes deben prohibir, y castigar, son las acciones delictivas por su propia naturaleza, siendo tales aquellas que atentan contra la vida, la libertad y la propiedad de los demás.”


¿Estoy a favor o en contra de la eutanasia? Lo primero que debo hacer, para responder, es distinguir entre la eutanasia pasiva y la activa. La primera consiste en no prolongar la vida por medios artificiales, dejando que la naturaleza tome su curso, que en el caso de todo ser vivo desemboca en la muerte. La segunda consiste en terminar con la vida de quienes padecen una enfermedad terminal, antes de que ésta (la vida) llegue a su término natural. ¿Estoy a favor de la eutanasia pasiva, es decir, a favor de dejar morir a quien, sin la ayuda de medios artificiales, moriría de manera natural? Sí, y creo que la razón de mi respuesta no necesita mayor explicación. ¿Estoy a favor de la eutanasia activa, es decir, a favor de matar a quien padece una enfermedad terminal? No, ya que hay una gran diferencia entre la eutanasia pasiva y la activa, tanta como existe entre dejar morir y matar.

 

Respondida la primera pregunta viene la segunda, que es la que importa discutir: ¿estoy a favor de la despenalización de la eutanasia activa? Sí, por una razón muy sencilla: lo que el Estado y sus leyes deben prohibir, y castigar, son las acciones delictivas por su propia naturaleza, siendo tales aquellas que atentan contra la vida, la libertad y la propiedad de los demás. La eutanasia activa, en el caso en el que el paciente la pide conscientemente, ¿es una acción delictiva por su propia naturaleza? No, de ninguna manera, ya que no atenta contra la vida, la libertad o la propiedad de un tercero, razón por la cual el Estado y sus leyes no deben prohibirla, y leyes que la prohíben son injustas, como abusivo es el Estado que la impide.

 

Llegados a este punto más de un lector se preguntará por qué, si estoy en contra de la eutanasia activa, estoy a favor de su despenalización. ¿No estoy cayendo en contradicción? No, y me explico.

 

Lo primero que hay que hacer es distinguir entre pecado y delito, afirmando que todo delito es pecado, pero no todo pecado es delito. Estoy en contra de la eutanasia activa porque, como católico, reconozco que es un pecado, es decir, una acción que viola la ley de Dios, en este caso el No matarás, el quinto de los diez mandamientos, prohibición que comienza por uno mismo. Pero estoy a favor de su despenalización porque, como liberal, reconozco, uno, que los estados y sus leyes deben prohibir únicamente las acciones delictivas por su propia naturaleza y, dos, que ninguna religión debe usar el poder del Estado y sus leyes para prohibir acciones pecaminosas, pero no delictivas, imponiendo a todos un determinado código de conducta en materias que solamente competen a la persona, su conciencia y su libertad, tal y como es el caso de la eutanasia, pecado pero no delito, lo cual supone que el pecador ya le entregará cuentas a Dios, no teniendo por qué entregárselas a otros seres humanos.

 

Algunos lectores recordarán mis artículos contra la despenalización del aborto, lo cual puede llevarlos a preguntarse ¿por qué me opongo a la despenalización del aborto y acepto la legalización de la eutanasia? Porque hay una diferencia esencial entre el primero y la segunda: el aborto implica matar a otro ser humano, la eutanasia implica matarse a uno mismo. El aborto es un delito (y, ¡obviamente!, un pecado), mientras que la eutanasia es un pecado (pero no un delito), razón por la cual el Estado y sus leyes deben prohibir el primero y permitir la segunda.

 

• Aborto

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