LUNES, 21 DE NOVIEMBRE DE 2005
Sindicatos a la mexicana

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El punto sobre la i
“El dinero en efectivo es una garantía de libertad individual, por su eficiencia, versatilidad, irrastreabilidad y anonimato.”
Víctor H. Becerra


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“Con la falta de reformas somos rehenes de grupos de intereses especiales que se hacen dueños de facto de nuestro destino y de nuestros recursos económicos.”


En todo en el mundo los derechos laborales han generado conflictos, luchas o incluso revoluciones, siempre en aras de una mejora en la condiciones de los derechos de los trabajadores o en búsqueda de un mejor bienestar para todos. Pero hoy los sindicatos se muestran como el grupo más conservador, de “izquierda”, en nuestro país. Son los sindicatos los que defienden los privilegios y sus rentas extranormales más que nadie.

 

Debido a la estabilidad económica de la que goza nuestro país los problemas estructurales se hacen más evidentes, aunque muchos políticos niegan que existan o hacen como que no los ven, y por mencionar algunos se nos hacen claros los problemas de la energía y los energéticos, la deuda contingente por las pensiones, los problemas del sistema educativo, la petrolización de los ingresos públicos o la informatización de los empleos; todos éstos tienen como protagonistas a los sindicatos, de una u otra forma.

 

Desde hace muchos años se habla de la desintegración del sindicalismo mexicano, como agente generador de candidaturas o de maquinarias de voto, incluso se habló de la debilidad de las centrales obreras, particularmente su liga con el PRI, pero hoy están más fuertes que nunca e intervienen en todos los ámbitos de la vida económica y política del país.

 

Hemos visto cómo los sindicatos toman de rehenes a toda la sociedad, aprovechando su condición de prestadores de servicios y amenazan con conducirnos de cuando en cuando hacía un desastre, no tan pequeño. Un Buendía puede decidir parar los servicios del salud, otro parar la telefonía fija, otro el servicio de energía eléctrica o un para en servicios de transporte de las ciudades, de tal forma que los beneficiarios de la renta y del poder monopólico son ellos. Así lo que algunos economistas consideran monopolios naturales son explotados por un grupo de “trabajadores” y sus “lideres” haciendo presión al gobierno o a las empresas para que les concedan, mantengan o amplíen sus privilegios aún rompiendo acuerdos y peor aún leyes para que estos pingües beneficios no se repartan entre la sociedad, sino entre el escaso grupo al que ellos pertenecen.

 

Los dineros son suficientes como para hacer la diferencia en una campaña por la presidencia, llevar diputados y senadores al Congreso, es decir aquello que antes lo hacían por medio del voto hoy lo ejercen por medio del dinero, por la vía de cualquier partido político. También este capital es suficiente para mantener niveles de vida extravagantes. Pero el problema es que este dinero le hace falta al país para que el gobierno desarrolle sus funciones, o a la sociedad para que pueda ser más competitiva al enfrentar precios de insumos clave a precios igualmente competitivos, pero no es así, pagamos altas tarifas de energía y telecomunicaciones para pagarle a un grupo privilegiado, los dueños de la empresa y los sindicatos de la misma. Pero lo más drástico es que el país debe elevar su recaudación sólo para pagarles sus pensiones futuras, que de ser pasivos contingentes se vuelven deuda pública y en otros casos se trata de impuestos no cobrados.

 

Pero lo más dramático es que no se puede hacer ninguna reforma que ataque los problemas de estos sectores y los acerque un poco al mercado pues inmediatamente salen a las calles, amenazan, vociferan y toman el Congreso, sólo para demostrar que no será posible hacer una reforma energética, por ejemplo. La lección es que con la falta de reformas somos rehenes de grupos de intereses especiales que se hacen dueños de facto de nuestro destino y de nuestros recursos económicos.


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