LUNES, 21 DE MAYO DE 2007
Elecciones y religión

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“El crecimiento del movimiento evangélico-conservador dentro del partido Republicano, representa una enorme fuerza que cuando está motivada en el apoyo a candidatos afines a su pensamiento, es difícil de vencer, como lo acreditan los resultados electorales recientes.”


Inicié ayer el relato de cómo conocí al reverendo Jerry Falwell, recién fallecido líder del poderoso movimiento evangélico, y a otros dirigentes y pensadores del conservadurismo norteamericano, y las lecciones que extraje de la influencia extraordinaria que la religión puede tener en la política.

 

Mencioné también cómo la fundación de numerosas iglesias evangélicas en el territorio de Estados Unidos siguiendo el modelo de la establecida por Falwell, ha cambiado radicalmente el mapa político de ese país fortaleciendo el apoyo al partido Republicano en forma notable.

 

Con el fin de ampliar su labor evangélico-política, Falwell creó Liberty University para educar a una élite que mezclara religión y política con sus estudios superiores, y ocupara posiciones de liderazgo en actividades claves para la sociedad como administración de negocios, derecho y medicina.

 

El crecimiento del movimiento evangélico-conservador dentro del partido Republicano, representa una enorme fuerza que cuando está motivada en el apoyo a candidatos afines a su pensamiento, es difícil de vencer, como lo acreditan los resultados electorales recientes.

 

Es por ello que el nutrido grupo de aspirantes a la nominación Republicana para las próximas elecciones presidenciales, se dedica con entusiasmo a cortejar a los evangélicos, aunque ello implique cambiar radicalmente posiciones políticas que tomaron en el pasado.

 

De esta forma, John McCain, uno de los principales contendientes por esa nominación, quien seis años atrás había calificado a Falwell como un “agente político de la intolerancia,” dio un vuelco de 180 grados y aceptó ser el orador principal en la ceremonia de graduación de su universidad el año pasado.

 

Falwell presumía que su influencia llegaba directamente a los 80 millones de evangélicos de su país, y que sin su apoyo ningún candidato presidencial podía aspirar al triunfo. Tal afirmación es exagerada, pero tiene un sustrato de verdad que los políticos tienen muy presente.

 

El extremismo del reverendo Falwell, que le ganó innumerables enemistades entre los liberales y moderados de su país, llegaba a excesos odiosos, como cuando culpó, en refiriéndose a los actos terroristas del 11/IX, “a los aborcionistas, a los homosexuales, a las feministas, a la Unión Americana pro Libertades Civiles (ACLU), de haber ayudado a que esto pasara.”

 

Notablemente, Falwell reubicó a los evangélicos en el mapa religioso, forjando alianzas con católicos, mormones y judíos para hacer frente común contra las causas que motivaban su rechazo, y forjó una estrecha alianza con Israel, en cuyo apoyo reclutó a las huestes de su Mayoría Moral.

 

Lo más cercano que yo he visto en nuestro país a la organización de Falwell para utilizar la religión en política, es la organización de los Legionarios de Cristo, cuya influencia ha crecido notablemente, sobre todo entre la élite, aunque mucho menos que los evangélicos a nivel popular.

 

Le anuncio a mis queridos lectores la suspensión de mi columna por dos semanas pues viajaré a sitios en los que no es fácil conectarse a internet.

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