MIÉRCOLES, 18 DE ABRIL DE 2007
Matar y matarse, ¿es una respuesta?, ¿a qué?

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El punto sobre la i
“Si del derecho a la vida se desprende el derecho a defenderla, del derecho a defenderla, ¿no se desprende el derecho a la portación de armas?”
Félix de Jesús


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“Preguntas que no tienen respuesta y miedo. Hay mucho loco suelto y es aterrorizante vivir en donde “cualquier loquito” puede adquirir un arma, pero ¿son las armas todo el problema?, las armas no matan sino quienes las usan para matar. ¿Hay alguna racionalidad, es algún tipo de respuesta, y a qué, matar a 32 y después matarse?, ¿por qué?, ¿para qué?”


Primero, el estupor: ¿Otra vez una matanza sin sentido alguno?, ¿otra vez alguien sale del anonimato y se convierte en personaje noticioso, odiosamente inolvidable, mediante el expediente de disparar a mansalva a todo ser humano que tenga la desgracia de caer bajo su horizonte visual?

 

Segundo, la cíclica discusión entre quienes defienden el derecho – segunda enmienda constitucional en Estados Unidos- a portar armas y quienes culpan de estas tragedias a esa facilidad sorprendente con la que “cualquier loquito” – no sólo en Estados Unidos, pero especialmente en Estados Unidos- puede hacerse de un arma.

 

Pero las armas no se disparan solas, las armas no asesinan; son las personas que las usan quienes matan. Es malo que “cualquier loquito” pueda comprar un arma – legal o ilegalmente- tan fácil como se compra un disco compacto. Pero es peor que nos hayamos acostumbrado a que “cualquiera” pueda ser “cualquier loquito” que “en cualquier momento” pueda volverse asesino múltiple si se conciertan no sabemos qué circunstancias, incluida la circunstancia de la facilidad para hacerse de un arma.

 

Tercero, más estupor. Más de 24 horas después de la matanza nadie sabe qué clase de demonio se apoderó de Cho Seung Hui a sus 23 años, nadie sabe, en fin, quién era. Dice uno de los voceros del Tecnológico de Virginia: “Era un tipo solitario”. ¡Gran hallazgo! Pues sí, debió serlo si al parecer ahora nadie tiene la menor idea de sus aficiones, sus gustos, sus hábitos, sus sueños, sus obsesiones, sus manías…Valiente consuelo, en un país y en un planeta en el que abundan ese tipo de solitarios que a nadie importan y a quienes nadie recuerda.

 

Sí, es la locura. Pero ¿por qué esa locura precisamente? Sí, son las armas de fuego, pero igual pudieron ser explosivos, piedras, cuchillos, machetes, aviones, autos, venenos…, las armas de fuego no son indispensables para quien está decidido a matar y a morir. Eso es aún más aterrador.

 

• Terrorismo

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