LUNES, 21 DE NOVIEMBRE DE 2005
Distrito Federal: ¿Un gobierno de rateros?

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“Se llama peculado. Y Encinas deberá pensarlo dos veces antes de anunciar a los cuatro vientos que usará el dinero que NO le pertenece para lo que a él y a sus cuates se les da la gana.”


Desde hace meses está en marcha una campaña de publicidad, promovida por el Consejo Nacional de la Comunicación (“voz de las empresas”) que invita a los mexicanos a llamar a las cosas y a las personas por su nombre. Dicen, por ejemplo, que a quien roba hay que llamarle ladrón; que a quien se corrompe y corrompe a los demás hay que llamarle corrupto y así.

 

Bien, llamémosle a las cosas por su nombre: El actual jefe de Gobierno del Distrito Federal, Alejandro Encinas, parece encajar perfectamente en la clasificación de ladrón.

 

Una vez que la Suprema Corte de Justicia determinó apegada totalmente al derecho, al sentido común y a la más elemental justicia (que es dar a cada cual lo que le corresponde), que fue totalmente ilegal y anticonstitucional –violatoria de los derechos de propiedad- la expropiación que hizo el antecesor de Encinas, el iluminado Andrés López, de unos predios de propiedad privada para dárselos a una empresa mercantil que produce refrescos (Pascual), el señor Encinas anunció que usará el dinero público del presupuesto del gobierno del Distrito Federal para pagar una indemnización –a precios de mercado– a la propietaria de los predios y dárselos –los predios- a la empresa cooperativa productora de refrescos y jugos. Encinas parece un peculiar amante de lo ajeno (el presupuesto del gobierno del D. F., habrá que recordárselo, NO es de él) que avisa con anticipación que cometerá un despojo (robo), ahora ya no contra la legítima propietaria del predio –lo que hizo López en 2003, para que vayan calculando la clase de alacrán que aspira a ser Presidente-, sino contra todos los contribuyentes mexicanos a quienes nos quitarán dinero –vía impuestos– para dárselo a una empresa mercantil sólo por el hecho de que esa empresa les cae bien a los señores y señoras del PRD, empezando por el iluminado López.

 

No estoy ni difamando ni calumniando a Encinas o a López. Estoy siguiendo la lógica elemental y llamándole a las cosas por su nombre: Tomar lo ajeno sin la libre autorización de su dueño legítimo es robar. Punto. López tomó lo ajeno –los dos predios de propiedad privada– amparado en su cargo y se lo dio a sus amigos de Pascual. Como bien dijo la Suprema Corte no aparece por ningún lado la “causa de utilidad pública” que justifique la expropiación; si no fue una expropiación lícita, fue entonces un robo.

 

Encinas, con sus cínicas declaraciones del viernes pasado, no se queda atrás: Que un funcionario público use el dinero público para fines particulares –beneficiar a una empresa mercantil, como es el caso de Pascual- significa peculado, que es el nombre técnico que se le da al robo de dinero público efectuado por un funcionario, sea que lo robe para sí o que lo desvíe de los fines que debe tener el dinero público que son el servicio público y el buen gobierno (que empieza, por cierto, por garantizar sin trucos ni pretextos los derechos de propiedad de los ciudadanos).

 

Es idiota e infantil que el jefe de gobierno Encinas argumente que la resolución de la Corte afecta gravemente “no sólo a la cooperativa pascual, sino a la sociedad y terceros”. ¿De dónde?, ¿a qué horas? A mí, que vivo en la ciudad, que pago mis contribuciones locales y federales, que cumplo las leyes, me afecta gravemente que dispongan del dinero público dizque para “salvar empleos”. Patrañas. Eso es peculado y Encinas deberá pensarlo dos veces antes de anunciar a los cuatro vientos que usará el dinero que NO le pertenece para lo que a él y a sus cuates se les da la gana.

 

Se llama robo, se llama latrocinio, se llama peculado, se llama dictadura. Vamos a empezar a llamarles a las cosas y a las personas por su nombre. ¿O nos da miedo?


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