MIÉRCOLES, 13 DE JUNIO DE 2007
La desigualdad, ¿lo importante?

A un año del comienzo del gobierno de López Obrador, usted cree que hemos mejorado en...
Economía
Seguridad
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“A la mayoría de los pobretólogos lo que les preocupa es la desigualdad y no la pobreza, lo cual es un error porque unas son las medidas para acabar con la desigualdad y otras, ¡muy distintas!, las que hay que practicar para acabar con la pobreza.”


La ONU ha publicado el más reciente Informe sobre Desarrollo Humano, correspondiente al año 2006, y la nota relacionada con México, al menos tal y como la han manejado algunos diarios, es que, entre 126 naciones, la nuestra ocupa, en materia de desigualdad de ingresos, el lugar 103, muy cerca de los últimos lugares, y muy lejos de los primeros. La situación se ha resumido así: en el 2006 el 10 por ciento de los hogares más ricos concentró el 39.4 por ciento del ingreso, al tiempo que el 10 por ciento más pobre  concentró solamente el 1.6 por ciento, lo cual muestra la enorme desigualdad en la distribución del ingreso que afecta al país, hecho por el cual muchos han puesto, ¡una vez más!, el grito en el cielo, clamando por justicia.

 

“Clamando por justicia”, frasecita con la que hay que tener mucho cuidado, sobre todo si por justicia se entiende, como por lo general se hace en estos casos, justicia social, siendo social el peor de los adjetivos con el cual calificar al sustantivo justicia.

 

Lo primero que hay que tener en cuenta es que ni el 10 por ciento más rico, ni el 10 por ciento más pobre, concentran en primera instancia ingresos, y ello por una razón muy sencilla: lo primero que hay que hacer con el ingreso es generarlo. La expresión “concentración del ingreso” da la idea que el ingreso está allí, a disposición de unos y otros, y que por alguna extraña razón pocos concentran mucho al tiempo que muchos concentran poco, siendo el resultado muchos pobres y pocos ricos, efecto todo ello de la desigual distribución del ingreso, todo lo cual no pasa de ser ficción: ni el ingreso está allí a disposición de unos y otros, ni el mismo se distribuye de manera desigual entre los primeros y los segundos. Insisto: pobres y ricos, en primera instancia, no concentran ingresos; en primera instancia lo generan, generación del ingreso que, ¡obviamente!, es desigual, pero no necesariamente injusta.

 

¿Cómo debe redactarse un párrafo como el antes señalado? De la siguiente manera: “En el 2006 el 10 por ciento de los hogares más ricos generó el 39.4 por ciento del ingreso, al tiempo que el 10 por ciento más pobre generó solamente el 1.6 por ciento, lo cual muestra la enorme desigualdad en la generación del ingreso, hecho por el cual muchos han puesto el grito en el cielo, clamando por trabajos más productivos para los pobres”.

 

Entre la justicia social (que no es otra cosa más que redistribución: quitarle a unos para darle a otros) y trabajos productivos (que no es otra cosa más que producir más y mejor), ¿cuál es el camino correcto? Antes de responder debemos preguntarnos, camino ¿hacia dónde? ¿Hacía la igualdad entre todos o hacía el bienestar de los pobres?

 

Recuerdo lo que decía un profesor de cuyo nombre no puedo acordarme: “Dado que no soy envidioso la desigualad me tiene sin cuidado. Por el contrario, me preocupa, ¡y mucho!, la pobreza”. Sin embargo, a la mayoría de los pobretólogos lo que les preocupa es la desigualdad y no la pobreza, lo cual es un error porque unas son las medidas para acabar con la desigualdad y otras, ¡muy distintas!, las que hay que practicar para acabar con la pobreza.

 

¿Cómo terminar con la desigualdad? Muy sencillo: dividiendo el ingreso generado por todos entre cada uno. Es cuestión de una división y, ¡pequeño detalle!, de un gobierno capaz de hacerlo, hechura que lo convertiría, ¡en nombre de la igualdad!, en el peor de los tiranos.

 

Continuará.

• Pobreza y desigualdad

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